Invocadores de demonios 


Duhalde vomitó demonios con botas y, ante el horror de una sociedad que ya reniega de esas miserias, un grupito festeja y sueña con un mazazo que vuelva todo a cero. Las pulsiones de vida y muerte aprietan en el subconsciente de los argentinos y como Jedy principiante intentamos no sucumbir al lado oscuro de la fuerza. Gagá o maquiavélico, el famoso cabezón de Banfield desnudó a un país en el que las cosas huelen mal (y no solo por el humo de las islas)


Germán Rodríguez
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¿Notás ese clima extraño que desde hace un tiempo ronda por la ciudad?, ¿más bien por el país? La lluvia se anuncia a baldazos con alerta meteorológica, pero de alguna extraña manera se niega a caer, nos deja con nuestra sequía y ese humo que no entendemos pero sigue y sigue y sigue, cuando parece que ya se apaga vuelve con todo y no hay culpables, no hay un tipo armando las llamas. Entonces todo se enrarece y la gente se nota fastidiada, descreída, cada vez con menos plata en la calle, con los ánimos por el piso, con los bares, restaurantes y boliches con las cortinas bajas, ese sentir de toque de queda a cierta hora en que las calles quedan vacías y te da tristeza, tanta tristeza. Tantos locales cerrados para siempre, tanta cara de preocupación, de incertidumbre. Todo es tan extraño, y para peor de males que el virus ya está acá, que a pesar de ese esfuerzo y de las pequeñas victorias que veníamos celebrando, casi a punto de largar la cuarentena, se metió para multiplicarse y nos deja su consecuente miedo. Porque si estás débil te mata, si pasaste cierta edad te mata, entonces no vemos a los viejos porque en una de esas mierdas de esta época de males pandémicos podemos ser quienes se lo transmitan y su sangre nos ensucie las manos.
Todo raro, todo tenso, los políticos dejaron atrás ese pacto silencioso de no agresión y se disparan con munición gruesa.En medio de todo reaparece Duhalde, fantasma de la crisis del 2001 que hoy se nos antoja un cumpleañitos al lado de esto. El cabezón de Banfield, que en esa era anárquica de comienzos de siglo, era el hombre más poderoso del país y todos los señalaban como hacedor de políticas. En ese tiempo la calle la tomaba la violencia y el descontrol le dio la presidencia, pero también como una maldición roja se la quitó. Fue piloto de tormentas como le gustó decir por un tiempo, pero no se bancó el tsunami.Hoy vuelve con ojos extraviados, pero físicamente se lo ve igual como si los años no le pasaran, como si hubiera pactado con la vida y la muerte para repetirse en las crisis, como si en una paradoja del destino nunca saliera de ese 2001, 2002 que lo vieron crecer y caer.Sus palabras son presagio de desgracia, habla de golpes militares, de que no habrá elecciones, que vivimos en una absurda fantasía de control. Algunos escuchan sus palabras con respeto de un sabio que ya conoce esta historia, otro como los desvaríos de un viejo gaga. Tiró una bomba que se mojó al otro día, pero sembró semillas en una época donde nada es lo que parece, en la que desconocemos que va a pasar, en la que aprendimos que no sirve hacer proyectos largos y que nos sorprendió saber que la vida es vida y nada más.

Fachosoide
Te conozco, mirá si te conozco, seguro que cuando escuchaste a Eduardo te mojaste todo, soñaste con golpear las puertas de los cuarteles, que salga un general grandote y bigotudo a abrazarte y librarte de esos negros choriplaneros que tanto te repugnan. Te cansas de pedir muerte, torturas y picanas a lo que no entendés por las redes sociales, le das besos todas las noches a la estampita de Videla, añoras esas épocas tan solemnes donde la mujer entendía su lugar en la casa y los machos bien machos se iban de putas, se la pasaban en el club y eran respetados y temidos por sus hijos, la base de la gran familia Argentina. Qué lindo que te era ir a los desfiles y admirar el brillo de las botas marchando, tan rítmicamente a un compás que de pensarlo te excita. Siempre hablás de Hitler y los judíos y los oscuros y cómo se van perdiendo los valores y cómo cualquiera hoy dice lo que quiere y qué asco dos hombres casándose y las pañuelos verdes insultando y pidiendo abortos para todas y pobres marchando queriendo que les regalen la vida, y ni hablar de los que deforman el lenguaje que nos obsequió la real Academia española. Querés que un general te salve, te redima, te haga feliz y que por la pantalla vos pobre tipo veas satisfecho tu bajo odio progresista. Enano facho argentino anda a cagar. Nunca más.