Amor, grieta y pandemia. 


Divididos, fragmentados, desmantelados en miles de pedazos los argentinos seguimos complicándonos para no llegar a ningún lado. Marchas en medio de la pandemia, con banderas de las que todos se sienten dueños, sin respuestas en la economía y con las islas en llamas, solo sabemos que no sabemos nada. Somos pulsiones de amor y odio, por lo que no es extraño que lo uno llame a lo otro.


Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte

La pandemia tiene esas cosas, además de la cuarentena, el estrés, la crisis económica, el choque de ideologías, la grieta insoslayable de dos formas de entender el país y la vida, que son un ancla para cualquier proyecto futuro, también nos hace reflexivos, nostálgicos, casi débiles y cuando nos perdemos en los vericuetos de la razón es que el amor llega para confundirnos, y como dicen los poetas, para hacernos sufrir.
Plaza Mitre, marcha del 17 de agosto, convocada por sectores opositores (y no por el diario como andan diciendo los que no leen la nota completa, o peor aún, los que citan EL NORTE con fechas mentirosas y pura mala leche). Ella, indignada, furiosa, agresiva, con puños en alto y cargada de revoluciones, no podía creerlo “¿Qué hacen pelotudos todos amontonados gritando incoherencias? ¡Hay una pandemia!”, dijo a gritos de sangre y pañuelos verdes, con su bandera multicolor y en representación de la jefa.Había brillo en su fulgor, y hormigas cosquilleaban en el muchacho que con una bandera argentina saltaba entre otros muchos al lado del miniatrio de la peatonal inventada.“Cantamos y protestamos porque somos libres, porque vivimos en democracia y queremos democracia, porque no vamos a aguantar que los ladrones manipulen la Justicia para seguir robando y manteniendo vagos”, dijo verborrágico, superado en las palabras que van más rápido que el corazón. Ella le molestó, pero de alguna extraña forma le gustó.

Consignas rotas
Una persona mayor increpó a la joven: “Nena, dejanos expresar en paz”, la chica no se aguantó, estaba en un terremoto de emociones y no quería frenarse, aunque internamente le había captado la atención el joven que la irritó, pero no como ella quería: “Usted, viejo choto, vaya a su casa que hay una pandemia y si lo roza se muere al instante”, y se dirigió a la multitud: “¿Pero qué hacen acá, viejos amargados, renegados..., no ven que son población vulnerable?”.El joven le volvió a contestar: “Así se manejan ustedes, agrediendo, atacando al que piensa distinto, a las libertades individuales, inmolándose como idiotas útiles de la corrupción. Mientras se pintan la cara y salen a entregarse a la causa, los poderosos se hacen más ricos a su costa. Absolutos boludos prescindibles y manipulables. Nosotros no vamos a dejar que modifiquen el Código Penal para que queden libres los que se robaron todo”.La chica se puso literalmente roja, tenía bronca, pero también le había gustado cómo el joven la había enfrentado.“¿Por qué antes de salir a multiplicar el covid y cagarse en la tarea de todos los profesionales de la salud, leen un poco digo yo? En ningún lado dice que se van a cambiar los jueces que investigan a Cristina, seguirán los mismos haciendo el ridículo. A mí me dicen idiota útil y ustedes están acá arriesgándose y el Gato anda por Europa riéndose y haciendo negociados. Lo único en lo que te doy la derecha, no mejor otra mano porque la derecha te encanta, es que después de ver que ustedes hacen lo que quieren con un decreto constitucional, la verdad que no sé para qué cerraron bares, restaurantes y gimnasios si ya estamos al horno”.
El joven alzó la guardia, no quería en realidad, tenía más ganas de preguntarle a la joven su nombre, invitarla a no sabía qué, porque ahora no hay dónde ir a tomar algo, pero tampoco quería que lo avasallen: “Lo que ustedes quieren es que siga la joda, esto de la cuarentena les viene bárbaro, están enamorados de ella, así justifican que no se les cae una idea en economía y siguen imprimiendo papelitos para mantener vagos. Les conviene que la rueda siga así con todos dependientes, sumisos y adoctrinados. Total, con mis impuestos sostienen a todos los choriplaneros”.Ella paso de rojo a verde: “Dale, y por qué no decís también que los pobres se embarazan para cobrar más planes, boludo. ¿Vos te pensás que con esa plata de la Asignación Universal por Hijo, que es un gran logro peronista, se puede mantener a una criatura? ¿Tenés hambre? ¿Te traigo bananas?”.Una señora mayor intervino: “Es verdad, se embarazan para cobrar planes”.“Señora, usted debería estar en casa con sus bisnietos y poniéndole flores a la estampita de Videla y no acá arriesgándose. Después no los quiero ver ocupando respiradores”, dijo enfervorizada.
“Corruptos, ladrones y planeros”.“Gorilas, fascistas y pandémicos”.Se dijeron fuerte y no aguantaron más sellando el pleito con un beso de barbijos, que en un principio sorprendió a todos, pero después terminó en un cerrado aplauso.Estamos divididos y fragmentados, no tenemos remedio, pero como decía Tanguito... el amor es más fuerte.