“¿Quién ampara a los desamparados?”


“¿Es factible vivir y criar animales en un área protegida municipal? Sí. Con reglamentación, con un manejo adecuado. Innumerables ejemplos existen en nuestro país. La concepción del medioambiente ha cambiado con el tiempo. El lugareño, representante de la cultura del área natural, está contemplado en el plan de manejo aprobado y nunca aplicado del Parque Aguiar”.


Por Alejandro Martínez Ponte.
Guardaparque. Periodista especializado en temas ambientales.

Amanece. Una canoa típica islera arranca desafiando la marejada aguas arriba por el Paraná, los viejos remos prolijos a un costado, la pintura del casco dan señales de muchas batallas. El timonel bien abrigado, mira atento y seguro las aguas agitadas, su cuerpo entero acompaña los movimientos de la embarcación. El conjunto es impecable, hombre, canoa, río; parte del paisaje. Sobre un terraplén que sobresale la altura del albardón. Un rancho antiguo, característico de las islas resiste el viento y la soledad, en silencio. Algunos árboles enormes guerreros de cientos de crecientes son una referencia en este territorio en el cual no hay dirección, ni cartel, ni luz, salvo la maravillosa del sol cotidiano y la mágica de la luna en noches embriagadoras inmensas.
El islero y su familia son la tercera generación en el lugar; su lugar. Cuidan animales propios y a pastaje, es su trabajo, su oficio. La pesca ha disminuido, la nutria hace rato dejó de ser negocio. No son grandes hacendados, ni sojeros, no son usurpadores. Trabajan, sueñan, sufren, aman como cualquiera de nosotros.

“Sin derecho a defensa”
Han intentado regularizar su parcela, su lugarcito en la isla. El Estado nunca les facilitó nada. Con el correr de los años quedaron dentro de un área protegida. Entienden, como la mayoría de la gente, que hay que cuidar el lugar, defenderlo, conocerlo, quererlo. No les es difícil. Es su casa. Son solitarios, de pocas palabras, amigables, hospitalarios por naturaleza. Desde hace tiempo están angustiados, asustados. Los acusan de dañinos, ecocidas, explotadores. No entienden. No conocen al acusador. Al parecer cometieron un delito. Cuidar y tener vacas en un área protegida de la cual son parte pero no los protege. Son un número, un alguien que junto con otros números, también desconocidos, suman números de vacas y caballos. Son criminales para el medio ambiente. Sin defensa alguna, sin derecho a esa defensa. Cae sobre ellos como un rayo, un amparo judicial. Tienen que desprenderse de sus animales en veinte días. Ignoran que hace años, enredados en un conflicto del cual no han sido parte, y para cuidar a la naturaleza, de la cual son parte, y es su casa, una sentencia los arruina. El Estado, que debe garantizar sus derechos, en nombre de un amparo, los desampara. Les vuelve a fallar, como siempre.
¿Es factible vivir y criar animales en un área protegida municipal? Sí. Con reglamentación, con un manejo adecuado. Innumerables ejemplos existen en nuestro país. La concepción del medioambiente ha cambiado con el tiempo. El paisaje sin el hombre es una concepción de la época de la dictadura militar. El lugareño, representante de la cultura del área natural, está contemplado en el plan de manejo aprobado y nunca aplicado del Parque Aguiar. ¿Se hace justicia? ¿Hay sobrepastoreo? Sí. ¿Hay problemas de dominio? Sí. ¿Se puede solucionar? Sí. ¿Se hace justicia al pretender aplicar una medida que ignora al habitante antiguo del sitio? ¿Se hace justicia al no permitir ni siquiera un intento de realizar un ordenamiento y un manejo sustentable y adecuado para un área natural y no despojar entonces de trabajo y casa por consecuencia directa a quienes son sujeto de derecho y no se pudieron defender siquiera?. Más allá de la letra chica o grande de las leyes, ¿Es justo? ¿Quién ampara a los desamparados? ¿El Estado, hace justicia expulsando al hombre de tierras en las que ha nacido o en las que hace sesenta años habita?.
Son los gauchos de hoy, los gauchos del agua. Nadie los escucha. El juez no sabe de su existencia. Son un número, un número de vacas. Una falacia: Vacas sí. Vacas no, en una reserva. Una posición extrema. Hay otras, son viables, para ello es imprescindible ordenar con claridad y profesionalismo, cuántos y quiénes pueden englobarse en esta concepción de cultura y derecho expuesta. ¡Qué paradoja! Muchos de los que celebran esta situación no conocen las posibilidades y menos el rostro de los condenados, sus historias, sus voces, su mirada, no les dieron la oportunidad, son parte de un expediente frío, lejano. ¿Quién ampara a los desamparados?

FOTO: ALEJANDRO MARTÍNEZ PONTE.