Historias enlazadas: de rifas postergadas, números vendidos y probabilidades que fallan 


En abril de 1906 se publicaban en “EL NOTICIERO” de Dámaso Valdés una serie de avisos de rifas postergadas. Parece que era una práctica habitual por aquellos tiempos hacer rifas para vender bienes muebles. También postergarlas cuando no se vendían los números. Cuatro décadas después seguía la práctica pero en esta ocasión el sorteo no se postergó.



Por Daniel M. Gatti
danielmarcelogatti@hotmail.com

En los avisos de “El Noticiero” del 3 de abril de 1906 podemos inferir algunas cuestiones de aquella sociedad nicoleña de comienzos del siglo XX. Indudablemente la situación económica no era la mejor y ciertas prácticas lo ponen de manifiesto. Los vecinos que querían hacerse de unos pesos y tenían un bien, en vez de intentar venderlo armaban una rifa. La cuenta seguramente daba bien, una determinada cantidad de números que generaban un ingreso igual o superior a lo que se consideraba valía el objeto. Claro que la idealidad del proyecto luego se encontraba con la realidad de los hechos.
Parece ser que no era tan fácil “vender la rifa”, así las cosas al llegar el día del sorteo lo recaudado no alcanzaba a cubrir la expectativa del propietario del bien. Entonces se apelaba a una acción que seguramente generaba mucha polémica: postergarla. El mecanismo “legal” que se implementaba para esto era “avisar” a los poseedores de los boletos, que simplemente aquello que estaba pautado para tal fecha “pasó para otra”. Eso sí: servían los mismos boletos.Es fácil imaginar las discusiones que generaría esto con el poseedor del número ganador en el sorteo postergado. Veamos los anuncios de este tipo durante la fecha aludida:“La rifa de un tilbury propiedad de Don Angel Pezzi que estaba anunciada para jugarse por el extracto de la lotería nacional en la última jugada de marzo ha quedado postergada para la última de abril. Se previene a los interesados a quienes les servirán los mismos boletos” .“Un poco más abajo encontramos “Rifa: la que debía jugarse hoy en Los Tres Chinos de un juego de ajedrez queda suspendida para la segunda jugada de la lotería nacional del mes de abril”.Y en la misma página “Rifa postergada”. “Se avisa a las personas que tengan números de rifas de una mandolina del señor José Porcillo que se ha postergado para la última jugada de la Lotería Nacional de abril.

Una vituré
Muy diferente fue la historia de la rifa de una Vituré allá por 1945 en la zona de Ramallo.Umberto Gatti había nacido en Porto San Giorgio Italia en 1909. Llegó a la Argentina cuando tenía apenas 16 años. Lo hizo acompañando a un tío para trabajar como peón rural en una estancia de la zona de “El paraíso”, Partido de Ramallo. A los 22 años la suerte cambió su horizonte: se sacó la lotería. Tenía el dinero para comprar tierras. Pero por entonces tener tierra –sostenía él- no significaba nada si no se contaba con el resto de los equipos para trabajarla. Por lo tanto viajó a Arrecifes y compró las máquinas más modernas y los mejores caballos en existencia, para instalarse en una chacra alquilada en el Paraje Zino, (sobre la ruta 51 a unos 13 kilómetros de Ramallo).A los 24 años luego de algunas cartas y pedido de mano al padre se casó con María Juana Silvestre. Más adelante se conforma definitivamente la familia con los hijos: Elsa Gladys, Deolindo Adonay y Evaristo Claudio. Así pasaron sus años, trabajando el campo, pensando que alguna vez llegaría la oportunidad de comprar las tierras que trabajaba.
Promediando 1945 Umberto decide hacer una rifa, una Vituré. La cuenta daba muy bien. Cuando se multiplicaba el valor de cada boleto por la cantidad de números a vender se obtenía una interesante suma, muy superior al valor del automóvil. Los días fueron pasando y Umberto prácticamente no vendió ningún boleto. El viernes señalado para el sorteo por la lotería Nacional tenía casi todos los boletos en su poder. Había muy pocas probabilidades de que alguno de los pocos números vendidos fuera el favorecido. Mucho menos que resultara beneficiado aquel último boleto que vendió a un vecino “al fiado”, casi sin quererlo, un rato antes del sorteo.Pero las probabilidades no son verdades. Al día siguiente el feliz poseedor de ese número vendido “ al fiado” y en el último instante, transitaba el camino que unía la casa de los Gatti con la tranquera ubicada a la vera de la ruta 51 en su flamante Vituré.Umberto se quedó mirándolo partir. Prácticamente la había regalado. Eso sí el vecino le pagó el boleto. Tal vez debió haber recurrido a un aviso en un diario “postergando” el sorteo.-


FOTO: Una Vituré Roja restaurada, ¿será la misma?