Despidiendo el año que nadie va a extrañar, pero que todos recordarán 


Amontonamiento en las calles por las compras navideñas, negocios atestados de gente, fiestas clandestinas y no tanto, torneos de fútbol por todos lados y el covid sentado a sus anchas en la mesa navideña. El avión llega con vacunas a las que hay que mirar de reojo y todo anticipa una segunda tanda de infectados en una ola que no precisamente está de fiesta.


Pensar que hace unos meses el mundo cayó estrepitosamente sobre nuestras cabezas, cerraron escuelas, negocios, gimnasios, boliches (¿¿¿Por qué Dios????), hoteles y todo aquello que mueve a la economía. Pero en ese principio el miedo a una pandemia desconocida era tan grande que todos, o casi todos, aplaudieron al presidente que nos recordaba que al coronavirus le ganamos juntos quedándonos en casa y todo eso de que el virus no nos busca sino que nosotros lo buscamos, o algo así. También emocionaron las imágenes de Larreta y Alberto haciendo cadenas nacionales y demostrándole a la humanidad que los argentinos podemos estar unidos y ser una bandera de la lucha contra las pandemias. Y pensar que en ese momento en el país al menos habría tres casos.
Hoy, con el covid recorriendo abiertamente las calles y con una silla en las mesas navideñas, pareciera que no pasa nada de nada. Todos los negocios abiertos -menos los boliches que no sabemos cómo van a sobrevivir así- y reuniones por donde se les ocurra. Nación y ciudad peleando a capa y espada, el debate de la interrupción legal del embarazo golpeando el Congreso y las redes sociales en un campo de batalla de discriminación, agresiones intolerancia y odio, mucho odio.Y bueno somos argentinos ¿que esperaban?

Vacunate
Hoy el barbijo se lleva más que nada para que la policía no nos llame la atención, aunque tampoco dice nada, porque seguramente ya están hartos de esta pandemia que los tuvo en una parte retando a los chicos que querían ir a la plaza y hoy con la crisis y el descalabro social aumentó la violencia y el crimen, no dando abasto con la inseguridad.En ese tamiz de descontrol las vacunas tienen un rol especial. Argentinos cantando el himno cuando el avión partió a buscar el milagro ruso y otra gran porción denunciando que ni en pedo se vacunan temiendo contraer el gen comunista. El propio mandatario Putin por ahí mencionó que la vacuna es perjudicial para mayores de 65 años. Es que si fuera así ¿Para qué carajo la queremos? Estadísticamente la letalidad es para las personas mayores de 60 años y quienes tienen problemas de salud, por lo que vacunar a los sanos en una primera instancia no tiene mucho sentido. Pero bueno, tampoco hay que oponerse a todo che. Porque convengamos que renegar de una vacuna tan solo porque viene de Rusia es olvidar que ese país es potencia mundial y no atan las cosas con alambre como por acá.

Fiestas que fantástica esta fiesta
Ya la semana pasada hubo una mega fiesta camino a la Emilia que reunió a miles personas que sin ningún tipo de medida sanitaria celebraron entre alcohol y música bajo el canto de “Se acabó la cuarentena ole ole ola”. Y estaban tan cebados que ya habían arrancado con la venta de anticipadas para la súper fiesta de Navidad, mientras que los dueños de boliches de nuestra ciudad observaban azorados “¿Qué onda, abrimos o no? ¿Se puede?” porque convengamos que los bolicheros de San Nicolás pagan impuestos, personal, seguridad y todo lo que se les ocurra para subsistir y en este largo año son uno de los rubros más afectados, entonces esta movida que reventaba las redes sociales eran como tres dedos cruzados.La fiscalía intervino y antes de que pase nada advirtió sobre esta celebración, donde los organizadores impunemente y por redes sociales anunciaron que se devolvería la plata. Una locura por donde se mire.¿Hubo fiestas clandestinas navideñas? Si, por todos lados, tal vez con menor afluencia de gente, en ámbitos privados y sin cobrar entradas, pero que las hubo, las hubo.Pero después de los fastuosos funerales del Diego, el amontonamiento para las compras navideñas era muy difícil frenar todo. Provincia la verdad no sabe qué hacer y por ahí permite celebraciones de hasta 200 personas al aire libre y con burbujas sanitarias (como si alguien tuviera muy en claro que es eso) para de golpe dar marcha atrás y tratar de imponer medidas más restrictivas, sabedores que los casos crecen y si la vacuna no se apura estamos camino a una segunda ola. Y estas olas no están de fiesta.