Amigos entre humo y pandemia 


Un amigo es una luz brillando en el Zoom del celular, que a la distancia comparte los pesares de esta pandemia, de este encierro, de ese humo de mierda que no para de venir de la isla intoxicándonos, de la incertidumbre de si aparecen o no más casos, de si el virus ya está dando vueltas, de si tenemos que retroceder de fase… Igual, la copa en alto presagiando un pronto brindis.


Germán Rodríguez
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Platón decía que en la polis solo se sobrevive con amigos, que así como la filosofía es el amor a la sabiduría, la amistad al saber, es que los hombres amamos ser alguien en el mundo, vivir, sentir. En las grandes ciudades solo podemos hacerlo con la compañía de otros semejantes a nosotros, con los mismos deseos. En esta jungla de concreto, de choque de intereses, de formas de entender la vida, de un sinfín de mochilas cargadas de historias personales y ahora con la pandemia, solo con los amigos podemos hacerle frente. Es solo con nuestros pares que nos atrevemos a levantar la bandera y enfrentar lo que venga, aunque lamentablemente por un tiempo debamos hacerlo a la distancia (guiño, guiño).
Pensar que mañana es ese día especial que no podemos celebrar como queremos. Algunos bares y restaurantes harán un lugar para festejarlo, muchos se juntarán en clandestino infringiendo la Ley, estando al límite de terminar presos y con una causa por juntarse con el amigo. Alguno dirán que un amigo es una luz brillando en la oscuridad, pero el calabozo es más oscuro y feo si querés, y allí solo brilla un foquito que se bambalea para todos lados. Mejor quedate en casa y saludalo por Zoom, o Instagram, o Whatsapp, lo que sea de lejos.

El aguante
Amigos que recibirán nuestro afecto por las redes sociales, que extrañaremos para juntarnos y contarnos lo difícil que se está viviendo, lo que cuesta llevar un mango a casa. No tenemos ese hombro para llorar penas de amor ni recibir el consejo que consiste en tomar hastaolvidar el porqué se tomaba. La pandemia ya está cada vez más cerca, crece sin cesar, se comió el mundo y acá ya sentimos que no podemos retroceder, que no hay forma de bajar de fases, de hecho, en Capital lo hicieron una semana y ya dieron vuelta atrás, y no es por ser desconfiado ni nada que se parezca, pero tengo la sensación de que el Gobierno dijo “bueno, listo, basta, hasta acá aguantamos, la gente no puede seguir sin laburar, ya prevenimos lo que pudimos, la gente tiene noción de cómo cuidarse, mantengamos protocolos”, pero bueno, a vivir en esta nueva realidad. Vendrán muchos contagios, crecerá la curva, llegaremos al famoso pico, pero calculan que los agarra mejor parados en el sistema sanitario. Pienso, me parece, ojo, aunque a las pruebas me remito.
Y sí, antes esta era la semana donde ya nos íbamos juntando con distintos grupos de amigos, comiendo asados, brindando, celebrando lo que acá en la Argentina es prácticamente el día más importante después de Navidad y Año Nuevo. Casi que estuvimos al borde de pedir que sea una semana de feriado, lo que todavía me parece una brillante idea, hasta que se desató la pandemia. Ahora estamos ahí, agarrados de la fase cinco, y miramos de reojo todos los casos importados de Campana, que se siguen multiplicando escalofriantemente y ahora resulta que alguno estuvo de cumpleaños haciendo macanas. A cruzar los dedos, si es que hubo más contagiados que se desparramaron por la ciudad.

Basta de contaminar
Pero si somos amigos, seamos amigos del planeta también, porque es cierto que la cuarentena le dio un respiro a la naturaleza sin tanto monóxido de carbono contaminando, pero como que los humanos no tenemos paz (siempre me resultó extraño eso de autodenominarnos humanos, me recuerda a un capítulo de ‘Viaje a las estrellas’ y estar charlando con un Vulcano) y poniendo de excusa la sequía y la falta de agua en el río, que es cierto, ojo, pero tampoco habilita a cualquiera, se siguen produciendo terribles incendios en las islas que hacen un verdadero desastre a la naturaleza y como si fuera poco nos llenan de humo, hollín y toda la mierda que se les ocurra que pueda entrar a los pulmones (sí, también llena de olor a humo la ropa colgada, es cierto).Y hablando de mierda a los pulmones y enfermedades indeseables, parece que después de trece años de denuncias de los vecinos de barrio Química, finalmente la Justicia fue con todo contra Atanor conallanamientos, Policía Federal y revisando si existen tuberías clandestinas que arrojen deshechos en el río (costumbre que ya fue copiada por otras industrias de agroquímicos de Pergamino, que tenían esa maña de tirar todo al arroyo).Que sea la Justicia la que finalmente se expida y termine con tantos años de incertidumbre al respecto, porque en los papeles parecía que estaba todo bien, pero...