Historia de San Nicolás: los primeros nicoleños de verdad


En el libro “Historia de San Nicolás de los Arroyos y su Pago”, redactado por Santiago Chervo (h) y Miguel Ángel Migliarini y distribuido por diario EL NORTE se recogen distintas fuentes que dan una idea de quienes fueron los primeros habitantes de estas tierras. Algunos estudios permiten suponer que la presencia de humanos en la región norte de Buenos Aires se dio a partir del límite Pleistoceno – Holoceno (unos 10.000 años atrás).


En los ambientes de humedales del actual delta se verificó en los últimos 10.000 años una serie de drásticos cambios: primero se dio una gran reducción de caudales, luego el nivel del mar se elevó más de 6 metros sobre el actual. Por otro lado, en los ambientes de la pampa ondulada, aun sin sufrir esas grandes modificaciones, no es probable hallar sitios arqueológicos: habitados probablemente por grupos de cazadores recolectores simples, pequeños y muy móviles, sus campamentos resultan arqueológicamente invisibles, salvo los reocupados sistemáticamente (Brooks y Yellen, 1987, en Loponte, 2007).

Cazadores-recolectores
A partir de una revisión de fuentes etnográficas y arqueológicas se puede pensar que los primeros pobladores americanos se caracterizaban por desarrollar una economía de subsistencia basada en la caza y la recolección, actividades que se constituyeron en dominantes, aunque no exclusivas. En este sentido, una constante movilidad, así como un amplio conocimiento de los distintos ambientes, configuraron la cotidianeidad de las poblaciones. Estos grupos se desplazaban en bandas de menos de treinta individuos, los cuales se encontraban unidos mediante lazos de parentesco.Dentro de este marco de expansión y colonización de una amplia diversidad de ambientes, los registros muestran que hace unos 2.000 años ya se habían instalado poblaciones humanas en la región.Este proceso habría sido posible a partir de los grandes cambios ambientales ocurridos en esa época, entre los que se destacan la paulatina disminución del nivel de las aguas marinas y el establecimiento del clima actual.
Con las condiciones así establecidas, los grupos comenzaron a dispersarse por los diferentes ambientes. En esos tiempos comenzó a generarse en el Delta del río Paraná y los Bajíos Ribereños adyacentes una confluencia de corrientes culturales, dada por la facilidad del acceso por tierra y por agua, lo que ocasionó la complejidad que ponen en evidencia los yacimientos estudiados.Mediante la información aportada por la excavación de numerosos sitios en la zona déltica del Paraná, los estudios arqueológicos proponen la existencia de una tradición cultural a la que se ha denominado Ribereña Paranaense y de una entidad cultural llamada Ibicueña, las cuales se entroncarían con posteriores pueblos presentes en la región, al momento de la llegada europea como los Chaná-Timbú y los Mbegua. El común de las veces, el registro de los sitios de la región está compuesto por una gran cantidad de fragmentos de cerámica, así como también por una acumulación de restos óseos de toda variedad, perteneciente a fauna ribereña y valvas de moluscos de río, utilizadas como alimento y/o adorno.En muchos casos, en los niveles inferiores de los albardones se encuentran enterratorios humanos. Todo ello indicaría que los sitios fueron utilizados para múltiples actividades, tanto de subsistencia como rituales. Estos espacios se conectaban entre sí por vías permanentes o semi- permanentes de navegación. El traslado mediante canoas se convirtió así en un elemento fundamental para las estrategias de asentamiento y aprovechamiento del paisaje que desarrollaron estos grupos.

Tradición cultural Ribereña Paranaense
Al interior de esta tradición es posible identificar a la entidad cultural conocida como Goya - Malabrigo, la cual representa una construcción arqueológica, con la carga de subjetividad que ello implica, y que engloba una serie de elementos característicos de los pueblos del río.Goya - Malabrigo presenta una gran vinculación con el ambiente de islas y costas bajas e inundables, del que raramente se habrían apartado sus integrantes, lo cual se encuentra reflejado en la característica realización de apéndices zoomorfos (cabecitas de aves, básicamente loros) en sus vasijas cerámicas.Por lo general se asentaban en las cercanías a lagunas y esteros, habitualmente en pequeñas elevaciones naturales parcialmente incrementadas por la acción humana. Un gran porcentaje de los sitios arqueológicos identificados con esta entidad evidencian la realización de múltiples actividades.La evidencia arqueológica hallada en diversos sitios permite pensar que estos grupos basaban su economía en la pesca con aparejos compuestos por pesitas de cerámicas o piedra, y anzuelos de hueso o con redes y arpones. Actividad que se complementaba con la caza mediante arco y flechas de punta de hueso.Por otro lado, se ha postulado la existencia de cadenas de intermediación que permitían el intercambio con los pueblos del Noroeste argentino de productos típicos de esa zona del país, como por ejemplo plaquetas de cobre. Por lo general enterraban a sus muertos en los mismos sitios de habitación.Entidad cultural IbicueñaLos sitios característicos de esta entidad cultural se han hallado, generalmente, en los llamados “cerritos”, es decir, sobre albardones u otro tipo de elevaciones naturales, con un incremento en su altura por la acción humana. Las dimensiones de estos montículos elípticos o circulares varían entre los cincuenta y trescientos metros de largo y uno o dos de alto.Es habitual el hallazgo en estos sitios de instrumentos de hueso en variada y buena calidad de construcción. Por su parte, la esporádica presencia de piezas de cobre puede estar evidenciando la existencia de comunicaciones e intercambios con los pueblos del Noroeste del país.


FOTO: Arpones de hueso hallados en sitios arqueológicos del Delta del Paraná. (Foto: D. Loponte).