Crisis existencial en el vacío de las calles 


Domingos vacíos de silencio y nostalgia, de miradas tristes por la ventana, de plazas sin risas de chicos, sin madres mateando en el pasto y contándose las historias diarias de alegrías y enojos, sin viejitos en los bancos jugando con los recuerdos. Hoy estamos vacíos de todo y llenos de nada, de frases hechas y sin sentido en un tiempo que nos pasa angustiosamente.



Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

Podemos decir que vivimos en una tristeza que inunda el pecho, que no se puede describir con palabras, a la que algunos llaman ahogo, como una falta de aire que sacude el corazón y atropella la razón. Nunca el domingo es tan domingo ni los días son tan fin de semana. Plazas sin risas de chicos, sin madres mateando en el pasto y contándose las historias diarias de alegrías y enojos, no hay un viejito recostado en el banco recordando otra épocas, esforzándose con la memoria para no perder definitivamente ese beso de un tiempo que de tan lejano parece un invento de los recuerdos, algo que le contaron y le sucedió a otra persona. No está el flaco de la pochoclera sacando números en la cabeza y calculado cuanto gastó ni cuanto ganó, ni siquiera están esos amigos desubicados que se abrieron la heladerita y sacaron dos birras para acompañar la pelea de fútbol, porque hoy los River Boca son un cuento que nos contábamos de chicos y que servían para llenar horas de tedio.

Tus arterias
Calle Mitre, de historias y pesares, un homenaje antiguo a un general que venció a otra calle que la corta como un tal Urquiza de una era de solemnidad y engaños. A veces hay largas colas de sonámbulos de rostros cubiertos y silenciosos controlados por la policía, rogando ganarles a las deudas y poder sacar algún mango de los cajeros. Tan cerrada la calle, tan de locales vacios y silencios cortados por algún que otro auto que pasa supuestamente con los pocos que pueden trabajar y otros tantos de los que se le escapan un rato a la cuarentena e infringen la ley esa que no entienden.Cuando Mitre choca con la plaza dan ganas de llorar, de putear al infinito. No hay nadie sentado en los bares, no hay nadie en ningún lado, tiendas cerradas, esa peatonal trucha vacía y cientos de palomas que se adueñan del cemento. Algunos dicen que ahora hay más pájaros por que hay menos contaminación, pero tal vez siempre estaban y no los veíamos.
Posiblemente el ritmo de la vida diaria nos hacia ignorar las pequeñas cosas y no nos importaba la naturaleza, salvo la supervivencia. Éramos micro universos que chocaban con otros planetas y nos relacionábamos desde un cosmos distinto e interconectado que ignoraba por dónde andaba.

Tu río
La escalera de la bajada de Belgrano se ve infinita, eterna, cientos de escalones que se antojan miles y parecen un túnel sin final, repetido, angustiante. Nadie subiendo, nadie bajando, nadie corriendo, haciendo deportes o simplemente hablando consigo mismo.Abajo el río golpea con ahínco y poca agua, deseoso de más lluvias que le devuelvan la vida. Un silencio espantoso, una quietud de viento silbando en la arboleda. Eso que algunos llaman paz pero otros entienden como el preludio de la guerra de los pobres. El remanso que besa la orilla es un nudo de nostalgias, es un viaje en el tiempo, es ver las mismas aguas de hace miles de años cuando el hombre estaba conectado de otra forma al paisaje, cuando los animales salvajes eran los amos de la tierra y no había un ruido de escape rotoso arruinando la quietud.

Tu nada
Estamos vacíos de todo y llenos de nada, de frases hechas y sin sentido de un tiempo que pasa angustiosamente. Los más grandes se sienten más viejos sintiendo que las horas pueden ser perdidas, como si lo que hacemos fuera un antídoto para la muerte. Hoy la soledad y el vacío nos hacen sentir mortales, nos recuerdan que nuestro paso por el mundo es fugaz y que por más ruido que hagamos de una u otra forma nos terminaremos uniendo a esa tierra que hoy descubrimos, a pesar de que llevamos una vida entera pisándola.