La salud mental, en etapa de confinamiento


Por María Eugenia Oviedo (*)
Especial para Diario EL NORTE

En términos multidisciplinarios como Derechos, humanos, ambientales y epidemiológicos, también existe la Salud Mental. Ínfima capacidad del ser humano para actuar y defenderse, vulnerablemente. Aquí surge esta postura como un derecho, fundamentado en el campo de los derechos humanos.
Esta fragilidad nace del vínculo individuo-colectivo: relaciones sociales, vínculos afectivos y ociosos, relaciones mutables constituidas en base de poder.
En este contexto de confinamiento, casi insostenible para la mente vulnerable, se puede relacionar con el deterioro de los derechos sociales, civiles que convierten al ser humano frágil dentro de un grupo colectivo. Esta vulnerabilidad se articula y se condiciona a problemas psicológicos, culturales, morales, judiciales y económicos, integrados en lo cotidiano.
En salud mental la vulnerabilidad de las personas afectadas con trastornos de ansiedad, trastornos mentales leves o severos, adicciones, y otras psicopatologías, todas comparten un desafío constante. ¿No les parece preocupante el aumento de psicopatologías en etapa de confinamiento?, ¿no les parece preocupante en la actualidad la calidad y el funcionamiento de prestaciones de los efectores sociales públicos y/o privados en cuestiones de salud mental?
Algunas personas son más vulnerables que otras, se enfrentan a la discriminación, exclusión, ‘bullying’, abusos, violencia familiar, intrafamiliar y de género, posición socioeconómicas, restricción a los derechos civiles y escasos accesos a los servicios de salud mental. Se enfrentan barreras a diario, desproporcionados, generan autodesconfianza, y en particular, considero que este concepto de vulnerabilidad supera al preconcepto fundamentado en la identificación como grupo de riesgos de salud mental.

Cambiar el enfoque
“Enfermedades modernas”, a boca de jarro, como si no fueran importantes. Cuidar la salud mental, es como controlar la presión arterial, y controlar a diario la glucemia. Empecemos a cambiar el enfoque y démosle la misma prioridad lineal como cualquier otra enfermedad. Tengan en cuenta que la vulnerabilidad tiene autonomía y se expresa en la práctica. Para los actores sociales puede ser un mecanismo para lidiar con la realidad, con su propia fragilidad, creando condicionamientos conscientes o inconscientes.
El derecho de recibir una tratamiento digno y accesible lo exige la ley (Ley 26.657, derecho de protección de Salud Mental), los efectores de salud públicas y/o privadas deberían adecuarse empáticamente a este contexto que estamos atravesando, que arrastran a las condiciones socioeconómicas, al igual que otras patologías y que ya no se resisten. Para concluir, “si la mente funciona bien, el cuerpo funciona bien”.

(*) Concejala Juntos por el Cambio