¿Por qué la cuarentena golpea más a los barrios vulnerables?


El parate en la economía como consecuencia de la cuarentena obligatoria afecta principalmente a trabajadores informales que, en muchos casos, dependen del rebusque del día a día para sobrevivir. Feriantes, albañiles, cartoneros y personas que trabajan en negro quedaron sin su principal vía de ingresos ahora engrosan las colas de los comedores y merenderos barriales.



Guillermo Insúa
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La cuarenta social y obligatoria como mecanismo para minimizar la posibilidad de contagio de coronavirus impacta con fuerza negativa en todos los sectores de la economía y de la sociedad. Aunque el aislamiento supone un problema todavía más importante en los sectores sociales considerados vulnerables. ¿Por qué? Porque, entre otras cosas, muchas familias de esos barrios tienen su único medio de subsistencia vinculado a la changa del día, la cual hoy está caída en virtud de la obligación de no violar el confinamiento.“Hay un problema grave. En los barrios vulnerables muchas familias viven el día a día con los ingresos que puedan obtener de las changas. Al no poder salir de sus casas, no tienen modo de ganarse el pan diario”, resume Damián Molina, dirigente barrial de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, una organización con presencia territorial en zona oeste, norte y sur de la ciudad.
Esa es la principal diferencia en cuanto al impacto que tiene la cuarentena en los diferentes sectores sociales. La familia de clase media que goza de ingresos provenientes de un empleo formal y registrado no convive con la urgencia de ganarse el pan diario porque tiene garantizado el salario a fin de mes (o quincena).“En los sectores vulnerables se genera una situación que no tiene solución: salir en busca de una changa y correr el riesgo de ser detenido por la policía. O quedarse en la casa a cumplir la cuarentena pero sin posibilidad de tener garantizado un plato de comida en la mesa”, explica Molina.Tal como este diario publicara ediciones atrás, este escenario ha multiplicado la demanda de alimentos en comedores barriales de San Nicolás. “Cada día viene más gente. Hemos tenido que abrir más ollas y reemplazar la función de merendero por la de comedor para que la gente pueda tener asegurada una comida al día”, asegura Cristina Bastía, coordinadora de merenderos del Movimiento Evita.

Otros riesgos
El mayor impacto de la cuarentena en sectores populares también se expresa en el mayor riesgo de contagio a causa de las condiciones de hacinamiento en virtud de las dificultades que existen para mantenerse aislados en una vivienda pequeña habitada por varias personas. “Hay lugares que no tienen agua potable, y los vecinos se pasan la manguera de casa en casa”, cuenta Molina.A pesar de que ambas cuestiones están vinculadas directamente a lo sanitario, es preciso diferenciar entre las dificultades para alimentarse y el riesgo de contagio de COVID19. La primera tiene carácter de urgencia mientras que la probabilidad de contraer coronavirus es una emergencia para la cual existen protocolos de prevención y de acción. No acceder a una alimentación diaria adecuada no sólo expone al contagio de distintas afecciones sino que también reduce las posibilidades de superar esas enfermedades.

Un sistema sostenible
Para la FAO, en este tipo de escenarios es necesario proteger la agricultura familiar y dar alternativas a los pequeños productores para que puedan, considerando los resguardos sanitarios, hacer llegar alimentos frescos y nutritivos a la población vulnerable. Es decir, fortalecer el carácter social de los sistemas de alimentación para que en momentos de crisis se transformen en sistemas sostenibles y sustentables. Las donaciones de alimentos son bien recibidas, pero no dejan de ser una instancia circunstancial. La clave es generar mecanismos que permitan llegar con alimentos a los sectores vulnerables que viven en crisis alimentaria desde antes que el COVID19 sea noticia.