Made in San Nicolás 


San Nicolás es tan antigua que tiene alma en su historia, en esta tierra lisa besada por el río hay memoria, recuerdos, amor y prejuicios. Acá los barrios son estados y las canchas, terrenos de batalla; no existen direcciones, sino referencias. Es donde somos y nos conocemos. Tenemos amores, dolores y amistad. Estamos hechos de leyendas, monumentos y altares que se pierden cuando cruzamos sus fronteras. Los jóvenes eligen emigrar, pierden la magia, la ciudad se vuelve vieja y como si se tratara de Macondo nos condenan al olvido.


Germán Rodríguez
diarioelorte@diarioelnorte.com.ar

Que Rosario es más atractivo no hay con qué darle, una ciudad grande, moderna, imponente, de oportunidades y opciones. Está tan cerca que quedarse allá para supuestamente crecer y desarrollarse parece tentador. Entonces los números marcan que mientras la cantidad de habitantes de otras ciudades crece, San Nicolás se estanca, se queda con los que ya están y las nuevas generaciones, cuando pueden, buscan su destino afuera.Yo sé que no tenemos todo, pero por ahí tenemos demasiado y no lo vemos, nos cerramos y olvidamos rápido.
San Nicolás es vieja, tan vieja como la historia y las casas de frentes coloniales nos lo recuerdan. Hay mitos que nos forjaron, hay ilusiones y fantasmas que sostienen los cimientos. Acá alguna vez, en plena guerra de revolución, vinieron los realistas a saquear y fusilar héroes perdidos en el olvido, o en otra época de enfrentamientos civiles, de hermanos criados por el odio fuimos sitiados y bombardeados, bautizados de humo y fuego. Acá se regó sangre para formar esta cosa llamada ‘la patria’, dimos soldados a todas las guerras y mártires a todas las causas. Ejércitos cruzaron estos parajes y soñaron los sueños que los espíritus de este río traicionero les inculcaron.

Almas
Ahora está difícil, no hay agua casi, pero pasear por las barrancas, el parque Aguiar, sentir ese olor a río y viento enmarañado de islas que saben a gastado, es todo un viaje. Percibir el pasto húmedo, jugando entre los dedos con la cañita apuntando a las aguas marrones y rogando por algún pez distraído no es una pavada, hay gente que viene de muy lejos por algo así. Es un contacto con la naturaleza y con algo adentro que se nos habrá distraído y nos cuesta encontrar. Está linda la costanera, y si la caminás, de seguro te vas a cruzar con un amigo, un pariente, un conocido, porque seremos ciudad, pero nos conocemos todos y sabemos lo bueno y lo malo que tenemos. Somos una ciudad de barrios, más de cien formas de vivir y entender esta tierra. No es lo mismo un pibe de Somisa que uno de Las Flores, Las Mellizas, Los Fresnos, el centro, Mitre o Provincianos. Crecimos de canchas de tierra y desafíos, somos de un tiempo donde las distancias se antojaban eternas porque las caminábamos.

Conocernos
Acá te conocen todos y te puede dar bronca eso, pero qué lindo es ver un rostro familiar entre tantas máscaras desconocidas. Acá sos ese que fue a tal o cual escuela, que vive en tal o cual barrio y todos se pueden identificar porque todos se conocen. En San Nicolás no se sabe de nombre de calles, y menos con esa boludez de cambiarle la identidad en medio de la ciudad y marear tanto a propios como a extraños (o sos Rivadavia o sos Sarmiento, decidite). Acá las direcciones son referencias, de tal o cual plaza, del tanque, del ombú en su época, del Citex, del Café, de la Municipalidad a tantas cuadras... San Nicolás es eso, es identidad, es memoria.Y la gente es como es en todos lados, hay buenos y malos, hay tipos realmente jodidos y hay personas que de solidarias se les va la mano. Tenemos los pibitos pidiendo entre las mesas ante la indiferencia de esos que ya conocemos, que siempre estuvieron y que les gusta mirar y que los miren, mientras al lado un paisano, un resabio de hormiga negra, les acerca un plato de comida a los guachos que conocen lo feo del pago de los Arroyos.

Volver
Estamos marcados por el acero de Somisa, que hizo gigante este rincón en los cincuenta, y el Santuario de la Virgen, que nos dio fe y mística. Somos el río que nos identifica, pero en el que no se puede nadar porque, como si fuera una maldición de los pueblos originarios, nos vigila y nos mata. Está si querés la histórica Casa del Acuerdo, que no se entenderá muy bien por qué es histórica, pero de alguna manera dejó un símbolo de una época en donde se mataba y se moría para forjar algo. Tenemos dónde escapar y tenemos sobre todo nicoleños, esos con los que te criaste, te hiciste amigo, te peleaste. ¿Cuántas veces habrás estado en Capital o en Mar del Plata, o en Rosario, y te habrás cruzado con un conciudadano al que ni siquiera registrabas acá, pero cuando se ven afuera casi que se abrazan de alegría?Dale, flaco, es verdad, acá no tenemos universidades grosas todavía, hay muchas carreras, eso sí, pero si decidís ser doctor o abogado y te tenés que ir, después volvé, trabajá acá, formá tu familia en este lugar, mostrale a tus hijos dónde jugabas, dónde salías, dónde te enamoraste, formá raíces en tu tierra, amá este paraje perdido en el límite de Buenos Aires y Santa Fe. Volvé. Y si sos doctor, ayudá a los tuyos, acá te conocemos, acá y solo acá vas a ser vos.