Palabras peligrosas tiradas al viento 


Estamos cada vez más divididos, con menos ganas de reconciliarnos, sin siquiera atender las razones del otro porque nos bombardeamos de palabras que alientan nuestras teorías y hacen que veamos al que está en la vereda contraria como un estúpido. Las redes sociales nos metieron en una red de propaganda de la que ya no podemos salir y que de una u otra forma nos adoctrinaron para ser todos unos pavotes útiles. La verdad es eso que ya nadie sabe y que no nos interesa si nos contradice.


Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

¿Algún día nos discutiremos seriamente sobre lo que decimos y nos pondremos a pensar el trasfondo absoluto del significado de cada palabra que arrojamos? ¿O seguiremos así por la vida repitiendo cosas como boludos, sin detenernos un ratito a ver si no somos tan solo loritos que juegan al conocimiento, repitiendo doctrinas que otro vivo nos coló en la cabecita para que le hagamos de voceros y después muy sueltos de cuerpo nos pongamos a opinar en las redes sociales, donde es más fácil destilar odio y jugar a matones de escuela primaria?
Esta semana el país se conmovió e hizo olvidar un rato de la covid, por la histórica e impensada protesta policial, que tuvo aceptación y rechazo de amplios sectores de la sociedad, algunos creyendo que la labor policial es fácil y que no merecen nada y otros entendiendo que cuando sentís ruidos en el patio y es de noche no vas a llamar al farmacéutico.Que el legítimo reclamo se vio manchado por el avasallamiento en Olivos es algo que todo el cuadro político y la gran parte de la sociedad rechazó y en parte ensució un poco el petitorio, que por suerte terminó en buen puerto, dejando abierto otro frente de batalla entre Capital, Provincia y Nación (que se maten ellos) finalizando probablemente ese romance entre Larreta y Alberto que, a pesar de especiales matices, todos veíamos que no podía perdurar.
¡Lo recuperamos!, sueñan desde algún sector de Cambiemos.¿Pero qué pasó entre tanto? Hubo vendedores de sueños, revoluciones y golpes que vendieron un producto, ya de por sí endeble, mejor que bolígrafos en colectivo y dispararon todas las diatribas habidas y por haber en el campo de la batalla virtual.No más los policías comenzaron a reclamar, desde un sector político afectado vieron conveniente instalar la idea de que si quienes detentan las armas reclaman, solo puede significar un golpe de Estado y no que estén cobrando 40 pesos por horas extras o un sueldo mísero. Es más conveniente vender que la patria peligra y que hay que salir a defender la democracia.Desde otro sector sí les gustó esa idea y alentaron a que es momento de que Alberto y todos los K se vayan, y que ésta es la gota que rebalsó el vaso, y que debemos apoyar este golpe para recuperar los valores y no transformarnos en Venezuela o alguna boludez parecida.
Por suerte (y con el tuje sangrando de Ciudad), la verdadera solución -que era un aumento de sueldo- llegó finalmente y la protesta terminó con las instituciones –que nunca peligraron– a salvo y los charlatanes pensando qué cuento vender ahora.Estos juegos de palabras son ilógicos y se repiten de uno y otro lado todo el tiempo. Genera siempre mucha más empatía aquel que defiende la democracia contra el regreso de los militares y no uno que tiene negreando a los policías por dos mangos. El problema es que como sociedad compremos todo lo que nos vendan sin que siquiera nos tomemos un ratito para cuestionarnos y decirnos: “Pará, che, soy boludo pero tampoco tengo un doctorado de pelotudo, dejame pensar. No, tenés razón, es mucho esfuerzo, mejor sigo así, comprando pensamientos enlatados, fáciles de repetir y que me den un aire tipo de que soy un hombre de mundo que sabe todo y nadie me va cagar porque ya sé, gracias a Youtube, que todo se trata de una conspiración”. Sí, es más fácil, como decía Milan Kundera, sentarnos al borde del abismo sin ambiciones y mirar cómo otros viven la vida.

Carreras, sí
Capítulo aparte al tema ‘carreras autódromo San Nicolás, y pandemia’. Queridos conciudadanos, si dicen que va a haber una burbuja sanitaria, que solo se podrá ver por televisión, que está todo controlado, ¿en qué parte les parece que nos vamos a morir todos? ¿En serio les molesta que San Nicolás pase a estar a la vista de todo el país en uno de los primeros eventos deportivos pandémicos? ¿Qué les jode realmente? Y si pensamos un poquito más, al ritmo de 30 contagiados por día, y que ya la circulación del virus es comunitaria, ¿nosotros nos tenemos que cuidar, o los corredores que vienen de afuera? Ya está, che, dejen de controlar los accesos que el forro del covid ya se acomodó en la ciudad. Así que cuidémonos lo mejor que podamos porque no es joda y dejemos de ser tan fantásticos.Y nada más, demasiado, sigo a la espera de que me programen otro chip.