Marchas de broncas y amores panchos


El viaje es largo, complejo y se enmaraña en laberintos indescifrables, con vericuetos cargados de historias, que como decía Platón son las marcas de una tabla rasa que forjan al hombre. Sondear en el génesis de la ideología que lo llevaron a tomar esa bandera, subirse al auto, tocar bocina y pedir por la República en plena pandemia es más complejo que sacarle la ficha a Alberto.

Germán Rodríguez
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Marchan embanderados por la libertad de comprar dólares, a la que se suman señoras clase media baja que piden que no se cobren impuestos a las grandes fortunas, asustadas de que el gobierno no las deje vender más con el librito de Avon. Pero del otro lado niegan la verdad, o de tanto negarla se volvieron ciegos, abrazan la cuarentena y besan la estampita de Cristina y Alberto mientras todos nos hundimos en una crisis económica y espiritual (por decirle de alguna forma escatológica a eso que nos carga el tintero) y nadie pero nadie juega en Corea del centro. Todos compran sus historias así como les vinieron enmarcaditas.
Hay una ira que desvela las marchas de bronca y amores panchos, que está alimentada de un monstruo llamado redes sociales, un minotauro agazapado y ladino, que confunde en el laberinto de millones de ideas, que vende mentiras y verdades a medias (que son peores que las mentiras), para arrojar más leña al fuego en todos los bandos. Y el presidente, acosado por un salame en reposera, comete errores que hacen que la espada de Damocles, esa que un antiguo rey griego le había puesto colgando en el trono a Damocles para que vea que gobernar no es fácil, pareciera que la estuvieran usando para cortar quesos y salamines. Vivimos tiempos que de tanta información se han vuelto completamente confusos.
Esa anarquía ideológica hace que algunos exploten saliendo a tocar bocina a favor de la república, con la proclama más carente de sentido que se tenga idea desde “nos quieren convertir en Venezuela”. Como diría el genial Borges en sus entrañables charlas con Bioy Casares en las que pergeñaban una creación literaria “dale boludo, hacete cargo que querés putear a Cristina nomas” lo que es un derecho y no tanto, primero porque hay una pandemia cuyos protocolos se entienden cada vez menos y segundo porque hasta ahora se ha visto que no sirve de nada, más que fomentar odios (o tal vez sirva entonces).
Y del otro lado ya tenemos claro que hay que evitar el contacto para no propagar el virus, también tenemos claro que para vivir hay que trabajar y que si no te dejan no le podes venir con zaraza en medio de una conferencia y mucho menos probando tetas en una sesión de diputados porque la gente se calienta cada vez más.

Confundidos
Todo es confuso y pareciera que nada se hace bien, pasamos de ser los campeones mundiales de la pandemia (ojo, en el fondo como argentinos todos sabíamos que la íbamos a cagar, que esos de ser prolijitos y reconocidos por el resto del planeta era una estrellita fugaz. Esta patria esta forjada por hombres y mujeres que tarde o temprano la cagan) a estar en el top ten de contagiados ¿Cómo carajo paso eso? ¿Por lo menos logramos acomodar el sistema de salud? ¿O nos fundimos al pedo?
No hay respuestas para nada y lo que se dice no tiene claridad básicamente por eso mismo, nadie sabe nada. Cuando nos las vemos mal decimos que no podemos ser como Brasil, pero claro, ahí lo tenés al psicópata de Bolsonaro, que no es medida para nada (tipo Binacional contra River) y en la otra punta te aparece Estados unidos que algunos dicen que anda bien, otros que anda mal y nosotros quedamos en el medio (boludo en el medio esta Venezuela. Que buen argumento para que aprovechen desde la derecha a repetir el slogan)
Hay tantas broncas desparramadas que ya no sabemos a quién putear. Que vuelva el futbol es un alivio, aunque inmediatamente nos damos cuenta que nosotros pobres mortales no podemos ir a patear la redonda a un potrero porque nos meten en cana, aunque también sabemos que de canuto juegan torneos y todo, puesto que la vista se hace cada día más gorda.
Todo es confuso, esta crónica es confusa, arrancó lindo con el minotauro pero se fue a la mierda. El mundo es un despelote y si algo aprendimos es que no somos los únicos que la embarran.
¿Qué le vaya mal a todos nos amortigua la caída?, ¿o probablemente el resto del mundo nos use de colchón?