Los mil prejuicios de la nueva violencia 


Cuando esta época sea historia deberemos recordar no solo la pandemia y su consecuente cuarentena, sino también cómo la violencia surgió ante lo desconocido, de qué forma la intolerancia, los prejuicios y ese escondido rencor se hicieron piel y sangre. Violencia de género, doméstica, de la que se les ocurra, que encontró en las autoridades su descargo, que vio en quienes portan la ley a los culpables de todos los males


Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

Cuando el tiempo pase y este año sea la historia que recordaremos sin pasión, que nos contaremos de mil formas distintas, que probablemente transforme el paradigma de un mundo que vendía un destino certero y nos recuerde la finitud de la existencia y lo poco que podemos decidir sobre el futuro, olvidaremos o querremos olvidar cómo actuamos, cómo nos comportamos, de qué forma vimos al otro que sobrevivía como nosotros. En esta corta permanencia en el mundo somos espejos de millones de circunstancias distintas con las que chocamos, nos encontramos, competimos, estudiamos, y es cuando la ley de la selva vuelve de a ratos para recordarnos nuestra naturaleza salvaje, en la que actuamos como realmente somos. Es en las crisis donde aflora nuestra realidad, donde nos vemos como el traje invisible del cuento, si es que somos solidarios, competitivos, si sobrevivimos en manada o con la carne de nuestros iguales. Esta era sin precedentes nos mostró salvajes, obedientes, temerosos y atrevidos.
La cuarentena nos revolucionó, nos indignó hasta hacerse insoportable y la crisis económica, con la libertad coartada por el bien común marcó las diferencias del que más tiene y el que estaba colgado del sistema. Broncas que afloraron resignación y frustración, que trajeron preguntas que sabíamos y no nos queríamos hacer, donde dejamos de ver al otro como nuestro reflejo peleando en el mismo caos, sino como un enemigo, un rostro sin alma al que atacar. La violencia aflora frustrada por la desigualdad y la impotencia de no poder cambiar las cosas. También es un veneno ponzoñoso que saca lo peor.Lo que somosLa convivencia se tornó un infierno en muchos casos, la pareja el objeto de revanchas, nos vimos cómo somos y no nos gustamos. El alcohol como una cuerda de salvataje de una realidad que se antoja insoportable fue récord de ventas en este mundo que prefiere emborracharse en la fantasía.
Es en ese caos, que las fuerzas de seguridad, también con problemas económicos, en el hogar, frustrados de una era incierta, deben hacer cumplir la ley. ¿Qué es la ley, cuando la famosa Justicia se resume a veces a que los poderosos siempre serán más poderosos y los más pobres morirán en ciertas miserias sin esperanzas de cambiar? ¿Cómo habrá justicia social si alguien es dueño de mil palacios y otro no puede dar de comer a la familia? La riqueza es obscena mientras exista hambre y frío, pero es peor cuando entendemos que todos somos el mismo, que el otro es mi igual y no nos agradamos.Pero ese pacto social intrínseco que firmamos al nacer, por el cual dejamos de cazar y pescar para sobrevivir, es que debemos seguir ciertas reglas que le dan una sensación ficticia de equilibrio a la existencia. Y la ley con sus infinitos defectos es el último salvavidas ante la barbarie, nuestra barbarie.

Tu violencia
El tipo lo mira a la cara y, sabedor de que otros están agazapados, lo insulta, lo escupe, se hace más guapo ante su seguridad. Le dice las peores cosas, lo amenaza, mientras más gente ronda por la oscuridad de la madrugada. Alguna piedra vuela y rebota en la pared. Los efectivos miran para todos lados, hay una tensión peligrosa en el ambiente. El tipo se envalentona y empuja al agente que rápidamente le traba el brazo y lo reduce. Alguien le lanza una patada empujándolo y ahí llueven las piedras sobre el resto de los policías que no alcanzan a cubrirse. Cuando el efectivo del Comando quiere parase el otro sujeto ya sacó la cuchilla y le tiró tres puntazos: uno dio en el chaleco, otro le cortó la pierna y el restante le lastimó la mano. A su lado, una joven efectivo de la Policía local de San Nicolás caminaba tomándose el rostro sangrante de una pedrada. Una botella destrozó la ventanilla del patrullero. Mierda.Cuando todo esto pase, tal vez sabremos realmente quiénes somos.