Como decía el viejo Nietzsche: “No hay hechos, solo interpretaciones”


“La verdad es solo de los que la tienen más grande”, decía también Foucault, porque como a coro repetían estos nerds, existen muchas verdades ya que todos interpretan los hechos a su conveniencia. En el Parque Aguiar suenan distintas campanas, múltiples miradas teñidas de intereses partidarios de uno y otro lado, con tanta letra chica que hasta los cisnes de la laguna se cansaron y se fueron.


Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

Y un día las máquinas terminaron de trabajar y del Municipio anunciaron que el camino ya estaba reparado, que se podía circular, pero nada acalla los ecos de lo que pasó en el Parque Aguiar. De un lado gritan represión y retrotraen muy sueltos de cuerpo a la memoria de la dictadura; de otro lado apelan a la ley, con un ministro Berni felicitando a las fuerzas intervinientes que actuaron acorde a una orden judicial, pero del otro lado vuelven a decir que lo que no se respetó fue justamente un dictamen y todos sacan papeles y se destrozan por las redes sociales. Hay una libre interpretación de lo que dice la ley como si fuera la Biblia que se multiplica en infinitas religiones y todos la leen a su conveniencia. Los ambientalistas denuncian que se está contaminando; del Municipio alegan que las obras son necesarias y que fueron supervisadas por expertos. Todos se niegan y se acusan. Sabemos, o creemos saber porque la verdad se evapora con el tiempo, que hubo un auto cruzado dando entrada a la política (todavía sostienen que el auto se rompió... ¡Basta, loco, un poquito de vergüenza!) y la verdad de las cosas se pierde en tantas interpretaciones y falacias como personas hubo en ese lugar.

Rompela, pelado
“La verdad absoluta no existe, sino que existen interpretaciones múltiples de los hechos”. Foucault, el “Pelado” para los amigos, se apoya en la tesis de Nietzsche: «No hay hechos, hay interpretaciones», para decir que el poder crea la verdad, por lo que ante un hecho, cada individuo crea su interpretación del mismo, esto es, su propia verdad. Sin embargo, es el poder el que dispone de los medios para imponer su interpretación a los demás.Ahora, ¿cuál es el poder que actúa la verdad para ser el dueño de su interpretación? Porque en la época de Foucault eran pocos los que podían transmitir las noticias, entonces había pocas voces para ser escuchadas y que generaran en los receptores una idea que de tantas repeticiones sería un concepto, que de tanto martillar pasaría a fundirse con la memoria, hasta que ya no existan ideas propias. Hoy hay muchos medios y muchas interpretaciones y muchos intereses, la lupa del lector o consumidor de noticias no siempre tiene que estar apuntando a la noticia en sí, sino a quien se la dijo. Ya no vemos verdades, sino que seguimos a quien interpreta la verdad como nos gusta que la interprete.‘Mentime que me gusta’ sería, pero en grado de noticias. ‘Contame vos la verdad que me caés más simpático y me gusta cómo pensás y no que me la cuente ese otro al que no quiero, porque su interpretación va a chocar con la interpretación de los hechos que me gusta que me digan’.
Por eso Foucault dice que la interpretación no se puede acabar jamás, esto quiere decir simplemente que no hay nada que interpretar, porque en el fondo toda percepción es interpretación subjetiva. Desde aquí se puede entender la concepción de la historia del “Pelado”, en cuanto a que no es un devenir histórico lineal de hechos racionales encadenados en términos de dialéctica y necesidad, sino que la historia es una discontinuidad construida a través de verdades múltiples, de multiplicidad de verdades donde existen luchas, odios y enfrentamientos entre los hombres, debido todo ello al deseo de querer imponer una verdad sobre otras verdades, lo que produce las colisiones mencionadas. El campo de batalla es el dominio de la verdad, donde la historia no se explica a través de los grandes eventos lineales (guerras, reyes, revoluciones…), sino como una multiplicidad de hechos difíciles de entender.

¿Quiénes somos?
En el Parque Aguiar cruzaron un auto diciendo que se había roto y la verdad empieza a deconstruirse en varias interpretaciones y muchas mentiras. De ahí vino el desalojo, las escenas de violencia y un sinfín de denuncias de uno y otro lado. La historia en este caso difícilmente sea escrita. Entonces será más fácil, como manda la posmodernidad, olvidarlo y pasar al escándalo de la próxima semana. O simplemente oír a quien más nos agrade y repetir lo que ese interpretador quiere que yo interprete.Alguna vez nos preguntamos si todo lo que pensamos, lo que añoramos, lo que creemos que amamos y odiamos es nuestro o solo somos un complejo aparato biológico repetidor. ¿Habrá ser dentro de nuestro ser?