A los periodistas, salud 


Hoy el periodismo celebra su día, a la distancia por la pandemia y con muchas palabras arrojadas impunemente, lanzadas como piedras que rebotan, rompen, informan, desinforman y en esta época tan extraña, de susceptibilidades a flor de piel, debe reflexionarse, ver en qué se convirtió, cómo lo transformó la cuarentena. Nunca los amores y odios fueron tan claros. Nunca la verdad fue tan desconocida.


Germán Rodríguez
diarioelnorte@diaioelnorte.com.ar

Soñó una verdad, la sintió fuerte, palpable, pero muy dolorosa, porque la verdad duele y desnuda. Era tan agria, tan cruda, que quiso que cambie, y sin su permiso la transformó, la hizo suave, querible, la llenó de tantos adjetivos que la perdieron, la enredaron en un laberinto del que tiraron la llave. La verdad, como el minotauro, quedó encerrada en el centro de esa cueva de múltiples puertas donde olfateó la sangre, el miedo y esperó. Son miles los caminos que se pierden en la verdad, tantos como quienes la buscan y cada uno encuentra una copia diferente. Él soñó con esa verdad rumiando en el infierno, escarbando las pezuñas en una tierra húmeda, maleable, con ojos rojos de bestia imparable. Soñó y la fue a buscar, sabiendo que cuando soltara la verdad sería una topadora que arrasaría con todo, que probablemente causaría daño, pero también sabía que esa verdad cruda era necesaria.

Hablemos
La verdad, solo la verdad y nada más que la verdad, jura y miente el acusado al mentiroso. Cada vez que se habla sobre periodismo, algún descolgado pregunta por la objetividad y todos terminan filosofando, debatiendo y concluyendo siempre en lo mismo, que ya casi da vergüenza tener que andar repitiendo tanto, de que la objetividad no existe, porque somos seres subjetivos desde el momento en que nacemos, que nos forjamos con influencias culturales, sociales, políticas e ideológicas. Ninguna historia se repite y somos el producto final de esa amalgama de sucesos con los que el mundo nos pateó, desde el club del que somos hinchas, hasta los amores, ya sean tanto los correspondidos como los dolorosos rechazos. Y todas esas cositas que nos fueron machacando la cabeza nos transformaron, para bien o para mal, en lo que somos y por ende la visión que tengamos de cualquier suceso estará definitivamente impregnada por nuestra susceptibilidad, desde un simple choque de autos, hasta el advenimiento de cualquier medida económica, sea del color que sea.
Esta noble profesión es la búsqueda de la verdad y esa verdad, que estará empapada de la visión de quien la refleja, es la que debe ser mostrada, sin tapujos, sin medias partes, debe ser un reflejo sincero de la visión del periodista, que, amén de lo que vea o crea ver, debe ajustarse a su sinceridad, debe reflejar lo que vio o investigó, y es en esa sencilla y cargada de lógica acción donde discurre el periodismo.Ser leales a uno mismo, con lo que ello implica, con lo que se arriesga a veces, es lo que se espera del periodismo. La verdad, ya sea parcializada o reestructurada, tiene otro nombre, algunos lo llaman periodismo corporativo; otros, periodismo militante. Pero, obviamente, lo que sobra ahí es la palabra periodismo.

Muy novedoso, che
El periodismo hoy en día se encuentra discurriendo en una guerra mediática de dos elefantes dentro de un bazar. La grieta que discurre en medio de este apocalipsis de virus, barbijos y medias verdades, grita, pelea, discute, se enamora y odia con una sociedad dividida en dos que se fanatiza por un discurso u otro, ambos adjudicándose hablar en el nombre de “la gente”. Pero al final, ¿quién es “la gente”? ¿Quién es la nueva “doña Rosa”, el famoso “pueblo” al que se cita de un lado y del otro? Ahora pareciera que la Argentina está partida en dos, todo tiene dos caras, el dólar tiene dos caras, la economía tiene dos caras, los famosos tienen dos caras, las monedas tienen dos caras, hay un enemigo de Batman que se llama dos caras ¿Y el periodismo dónde está? Porque vemos mucho reproductor, vocero, explicador, comentador, pero ¿periodistas? La verdad parcializada no es verdad, es versión interesada que con lindos moñitos nos quieren vender como “neoperiodismo” y el único Neo que conozco es el de Matrix.Esta profesión juega con las palabras, las transforma, las reconstruye y las rearma en conceptos destinados a generar opiniones y es por eso que en este lindo entramado de letras renegadas quiero decirles que el llamado “periodismo militante” es una cagada, y el “periodismo corporativo” es una meada desperdigada sobre los anteriores excrementos. En fin, mi humilde opinión. Feliz día para todos mis colegas y que sea lo que Dios quiera.

FOTO: Periodistas en la posmodernidad.