La crisis de Somisa 


En 1985 aparecieron conceptos de ajustes y privatizaciones de empresas del Estado como forma de mejorar la economía nacional, pero recién en 1989, Carlos Menem llevó a cabo la privatización de Somisa, lo que devino en la eliminación de puestos de trabajo en nuestra zona, dejando a una sociedad dolorida e impactada por la inseguridad diaria en su labor, o de su falta de labor.


En 1985 aparecieron conceptos de ajustes y privatizaciones de empresas del Estado como forma de mejorar la economía nacional. Se recomendaba, en el sector siderúrgico, mantener activo en Somisa un alto horno, un Convertidor LD, cerrar los hornos Siemens Martin y discontinuar la producción de perfiles, rieles y palanquillas, medidas que originarían una reducción de 7000 puestos de trabajo en el pago de los Arroyos. En 1986, el presidente Alfonsín anunciaba medidas para “crecer con estabilidad”, y aparecía la transferencia, al sector privado, de la Empresa SOMISA. Ante esa acción, el 2 de abril el pueblo nicoleño se volcó en las calles para ejercer la firme convicción de luchar por sus intereses. Hasta 1989, la transferencia no se efectivizó, y el 14 de mayo el presidente Alfonsín sufrió una derrota electoral que le hizo resignar su mandato. El plan de eliminación de 7000 puestos de trabajo en Somisa no se había llegado a cumplir.
En julio de 1989, asumió como Presidente de la Nación Carlos Menem, de distinto origen político, pero que llevó a cabo el mismo plan de 1985, la eliminación de puestos de trabajo en nuestra zona, hecho que llevó a decir al intendente de San Nicolás, el Dr. Luis Di Rocco, que sentía la sociedad dolorida, impactada por la inseguridad diaria en su labor, o de su falta de labor. En 1999, Carlos Menem finalizó su mandato, incapaz de cumplir promesas que lo habían llevado al poder. Dejó desempleo, una deuda externa sideral y una tremenda demanda social insatisfecha.

“Nuevas estructuras y fuerzas sociales”
En su obra “Historia Social de la Argentina Contemporánea”, sobre Sindicalismo Empresarial Moderno, nos dice Torcuato S. Di Tella (1998), que en San Nicolás de los Arroyos, desde hace años, “se ha consolidado un sindicalismo dentro de lineamientos más clásicos, dirigido por Naldo Brunelli, firmemente peronista, quien nació en Misiones, donde su madre, una nicoleña, había emigrado y se había casado con un miembro de las fuerzas de seguridad, de origen italiano. Su nacimiento, como él lo cuenta, fue un verdadero "parto de los montes", en el sentido literal de la palabra, dadas las condiciones inhóspitas en que ocurrió. Luego la familia volvió a San Nicolás y Naldo comenzó a trabajar en Somisa, donde pronto ascendió en la seccional, dentro de pautas peronistas tradicionales.
“Se considera discípulo de José Rucci, a su vez heredero de Vandor, asesinado por los Montoneros en 1974 –describe Di Tella–. Para ese entonces, Brunelli era dirigente reconocido de la familia metalúrgica de San Nicolás y estaba involucrado, como todo el mundo, en la violencia de la época, aunque la mayor parte de los observadores afirman que evitó los peores excesos”. “Después del retorno a la democracia, Brunelli nuevamente fue elegido secretario general del gremio. Para todo líder sindical, en cualquier país del mundo y en particular en la Argentina, es central el problema de cómo manejarse ante los posibles picos locales de activismo, que pueden fácilmente influir en una asamblea y obligar a adoptar una política poco prudente, distinta de la aconsejada por los órganos permanentes de la institución. Los muchos años de gobiernos militares y de intervenciones han agravado el problema. Desde la óptica de los militantes, los ‘burócratas’ venden los intereses de las bases, pero ellos responden que seguir cualquier veleidad de una mayoría asambleísta puede generar un zigzagueo que a la postre destruya al movimiento. De hecho, los ‘burócratas’ son algo más que eso, y se las arreglan, en muchos casos, para mantener un fuerte predicamento entre los afiliados. Aunque puedan ser abucheados en asambleas o a la salida de las fábricas, en general siguen ganando elecciones, incluso con garantías democráticas, que se imponen como resultado de la vigencia de un estado de derecho”.

La privatización
“Por lo que se refiere a la política de privatización, -un hecho que causó conmoción en San Nicolás de los Arroyos de fines del Siglo XX, cuando ocupaba la Presidencia de la Nación Carlos Menem-, en un cierto momento el encargado de llevarla a cabo en Somisa, fue el exsindicalista de los plásticos Alberto Triaca, un hombre con mala imagen, quien despidió a gran número de empleados, unos 7000 en pocos meses, con lo que produjo un serio enfrentamiento, aunque las fuertes sumas pagadas en indemnizaciones suavizaron el golpe. Se realizaron de todos modos numerosas asambleas y reuniones de protesta en septiembre y octubre de 1991. El 17 de octubre, una gran demostración se realizó en la Capital Federal, por parte de obreros llevados desde San Nicolás y otros pueblos vecinos, que se reunieron frente a la Casa Rosada, junto con gran parte de la militancia de la izquierda porteña. Mientras todas estas personas estaban en la Capital, se enteraron de que la Gendarmería había ocupado la planta para impedir que lo hicieran los huelguistas. Los viajeros decidieron volver de inmediato y sumarse a la concentración que ya se estaba realizando frente a las puertas de la empresa. De hecho, hubo participación de pequeños grupos trotskistas, pero también de otros igualmente pequeños pero más influyentes de curas tercermundistas. El obispo de San Nicolás se hizo presente respondiendo al pedido de que oficiara una misa. En días sucesivos muchos sacerdotes jóvenes también celebraron misas en el campamento que se estableció en el lugar y que fue respetado por la policía. Un gran cartel, que representaba una horca esperando al cuerpo de Triaca, fue retirado y reemplazado por una imagen de la Virgen María".

Violencia
“Había una clara posibilidad de que los extremistas aprovecharan la situación y convencieran a la gente de que empujara las alambradas y entrara en la fábrica, causando, sin proponérselo, una masacre, pero Brunelli los disuadió. En un cierto momento tomó la decisión arriesgada de entrar en la acería, junto con algunos técnicos de la empresa, para controlar el fuego en los altos hornos y evitar daños irreparables que el hecho causaría, mientras pedía a la gente que esperara pacíficamente su regreso. Una vez dentro de la fábrica, la Gendarmería lo arrestó, y lo detuvo unas pocas horas. A pesar de esta provocación, no hubo violencia, y, cuando volvió al día siguiente, pidió a todo el mundo que regresara a sus casas, ya que cierto tipo de arreglo se estaba elaborando”. “Una confrontación violenta había sido evitada. Algunos críticos de Brunelli afirman que provocó su propia detención como manera de desorganizar al movimiento, al mismo tiempo que aparecía como víctima. Es una hipótesis un poco extrema, porque lo que se jugaba era mucho. Pero sea como fuere, su popularidad y capacidad directiva quedaron por el momento muy consolidadas”. “En 1992 hubo otra huelga, contra reducciones de personal dictadas por la interventora María Alsogaray. Finalmente llegó la privatización y Somisa fue rebautizada Siderar. Los nuevos dueños completaron algunos despidos más, pero desde entonces han mantenido constante la fuerza de trabajo, ahora reducida a unas 5000 personas, mas otras con contratos temporarios”. “Cuando la planta de acero fue privatizada, se pensó en dar a los trabajadores una participación en la nueva estructura de capital. Los empleados tuvieron la opción de convertirse en miembros de un club de inversión, llamado Inversora Siderúrgica, dirigido por un hombre de Brunelli, Francisco Cudós, que de esta manera pasó a formar parte del Directorio de Siderar”. “Este apoyo dado por Brunelli al Programa de Propiedad Participada (PPP) no es el único caso de lo que podríamos llamar "sindicalismo empresarial" que lo caracteriza. Sus áreas de interés son múltiples: ha ubicado a uno de sus hombres en el Directorio de Siderar, con lo que obtuvo importante información interna de la empresa; se ha instalado una Fundación Acero; la obra social local tiene un buen hospital y otros servicios médicos; el Instituto Fray Luis Beltrán, que ha creado una escuela técnica con fondos sindicales, y realiza otras actividades culturales”. Respecto de sus esfuerzos educativos, dice que todo el mundo debería salir de la escuela sabiendo al menos dos cosas: inglés y computación. Afirmación razonable aunque discutible, y decididamente innovadora con respecto a las tradicionales actitudes difundidas en el movimiento obrero peronista”.
Ante estas Nuevas Estructuras y Fuerzas Sociales, que Torcuato S. Di Tella ha enfocado en su obra, quedan materias pendientes. “Es posible preguntarse: ¿quién va a implementar los cambios?, ¿los políticos? Es cierto que los políticos no pasan, al finalizar el siglo, por una etapa de prestigio, pero sus debilidades son parejas a las de la mayor parte del público que se especializa en quejarse de ellos y que debería empezar por fijarse en la viga en su propio ojo. Es que arreglar y mejorar el elenco de los dirigentes políticos no es un problema de ellos. Es un problema nuestro”.

Autores: Santiago Chervo (h) - Miguel Ángel Migliarini
Fuente: Historia de San Nicolás de los Arroyos y su Pago.