Juego de espías


Cae el servicio secreto de su Majestad, los garantes del capitalismo patriota, del derecho de cualquier empresario a tomar préstamos del Estado, quebrar la empresa, echarlos a todos y fugarla al extranjero como marca la Constitución. Los zapatófonos resuenan, hay corridas, miedo y desesperación, quedar en cana es una pesadilla muy real, pero solo el corazón es el que muere de verdades desnudadas por la mentira.


Germán Rodríguez
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Joven argentino que terminaste tus estudios y te encuentras con que el mercado laboral para un chicuelo como tú es inexistente y que ni siquiera podrás rasguñar algún billetín como tarjetero de boliches, porque el apocalipsis pandémico va a llevar la apertura de lugares bailables a vaya a saber cuándo (profundo dolor), que lo único de divino tesoro que tiene la juventud es como rebotás en todos lados, porque si algo no hay en estos momentos es laburo y que de seguir a este ritmo estadístico cada vez va a ser peor. Ni siquiera esos explotadores que hacen trabajar a los pibes en negro por dos mangos y los echan sin pagarles ni un peso, tienen espacio en sus talleres de esclavos para contratarte. ¿Pensaste en ofrecer tus servicios a la patria M?¿Estás aburrido de rascarte el ombligo y no tener ni un mango para la birra que tenés que comprar a escondidas porque si la policía te agarra boludeando fuera de hora te la ponen? ¿Estás podrido de ser un salame?
Hay un mundo de acción y aventura que te espera y que por dormilón estas dejando pasar. Sí, estamos hablando del fabuloso mundo del espionaje, podés ser el nuevo James Bond, la megabestia secreta y rodearte de mujeres bellas, vivir increíbles aventuras, viajar a lugares exóticos, como Theobald, Pavón, el molino de Santa Clara, usar barbijos con micrófonos, zapatófonos y toda la más avanzada tecnología para detectar a los enemigos del Estado libre. Como en los 80, el comunismo avanza a pasos agigantados y son pocos los combatientes que le hacen frente, como esos que detuvieron la toma de Vicentin, una empresa de gauchos, tangueros y patriotas que defienden con uñas y dientes su derecho a tomar préstamos impagables, quebrar la empresa, echar a todos sin un mango y fugar los dólares al extranjero como bien marca la Constitución.

Lo que dicta el corazón
Mauricio carraspea y sentado en su sillón lee los informes que le acercan desde su minicentral de Inteligencia, revisa página por página, letra por letra, pero no encuentra lo que busca, lo que lo desvela. No le importan los gritos ni los llantos de desesperación dentro de las oficinas, ni que algunos agentes estén prendiendo fuego documentación, quemando evidencia, porque todo se está pudriendo y empezaron las detenciones a mansalva, se cae el castillo de naipes de los superespías, los micrófonos no estaban tan bien escondidos y los de Control argentino empezaron a derrumbarse. Caos parece que gana nomás. Igual Mauricio está alejado de todo, abstraído en su pensamiento cuyos vericuetos de estadista solo algunas mentes privilegiadas pueden comenzar a desenmarañar. La mirada del león de las pampas se levanta e ignorando a la secretaria que se desgarra las vestiduras asegurando que van a ir todos en cana y que por qué te hicimos caso, llama a un agente “¿Dónde está lo de Juliana?”. El secretario venía con un informe de futuras empresas que la Gestapo de Kicillof quería expropiar, pero lo guardó porque sabía que el tema que en realidad pedía el Mauri era escabroso: “No, nada, todo bien con la señora, no sé tampoco”.Mauricio como potro enjaulado, bestial estadista, bailador excelso, saltó sobre el escritorio: “Sabés algo, guacho, sabés algo y no me lo decís”.El joven agente de grandes gafas, acné incipiente, perito mercantil recién recibido que se dejó seducir por los anuncios de Peña y que le encantaba ser troll, pero las aventuras de superagente eran más atractivas, y aparte le habían dicho que había más guita, no se atrevía a contestar: “Hay cosas que mejor no saber, jefecito”.Mauricio en esa no respuesta entendió la verdad. Él había montado esa agencia de espionaje para saber qué hacia Juliana, cómo se portaba la primera dama, el resto de sus funcionarios le dieron una impronta de vigilancia extrema, pero sus motivaciones fueron el amor y los celos. Las pulsiones que mueven al hombre, el amor y la muerte son las que nos definen. Terminarán todos en cana o no, no se sabe. ¿Es una venganza del kirchnerismo? Probablemente, porque esos juegos del poder se juegan así, pero en el fondo de todo siempre es un corazón roto.