La historia de Mónica, que lucha por sostener su comercio en el Santuario 


Como tantos otros sectores, la economía de los negocios linderos al Santuario Virgen de Rosario está literalmente en una profunda depresión. La Cámara de hoteleros y gastronómicos de San Nicolás ya se ha expresado por la situación agobiante que sufre el sector, debido a la parálisis turística que provocó la pandemia del coronavirus. Ahora bien, estos pequeños comercios, puesteros y feriantes que vivían enteramente de los peregrinos que se acercaban al templo religioso, no saben qué hacer para sobrevivir.


Manuela Fernández Nessi
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Se ha convertido en una muletilla de los medios de comunicación titular: “Otro sector golpeado por la pandemia”. Esta nota será un nuevo caso de ello, lamentablemente aún sin respuesta para las familias que dependen enteramente del turismo religioso.

En primera persona
Pasear por la zona del Santuario da cuenta del panorama desolador que se vive por ahí. Pocas personas caminando, más cantidad de perros callejeros que clientes. La mayoría de los negocios están cerrados, solo unos pocos quedan abiertos y no venden casi nada. “Se llevan sahumerios o cosas muy económicas, que claramente no nos sirve para poder pagar los gastos, mucho menos para vivir”, expresó Mónica en diálogo con EL NORTE, emocionada hasta las lágrimas y angustiada por no saber qué hacer ni cómo seguir.
En los últimos años el turismo religioso fue el motor económico para estos pequeños comercios. La zona se abastecía enteramente de los feligreses que paseaban para conocer el santuario y llegar hasta la Virgen del Rosario. Los fines de semana y puntualmente los 25 de cada mes, las calles abundaban de gente y con ellos, los negocios facturaban. Pero también, el flujo de gente se extendía casi todos los días, haciendo de la venta de objetos bíblicos un negocio rentable. El coronavirus y la cuarentena decretada desde el 20 de marzo cortó brutalmente la rueda económica de estos, de los que dependen familias enteras. “Decidimos volver a abrir cuando el Santuario también lo hizo, hace unas pocas semanas. Literalmente teníamos telas de araña en los rincones, era una imagen triste, así que prefiero estar acá mantener el negocio aunque las ventas no lleguen”, dijo Mónica convencida de seguir poniendo fuerza para sostener un negocio familiar que tiene más de 20 años. “Este local es el sostén de mi hogar, vivimos únicamente de esto”, afirmó.
La mujer baja las luces y prende unas pocas para no deberle una vela a cada santo. Le sucedió algo curioso que ya hemos escuchado de otros comerciantes: “Las facturas de los servicios llegaron con el mismo monto de los meses que estuvimos abiertos, es rarísimo”.

Una vela a cada santo
“Gracias a Dios hemos podido pagar las cuentas de los meses anteriores, pero se hace difícil seguir sintiendo que lo podés perder todo”, con el dinero para renovar la mercadería más algunos ahorros saldaron las cuentas. Pero hoy no saben cómo seguir. “Realmente tocamos fondo y es doloroso. Hemos construido este lugar a pulmón y con la ayuda de muchos amigos. Somos gente trabajadora y solidaria”, expresó. Mónica comenzó vendiendo en una mesa y luego de varios años logró generar su propio negocio.“Vengo para rezar y esperar un milagro. Sin los turistas no somos nada, hemos perdido mercadería, mucha la hemos donado para niños y niñas de barrios populares”. Además confesó que decidió no tomar los créditos a tasa 0 del Gobierno nacional, puesto que “no tengo forma de pagarlos, porque esto va a continuar y nuestros ingresos siguen estando congelados”.

Situaciones similares
Mónica aseguró que muchos conocidos están pasando por la misma situación, “tienen deudas con el banco, problemas para pagar empleados o directamente saben que no van a poder volver a abrir. Es muy angustiante porque no se trata de un local, se trata de familias detrás sin ningún tipo de ingreso”.La familia también ha vendido algún capital para poder seguir. Ahora esperan que se reanude la actividad, o bien, concretar algún plan de ayuda para no cerrar definitivamente sus puertas. En efecto, los puesteros también sufren el contexto: “No todos viven de esto, pero muchos sí. Sé de algunos conocidos que no han podido pagar el espacio estos meses que por supuesto sigue corriendo, y están ahogados de deudas”. Para cerrar manifestó: “Queremos trabajar, entendemos el sacrificio de toda la sociedad por la salud de todos, pero estamos desesperados. Y a pesar de todo sigo difundiendo por las redes sociales, con clientes de muchísimos años a lo largo y ancho del país, lo linda que es nuestra ciudad, para aquel día que todo vuelva a la normalidad nos visiten. Los últimos años fueron difíciles, pero nos sosteníamos; si no tenemos alguna solución, nos vamos a hundir”.