Tin, tin, tin, gol de Vicentin 


Marchan por Plaza Mitre, a bocinazos limpios con una consigna no muy clara, que está llena de contradicciones y falacias, pero basadas en un ideal. ¿Van por la propiedad privada? Dejate de joder, Gladys, que nadie te va a expropiar tu currito de vender Avon. El tema de Vicentin fue una pésima idea lanzada en un contexto de crisis y pandemia, donde las ideologías de los setenta vuelven con un reciclaje posmoderno contaminado por las redes sociales.


Germán Rodríguez
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Dicen que para entender la historia hay que tener en cuenta los contextos y las circunstancias. Cuando el tiempo pase, el año 2020 quedará marcado por la cuarentena inédita y nunca vista que despedazó el mundo y que muchos consideran que traerá un nuevo orden mundial, mientras que una buena porción cree que no va a pasar nada salvo estar todos mucho más pobres, y como diría Inodoro Pereyra: pero acostumbrados.El sábado una sorpresiva manifestación tuvo lugar de forma multitudinaria en Santa Fe y se replicó en menor escala en todo el país, con ciudadanos tocando bocina y protestando contra la expropiación de la empresa Vicentin. El broche de oro fue la aparición de uno de los dueños, que haciéndose el Perón le agradecía al pueblo su incondicional apoyo.
En lo personal me dio urticaria ver cómo un gaucho en un 147 llevaba un cartel de “Todos somos Vicentin”. No, crack, barrilete cósmico, querido amigo inocentón, Vicentin pasea en yate y tiene más deudas con el Estado y los productores de la región que la selección del 2002 con la esperanza de los argentinos (apurate, Verón). Pero bueno, hay un miedo, digámosle errado o real, la historia dirá, o no, porque si algo tenemos en cierto es que solo sabemos que no sabemos nada, de que este Gobierno quiere seguir el camino de Venezuela. Si es por el clima caribeño y las esculturales mujeres, no hay problema, pero eso es tan improbable como querer poner en igualdad de condiciones a dos economías, políticas y sociedades completamente distintas. Ese eslogan se hizo popular en época de campañas y mucha, pero mucha gente, lo compró. En eso Durán Barba, el monje negro de Macri, era un genio.

Ustedes también…
Ahora, que el Gobierno ayuda a que la gente diga lo que diga, la verdad que ayuda. Fuera de la discusión si está bien o mal expropiar una empresa en las condiciones de inviable que tiene Vicentin y el miedo de que cierren y despidan masivamente a sus empleados, que tampoco se tiene una certeza de si es o no así, porque algunos te dicen que la empresa da ganancias y otro que está en la quiebra y pareciera que los dos tienen razón, lo que nos deja más enredados que Hamlet con la calavera preguntándose sobre el ser. Lo que sí, y acá acompaño con un ejemplo muy bueno que se lo robé a Pacheco (viste, Gustavo, que me acordé de vos), es que si el Gobierno está sospechado de querer volcarse al comunismo, en este momento de vacas flacas e infectadas, no parece buena idea salir con lo de la expropiación. Por ahí en otro contexto la cosa cambia, ¿pero justo ahora? Qué puntería, viejo. Es como si una persona está acusada de alcohólica y ella lo niega, el día que lo vean sirviéndose un fernet ya van a saltar a decirle que volvió el borracho a hacer de las suyas. Dicho sea de paso es lo que le pasa a la Pato Bullrich, que siempre que agarra un tintillo hay algún fotógrafo desgraciado que le saca una foto y después la vemos en la tapa de los diarios, en memes, y por supuesto, en stickers para Whatsapp.

Nuestro amo juega al esclavo
Alberto baja de popularidad y era esperado después de tres meses de cuarentena, crisis económica y existencial. Ahora, sin comerla ni beberla, en una medida muy aplaudida por un sector y muy repudiada por el otro, aparece esto de la expropiación. ¿Peligra la democracia y la propiedad privada con esto? Seguro que no, el parripancho está asegurado. Pero así, por apurados, se instaló esa idea en la cabeza de un sector de la sociedad que nos recuerda que la grieta existe, está ahí presente y dividiéndonos como siempre.La Justicia debería mover las tabas, evitar que se vuelen los patos y decidir qué hacer con todas las causas que tienen en la mira a ese grupo empresario, que ahora, en una lotería loca de la vida, resultan ser los padres de la propiedad privada y de la libertad individual.Pero como les diría el general Belgrano en el año de su bicentenario: “Mejor paguen lo que deben, chantas, que nos comen los piojos”.