Diego nos robó el corazón


Maradona es mucho más que un gran jugador de fútbol. Maradona es Argentina. Aquel día del partido contra los ingleses, Diego nos robó el corazón. Es por eso que no se puede analizar con la cabeza lo que significa Maradona para la inmensa mayoría de los argentinos.


Por Pablo González
Redacción de EL NORTE

Es difícil no caer en el lugar común, en la palabra fácil, cuando se habla de Diego Armando Maradona. Tantas cosas se han dicho a lo largo de su vida. Tantas cosas se están diciendo ahora, luego de su muerte.Escribir sobre Maradona es fácil y difícil al mismo tiempo. Fácil porque las palabras fluyen cuando hay que describir lo que significó para toda una generación de argentinos. Difícil porque es imposible ponerse en su lugar para entender por qué hizo lo que hizo dentro y fuera de las canchas de fútbol.Maradona no es solo un jugador de fútbol, quizás el más grande de la historia mundial. Maradona es Argentina. Muchos discutirán este concepto, porque no se sienten identificados con lo que hizo y dijo Diego a lo largo de su vida. Pero aun así, Diego los representa, porque esa controversia es parte esencial de nuestro país.

Incomparable
Han tratado de comparar a Maradona con otros grandes del mundo del fútbol. El último intento fue teniendo como “rival” a Lionel Messi. Pero es absurdo hacer eso. Messi es lo que la Argentina sueña ser. Siempre decimos que aspiramos a ser un país del primer mundo, con buena educación, buenos modales, y comportamientos correctos para cada momento. Eso es Messi: el primer mundo al que siempre queremos llegar. En cambio Diego no es el primer mundo. Diego es el barro del subdesarrollo, con todas sus miserias y debilidades a cuestas. Con toda su soberbia y prepotencia, queriendo dar vuelta un pasado de frustraciones. Por eso Maradona es Argentina. Porque está muy lejos de ser perfecto, o de ser un modelo para otros. Es mentira que los ídolos deben ser un ejemplo a seguir. Los ídolos son ídolos, sin más explicaciones. A Maradona le preguntan, y él responde. E hizo con su vida lo que pudo, como el resto de los mortales. ¿Por qué exigirle entonces que sea al mismo tiempo Maradona, Einstein y la Madre Teresa de Calcuta? Demasiado ya hizo con ser Maradona.

Un sentimiento
La idolatría no se analiza. Simplemente se siente. Y aunque a algunos no les guste, Maradona es el ídolo de la inmensa mayoría de los argentinos. Es una idolatría que excede incluso a nuestro país, y así lo demuestra la enorme repercusión que su fallecimiento tuvo en todo el planeta. Decir que Maradona es Dios no es una exageración. No es Dios, obvio; pero muchos lo sienten como tal, y eso es lo que cuenta. La verdad es que casi no importa si Diego murió o aún está vivo. El Maradona que vimos en los últimos años ya no era el Maradona que anhelábamos ver. Diego ya era un mito aún antes de su muerte, y ahora ese mito solo se agiganta. Podrán aparecer en el futuro otros grandes jugadores de fútbol. Quizás hasta surja alguien que iguale o supere a Maradona, acá en nuestro país o en otro rincón del mundo. Pero ninguno téndrá el significado que tuvo este hombre para la Argentina. Solo podemos entender esto quienes somos de su generación. Acabábamos de ser derrotados en la Guerra de Malvinas, y un simple partido de fútbol nos dio la revancha. Una pequeña revancha, porque no son cosas iguales. Pero revancha al fin. Aquella “Mano de Dios” que le robó el partido a los ingleses nos dio el sentimiento de la “justicia por mano propia”. Los ingleses nos robaron las Malvinas, y nosotros le robamos aquel partido.
Luego, para “blanquear” aquel ilícito vino el gol más maravilloso de todos los tiempos. Ganar aquel Mundial de México 86 fue solo la yapa: Maradona ya había hecho justicia diez días antes por obra y gracia de su pie, y de su mano. Aquel día, Diego nos robó el corazón.

La leyenda
La leyenda, lejos de desaparecer cuando Diego dejó las canchas, se fue agigantando cada vez más. Cuando uno recorre cualquier país del mundo y dice que es argentino, inmediatamente le siguen diciendo “Argentina, Maradona”. No hablan de Messi, sino de Maradona. No pregunten por qué. Simplemente ocurre. Si quieren criticarme por estas palabras, háganlo. Pero no intenten apelar al raciocinio, porque a Maradona no se lo analiza con la cabeza, sino desde el corazón. Y eso que soy hincha de River…