Matar o morir en Las Mellizas 


¿Qué mueve la mano que da vida a ese dedo que aprieta el gatillo y transforma muerte? ¿Qué pensaste cuando disparaste en ese torbellino de fuego, gritos, sangre y violencia? ¿Qué historias tan pesadas cargás en tu mochila para que no te importe lo que te llevás del otro lado, para que ni siquiera razones que quien muere de la otra punta también se lleva tu vida, tu destino, tu libertad? Nunca dejamos de ser esclavos, si no es el látigo del amo, son las pasiones.


Germán Rodríguez
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¿Cuánto vale la vida? ¿Se puede tasar? Alguna vez en la historia de este por momentos ridículo mundo, y no hace tanto tiempo, muchos hombres eran vendidos como esclavos y se les ponía un precio, se evaluaba su rendimiento, su capacidad, si estaba entero, cuánto podría durar, cuánto provecho podrían sacarle los amos y ahí se realizaba la transacción. Hoy somos esclavos de otras pasiones que le quitan valor a la existencia, que escapan a la razón y que en el transcurso de minutos cambian por siempre destinos.
Dicen que el comienzo de la discusión fue tan absurdo que se antoja ridículo, un juego tan viejo como la humanidad, de disputa de poderes, de riña de gallos, de torearse en una fantasía de poder violento, de machismo mal entendido (ni siquiera debería haber un término como machismo), una amalgama de sentimientos enturbiados por el alcohol, las broncas pasadas, la frustración de vivir así también. Uno fue por fuego y apareció el puñal, la primera gota de sangre se derramó, después explosiones, fuego más sangre y muerte.Se vive mal en estos días, se padece el ahogo de una compleja situación económica y social que ha desviado de su eje al mundo. Vivimos una época en donde lo que era racional pasó a segundo grado, donde los valores se trastocan y se confunden, y queda arcaico el concepto de valor porque los tiempos cambian y todo cambia, aprendemos a temer a un virus que no vemos, que no sentimos, a menos que esté en el humo asqueroso que viene de las islas y que cambió el paradigma de la cotidianeidad.

Misterios
Es en esa tormenta de sentidos encontrados donde se desatan las pasiones, las dos pulsiones que mueven el mundo, que dan una pizca de sentido a la esencia de existir. Amor y muerte, son los dos misterios más antiguos e indescifrables de esta breve historia de la humanidad. ¿Por qué amamos o por qué morimos? ¿Por qué hay algo y no solo nos sumergimos en la nada?Si nuestra vida transcurre medianamente normal, es el amor el motor de nuestro devenir, el amor a una mujer, a los hijos, a la familia, al trabajo, al club de fútbol, pequeños amagos de alegrías hasta la muerte y que nos permiten crecer durante el camino.Pero también la muerte es pulsión de vida.Hay otra realidad que escapa a nuestro entendimiento, si es que tuvimos la suerte de nacer en una presunta normalidad, que está matizada de maltrato y pobreza, de abandono y violencia, de odio y rencores. Hay un mundo paralelo que no queremos ver porque no nos gusta que nos recuerden la imperfección del sistema, de los excluidos que alimentan la cifra de pobres, de que el cincuenta por ciento de los argentinos padecen carencias y que hay una infancia y juventud lastimada.
Pintamos de colores el tronco que tapa el bosque.Pero está ahí, lo que ocultamos nos rodea, nos choca, nos recuerda que somos imperfectos y que hagamos lo que hagamos la muerte es inevitable. Hay un mundo donde se mata o se muere por nada, donde se pelea o se pierde, donde la ley está en la calle y donde la vida, esa por la que nos preguntamos su valor, no tiene absolutamente ninguno.Rodolfo Rial murió de un disparo en el pecho en Las Mellizas, su hermano terminó con un tiro en la pierna y el otro hermano apuñalado. Hay dos detenidos, hay familias destrozadas, hay cuatro hijos sin padre, hay muchos vacíos que la muerte supo ocupar.Nos preguntamos por la vida, nos preguntamos por la muerte, y la pregunta sigue quedando en el vacío.