La chispa que genera los incendios 


Desde hace tiempo en este país viene soplando un viento pesado y turbio que es como la premonición de lo que nadie quiere, pero que igual se va gestando a puro bocinazo. Tensiones que nos dividen cada día más, donde no hay grises y cada palabra es una declaración de guerra. Es un tiempo donde el infierno espera una pequeña chispa para arder.


Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarieolnorte.com.ar

El aire esta enrarecido, se nota, se huele, se siente de forma preocupante. El desempleo, la guita que no alcanza, las tomas que irritan, la tele que escupe frases cargadas de odio, la calle, esa calle hostil, violenta, desinteresada. Las marchas provocativas, los bocinazos que son para el otro, para el que piensa distinto en un país donde tener ideas diversas es un pecado y una sentencia.
En un tiempo el fuego venía de la islas y llenaba de humo la ciudad. Los nicoleños puteábamos al aire y buscábamos la cabeza de los culpables que nunca aparecieron, y por los que se tejieron miles de teorías conspirativas. Se barajaron nombres que servían en el imaginario popular a ciertos intereses, pero nunca se supo quién fue ni por qué (o no se quiere saber). Pero el fuego, en medio de una sequía espantosa que asolaba en ese tiempo, era fácil de generar, estaban todas las condiciones dadas, los pastos secos, el terreno árido, la naturaleza como un bocadito. Solo una chispa bastaba y podía desatar el infierno, una pequeña llama era suficiente para que el fuego comenzase a devorar sin pensarlo, sin piedad, sin remordimiento, como un monstruo combustible que necesita alimentarse para permanecer. Solo una chispa y las llamas se veían a cientos de kilómetros. Solo una chispa y que todo se vaya a la mierda.

Tomar
Entonces la gente escupe broncas, no soporta, ni se soporta. La política cruza improperios aprovechándose de los necesitados, en una época que los genera de abajo de la piedras, y con promesas de epopeya la gente sale a cometer un delito con la necesidad de tener un lugar donde vivir, forzando un engranaje que puede reventar, sin mirar las consecuencias. Todos somos herramientas de un sistema que juega al ajedrez en otros ámbitos que ni siquiera imaginamos. Todos somos piezas de alguien que aprovecha nuestras necesidades y tenemos pocas ganas de preguntarnos quién es. Nacimos preguntando y en algún momento olvidamos seguir haciéndolo, nos creímos que la sabemos toda. Entonces las tomas de terrenos crecieron y el país se dividió, estalló, pedían justicia, pedían represión, pedían que la balanza fuera igual para todos, lo que también significa que todos tenemos derecho a una vida digna, que no es justo que el sistema funcione por azares de nacimiento. Relájense, nadie se pregunta eso, porque hasta ese punto somos de boludos. Y todo se fue a la mierda, el Gobierno se dividió, se reprimió y se desalojaron los predios, estallaron las violencias.
La chispa, la pequeña chispa que marcaba diferencias, que puso a la gente de uno y del otro lado. Somos juguetes tan maleables. Si hasta en San Nicolás se manifestaron por el desalojo. Aunque en esta ciudad tenemos una capacidad innata de que todo nos chupe un huevo.

El puerto cae
Pero acá también el agua circula turbia, extraña. El Concejo Deliberante debate absurdos que en realidad son chicanas, porque todos lo hacen y nadie se la aguanta. Pero así van tirando maderas secas y pastos. Acá juegan también los juegos de Buenos Aires en menor escala, encienden fósforos sin pensar.Una obra equivocada o maliciosa, la Justicia lo decidirá. La realidad es que los accesos para algunas empresas del puerto quedaron bloqueados. ¿Guerra?, ¿error de cálculos?, todo puede pasar, todo es valedero. Se dice que un pase de factura, de broncas políticas, que son solo obras y la ciudad quiere crecer, se dice de todo porque es gratis. Pero fue una chispa, una gran chispa.Saltaron las diferencias políticas, estalló el fuego. Enseguida hubo un paro, amenazas de despidos que sirven para despertar a los gremios y la zona sur se paralizó de camiones y broncas. Nadie entra, nadie sale, nadie será despedido. El Municipio enfrentado con algunos sectores puntuales del puerto. Fuego, mucho fuego, bronca, muchísima, irascibles trabajadores que vieron que no es fácil dar vuelta una camioneta. Menos mal. Pasa que hoy no da para que te toquen el trabajo, justo hoy, en el peor momento no está para quedarse sin laburo por una interna que nunca vamos a saber. Chispas y fuego. Todos somos engranajes y a este paso todo se puede ir a la mierda.