Hisópame el corazón


Caminamos perdidos en un mundo de hisopados, de pruebas de laboratorio, de virus jugando a ser armas biológicas, de fases, protocolos y barbijos. En la calle nos adivinamos los rostros, buscamos a los amigos, los parientes, queremos identificarnos desde el anonimato de las máscaras blancas. Es la soledad al cuadrado, como una canción de Sabina, que busca ser en donde nadie nunca fue.


Germán Rodríguez
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Dicen que es imposible que la primera sensación sea amor, que es una fugaz atracción que va creciendo hasta transformarse en otra cosa, pero él jura y perjura que fue amor, como una canción de Jazymel. Adivinó ese rostro bajo el barbijo y quedó impactado. En los pliegues de la tela que la cubría advertía una naricita un tanto respingada, facciones delicadas que se desdibujan desde el protector de Covid. Pero eran los ojos los que lo dejaban sin aliento. Negros azabaches, grandes, de pestañas gigantes y un brillo imposible de describir, como un fulgor que deja marcas imborrables. No podía dejar de mirarla en ese negocio, ellos dos y tan solo ellos con el vendedor. Cuando sus labios se movieron casi se excitó ante las ondulaciones en el paño blanco y su voz se le antojó a un coro de ángeles cantado Jijiji. “Un kilo de picada para salsa” dijo y recordó cada letra, cada entonación, el sonido de esa voz. El carnicero, que sí logró escapar a su embrujo, preguntó si especial o común. Era un instante maravilloso, irrepetible. Ella frunció la cara, jugó un mohín y era para comérsela, arrancarle el barbijo a besos y que lo metan preso por quebrantar el decreto de aislamiento social, preventivo y obligatorio. “Común, no me voy a gastar una fortuna en unos fideos tampoco” contestó medio risueña y fue ese gesto el que lo mareó, quiso reír con ella, quiso decirle riamos juntos por la vida, hasta que seamos viejitos y terminemos riendo de lo que vivimos, de cómo nos conocimos en esta época de cuarentena y pestes.

Querer
Mientras el carnicero metía un pedazo de carne en la picadora y salía el picadillo por el otro lado, él soñaba con ella. Casi sentía vergüenza de mirarla tanto. Tenía ganas de decirle que lo acompañe a pasar toda esta paranoia juntos, sentémonos de la mano en el sillón y leamos las noticias por Instagram, asustémonos con todas la fake news que salen, pero revisemos la web de EL NORTE que ahí te cantan la posta en serio. Y si tenés miedo dejame abrazarte fuerte, exprimirte como un limón de tristezas y deja que mi miel sea tu fuente para que bebas, aunque dicho así suena medio feo y puede dar lugar a malas interpretaciones, porque yo con usted no quiero confusiones, quiero que el amor fluya sincero, barbijito lindo, soplo de aire entre los patógenos del Covid.Caminemos con la distancia protocolar hasta el borde de la plaza San Martin y desde el horizonte preocupémonos por lo bajo que está el río, indignémonos por todo el humo que viene de las islas. Seguramente te entristecerás por la fauna y la flora autóctona que habita en el lugar y cuál será su destino entre el smog y las llamas, y yo googlearé una respuesta atinada que te devuelva una sonrisa debajo de tu escafandra y habrá chispas de amor en el aire.

Preguntas
Ya con la bolsita de la picada en la mano ella, y solo ella y ya no habrá más otra ella, que ella, pagó y se fue dejando en el aire un perfume de promesas escondidas, prohibidas y que por su cobardía nunca llegará ni siquiera a saber de qué se tratarían. ¿Cómo sería realmente esa sonrisa? ¿Tendría todos los dientes?, ¿sería pecosa, habría acaso un lunar oscuro y negro de bruja que el barbijo permitía esconder? No importaría nada porque se sumergería en los ojos negros que lo harían olvidar de que perdió el trabajo por esta crisis biológica, que vivimos días de pavor, desesperanza y sentimos que la fase cinco es un breve sueño que en momentos se quiebra en mil pedazos; nos preguntamos si los infectados de la fábrica anduvieron por la ciudad, si ya el virus es comunitario, que quién carajo hace los test que dan todos cualquier cosa y la paranoia ha llegado a niveles de descreimiento, y todas esas preguntas que le gustaría vivir y sufrir con ella.

FOTO: Love (and covid) is in the air.