El lobby como instrumento de construcción de sentido común


En muchos argentinos, el posicionamiento político acrítico lleva al consumo de información en algunos casos «elaborada» a partir de formidables intereses económicos. La privatización de la agenda de salud pública a nivel global es ya un hecho, en un área de negocios suculenta bajo la lógica del capitalismo voraz y la especulación financiera.


Guillermo Insúa
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

El 2020 dejó claro que la relación entre la pandemia que nos asola y el sistema de producción capitalista es cada vez más estrecha. La acumulación por desposesión se ha hecho más presente que nunca durante el año pasado. La privatización de los bienes comunes y la especulación con la salud (respiradores, test, vacunas, etc.) han sido una constante durante la crisis sanitaria que todavía no termina.
Frente al reclamo por derechos universales, el que terminó fue el año de la privatización de la lucha contra la pandemia. Miles de millones de dólares de recursos público invertidos en una industria, la farmacéutica, que gasta cada año más de 100 millones de dólares en actividades de lobby.
En muchos argentinos, el posicionamiento político acrítico lleva al consumo de información en algunos casos «elaboradas» a partir de formidables intereses económicos. De ahí que en Argentina (como en muchos otros países) se construyó el sentido común de que la vacuna desarrollada por el laboratorio norteamericano Pfizer es la más segura y eficiente. Y probablemente nos convierta mejores personas.
Por el contrario, la Sputnik V que se está aplicando aquí no está probada (con lo cual es insegura) y genera reacciones adversas. Por haber sido desarrollada por el laboratorio ruso Gamaleya se la asocia con el comunismo y el retraso tecnológico.
Hay un dato interesante para entender el poder de lobby en esta disputa geopolítica: Pfizer, la trasnacional más de moda por su vacuna, genera ingresos anuales por 52.000 millones de dólares y pertenece a la gestora de fondos buitre Black Rock. Sin embargo, al comienzo de la pandemia fue subvencionada con más de 2000 millones de dólares de dinero público, algo menos de los 2500 millones de subvención que recibió Moderna (también norteamericana).
No obstante, a pesar de haber desarrollado vacunas con una buena parte de financiamiento público, no podemos conocer las cláusulas de los contratos que las farmacéuticas están firmando con los Estados para la distribución de la vacuna.
Preguntas sin responder mientras se refuerza un sistema de patentes que solo agudiza la desigualdad geopolítica y económica mundial, al tiempo que se prioriza la rentabilidad frente a la salud pública. La privatización de la agenda de salud pública a nivel global es ya un hecho, en un área de negocios muy suculenta bajo la lógica del capitalismo voraz y la especulación financiera.

Contra la china
Esta semana el jefe de Gabinete del Ministerio de Salud de la Nación, el nicoleño Lisandro Bonelli, fue entrevistado por periodistas del programa «Pila y Media» (Radio U) a propósito del acuerdo alcanzado por nuestro país con el Gobierno chino para la adquisición de un millón de dosis de la vacuna Sinopharm. Apenas conocida esta información, los improvisados epidemiólogos que conducen y/o panelizan programas en buena parte de los medios de comunicación no tardaron en calificarla como “la más insegura de todas”.
Y poco se dice de las ventajas comparativas en relación con disponibilidad, costos y logística. Por ejemplo, la vacuna de Pfizer requiere conservarse a una temperatura -70º y la de Moderna a -20º. La primera tiene un costo de 15,5 dólares y la segunda entre 21 y 31 dólares.
La de Gamaleya como la de Sinopharm solo requieren enfriamiento en un freezer tipo casero. Y cuestan menos de 10 dólares. Pero entre las mencionadas hay un factor común: todas garantizan seguridad y eficiencia por encima del 90 por ciento.
“Claramente hay grandes intereses económicos detrás de los que operan a favor de Pfizer y, por ende, en contra de las demás vacunas. Estamos hablando de un laboratorio norteamericano con un poder de lobby brutal. Yo no tengo duda de que detrás de la campaña de ataques contra el Gobierno, y particularmente contra Ginés, a la que asistimos los últimos 15 días están los intereses de este laboratorio”, apuntó Bonelli.