Los días que pasan 


La pandemia nos abrió plenamente las puertas a la Matrix, nos hizo ciudadanos del mundo virtual. En este universo muchos se ensalzan en peleas brutales, fugaces y absurdas donde se aseveran complots paranoicos, se explica y aniquila la realidad, pero siempre con el común denominador de destruir lo que dice el otro. Nos volvemos en expertos y brutales opinadores de vidas ajenas desde el protector anonimato del usuario.


Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

¿Qué nos pasa en la cabeza en este encierro? Nos desgastamos en peleas fugaces y absurdas por redes sociales que de alguna manera se convierten en nuestro nuevo universo. Nos damos sentido a estas apagadas vidas en fútiles discusiones con desconocidos, bajo un clima de tensión y violencia insoportable, abrazando posturas que no nos son tan propias, pero que nos obligan a atacar en ese mundo que creamos. Nos enfervorizamos, puteamos e indignamos, hasta que nos convencemos de que pusimos la frase justa, la respuesta certera, y nos declaramos ganadores en una dialéctica en la que no hay trofeos ni reconocimientos, pero que en ese universo que nos creamos para paliar el absurdo hastío, nos significa un todo.
¿Cuántas veces al día, al minuto, estamos espiando el celular para ver si llegó algún mensaje, si alguien respondió en los grupos que se multiplican hasta el infinito y se pierden en cientos de conversaciones, que leemos así nomas, de corrido, solo preocupándonos por lo que pusimos? ¿Dónde van esos millones de palabras cargadas de nuestros infiernos, arrojadas a veces con un delicado y concienzudo trabajo y en otras lanzadas como piedras?La ortografía pierde siempre la batalla y la ganan los insultos, pero también las afirmaciones más arriesgadas. Las denuncias más osadas se acompañan de teorías conspirativas que se dicen con la certeza que no tenemos en nuestra propia vida.

El otro
El otro es objeto de mi burla, de mi ataque, de mi ira, si es que se atreve a contradecir la pavada que puse en la sección de comentarios de una noticia aburrida, que se la devoraran los cientos de noticias que aparecen a cada minuto, es mi mundo, mi todo, mi yo. Es lo que de alguna extraña forma, donde lo real es lo abstracto y somos comida de la web, vivo y me desarrollo. Esta cuarentena nos hizo olvidar el contacto, el roce, la charla y nos vamos haciendo adictos. Cuando todo pase, cuando volvamos a escarbar en las cenizas nos va a costar el diálogo, el contacto, nos molestaran las aglomeraciones, renegaremos y enseguida volveremos al refugio del celular, a Instagram, Facebook, Twitter, cualquier lugar donde la entrañable amistad de lexcon768 o la apatía de grujkol909 me sirvan de refugio.

En la batalla
Está furioso, realmente furioso, no dejaba de mirar el brillo hipnotizador de la pantalla de su celular. Ese lunes se había expresado, tras leer una noticia que encontró sobre la marcha del 17 de agosto, totalmente a favor, pidiendo por la libertad y el fin de la corrupción. Alguien, un tal severus337, le había contestado en su comentario diciéndole ‘gorila fascista’, y para colmo, otros se habían atrevido a ponerle corazones a esa agresión. Pensó y repensó mil veces, pero se dejó ganar por la ira y apeló a tratar de kirchenrista planero a quien lo había atacado, aunque él, en el fondo, no tenía nada contra el Gobierno actual, solo que no le agradaba que reformen la Justicia en este contexto. Pero la bronca lo superó.Estaba en la fábrica y a cada rato miraba el celular. No pasaron cinco minutos que le llegó un aviso de que le habían contestado. Era un tal gabito445 que apoyaba su postura, pero se iba de mambo “cansado de estos corruptos, no alcanzan las balas para terminar con esa lakra”. Lo había puesto en un brete, esa persona se solidarizaba con él, pero ni en pedo le parecía bien lo de las balas. Ponerle un “like” era estar de acuerdo, pero tampoco daba para atacarlo porque de una u otra forma lo estaba ayudando. Optó por ignorar el tema.
Otra vez el celular sonando, más mensajes, casi cinco: “Ahí los tienen a los gorilas milicos, ya quieren salir a matar”, “Ese sector retrogrado de la sociedad no puede seguir conviviendo”, “Para eso marchan, para destituir la democracia”, decían entre muchos mensajes. Él estaba lejísimos de eso, pero, ¿cómo daba marcha atrás?, no había forma de arrepentirse, no había manera de negar todo, era una batalla y las posturas estaban tomadas. Para qué carajo escribió se preguntaba. Otro mensaje lo derrumbó, era de una usuaria que a él le gustaba y que estaba esperando la oportunidad para empezar a dialogar con ella y en sus sueños locos invitarla a un Zoom. Era anastasia56 que ponía una carita triste.Chau, sueños de amor virtual, bienvenido a uno de los lados oscuros de la grieta. Los tibios no tienen espacio, ya quedó más que comprobado, y decimos y pensamos lo que ya está establecido. Mierda.