CRÓNICAS DE LA CUARENTENA: San Valentín, Úrsula y las miserias que nos tapan


Las medias son para los pies, las naranjas para comer, las personas son únicas, enteras y responsables de sus logros y miserias. Nadie le pertenece a nadie, no hay amos de corazones ni posesión de voluntades. No se mata ni se muere por amor. Cupido debería guardarse las flechas por donde se hacen los hisopados chinos y aclarar que un amor perdura solo si las dos partes así lo quieren.


Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

San Valentín nos habla del amor y se repiten los conceptos que empujan la primera piedra de la desgracia, el de la media naranja, el de pertenecerse, el de ser dos en uno, un canto a la posesión que transforma el amor en miedo.

Antes del término femicidio la Justicia le decía a esta clase de asesinatos “crímenes pasionales”, como si los hombres no pudieran controlar los impulsos bestiales del amor, de la pasión, y como en un tango, la mataron porque “mía o de nadie” y así se fueron enfermando las pequeñas cabecitas durante generaciones de mala educación.
Las mujeres no son mitad de nadie, en realidad nadie es fragmento de ninguna cosa. Todos somos partes enteras que viven, piensan, sienten, garchan, aman y terriblemente odian. Las pasiones son una trampa que esconde un monstruo frío y calculador. Entonces a la mierda San Valentín, Cupido y su flechazo homicida, el amor no debe ni puede ser dolor, no amerita el fin de nada, no es la terminación de ninguna cosa. El amor no puede matar por más que Sabina cante que morirme contigo si me matas o matarme contigo si te mueres. Ni una mierda de pasiones descontroladas, las mujeres no son tampoco ninguna costilla del hombre ni ningún otro mito fantástico. Sea de donde sea que venga el ser humano, vinimos juntos, mujeres y hombres, caímos en bolas en un absurdo lugar llamado mundo, como decía Camus.

Ellas viven
Somos partes enteras, no medias naranjas, las medias son para los pies y las naranjas frutas (que dicho sea de paso están carísimas).
Las personas no pertenecen a otras, el amor es un conjunto de sensaciones temporales y que deben ser recíprocas. Flaco, si no te quiere más, no te quiere más, ahogá las penas con amigos y esperá conocer a otra mina, porque eso es lo maravilloso de esta –como ya dijimos– paradójica existencia, que el mundo está recontrapoblado y que las oportunidades no se terminan nunca; solo hay que saber buscarlas.
Y dejemos de usar términos tan estúpidos como feminazis para las mujeres que ya están recontrapodridas de la sociedad patriarcal, y que si te pelan una teta, es para que la dejes de joder, porque marchan y marchan y las siguen matando como posesiones que ya no sirven. Justicia dura y certera para el hijo de puta de Martínez y también para toda la manga de forros que sabían lo que pasaba y acallaron los pedidos de auxilio de Úrsula.

Nuestras miserias
Y si las chicas marchan pidiendo justicia, que parece que nadie la quiere dar, no hacen faltas banderías políticas ni oportunismos de cuarta. Jodan si quieren haciendo campaña en el Parque Aguiar que los propios ambientalistas de verdad los echan a la mierda, pero carajo, no lucren con la muerte porque se nota y está muy mal, da asco.
El ser humano debe cambiar en algún momento, no puede ser que esta pandemia y su cuarentena del orto no hayan servido para nada, que nos hayan deshumanizado, que sigamos considerando al otro como el enemigo o una cosa manipulable.
El virus no hizo distinciones, pero parece que la vacuna sí, y como quedó reflejado en el impresionante informe publicado por el diario EL NORTE el pasado domingo 6 de febrero, parece que el poder también hace diferencias a la hora de vacunar, y no solo aquellos que tenían la prioridad como personal de salud, dirigentes y personas de riesgo se vacunaron, sino los que siguen teniendo privilegios de poder. Sangramos por todos lados, no mejoramos una mierda y en año de elecciones se nos nota cada vez más la mierda.El amor no mata, las personas sí.

Posdata: Saludos a Alberto, un fiel lector bostero.