Viajeros nicoleños con futuro incierto, y un Gobierno que debería actuar con celeridad


El Norwegian Jewel sigue navegando en el Pacífico Sur. En principio cargaremos combustible en Samoa Americana. Y luego nos llevarían a Honolulu. Pero la historia sigue siendo incierta y está lejos de terminar.



Por Pablo González
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Aquí seguimos casi a la deriva, en medio del Océano Pacífico Sur. Y digo casi porque algo han anunciado, pero ya no creemos nada de lo que nos dicen el Capitán o los tripulantes del crucero Norwegian Jewel.La última novedad anunciada es que vamos rumbo a Pago Pago, la capital de Samoa Americana. Pero sólo para que el barco cargue fueloil. Una cuestión mínimamente humanitaria, porque ya no nos queda combustible y entonces quedaríamos flotando, a oscuras y sin comunicación alguna.En Samoa no se puede bajar nadie. Ni pasajeros ni tripulación. Llegaremos a la noche, seguramente para que el Crucero pase desapercibido en la isla y los lugareños no hagan reclamos.
Todos estamos sanos. Los tres nicoleños, los otros 14 argentinos y el resto de los 3.000 pasajeros. Pero nos tratan como si fuéramos los portadores del gran mal de la humanidad. Al parecer el Coronavirus no sólo está afectando las vías respiratorias de los seres humanos. También les ha trastocado la cabeza y muchos actúan como verdaderos descerebrados. Pero bueno: esa es otra historia.
Después de la parada técnica en Pago Pago, nos dijeron que nos llevarán con destino final a Honolulu, Hawaii, que es territorio estadounidense. Claro que no vamos en viaje de turismo. Con mucha suerte apenas podremos ver alguna palmera desde una ventana.

Incierto
Agradecemos a Estados Unidos, que al parecer se apiadó de nosotros. Pero primero queremos ver si es realmente así. Ya nos anunciaron bajar a tierra cuatro veces, y no cumplieron.Supongo que esta vez debe ser cierto. No es que Donald Trump haya pensado en los argentinos. Lo que sucede es que en el Crucero viajan 800 ciudadanos de EE.UU. Y seguramente eso es lo que está primando para esta decisión.Pero no sabemos qué nos espera en Honolulu. Es probable que nos sometan a alguna cuarentena, vaya a saber en qué lugar. Obviamente nos harán los controles del Coronavirus. Y está bien que lo hagan. Si no sucede nada raro, todos deberíamos dar negativo, porque hace veinte días que estamos juntos en el Crucero y nadie está enfermo.El tema va para largo. Diría muuuuy largo. Ahora tenemos unos siete días de viaje. Después la cuarentena, y después nos tiene que repatriar el gobierno argentino. No podemos tomar ningún avión de línea porque está prohibido. Desde EE.UU nos debe traer Aerolíneas Argentinas.

Repatriación
El gobierno nacional nos debe mandar cuanto antes ese avión. Algunos dirán que sólo somos 17 argentinos. Pero nadie puede volver por su propia cuenta porque está prohibido. Así que instamos a que por favor el gobierno argentino no nos olvide. Hay gente mayor, incluso, a la que se le está terminando la medicina que trajo para el corazón.Uno programó el viaje para volver en determinada fecha. Y ahora con suerte volveremos muchísimo tiempo después. Imaginen también lo que eso significa desde el punto de vista laboral, económico y hasta mental. Ni siquiera se puede trabajar desde una compu o por teléfono porque Internet está muy restringido.Habrá que mantenerse fuerte de la cabeza. Nos tocó esta historia y la vamos a transitar con entereza. Gracias a todos los que nos han enviado mensajes de aliento. De verdad es importante sentirnos acompañados en este momento.Prometo seguir contando en vivo las peripecias de este viaje atravesado por el Coronavirus. Les aseguro que aun no estamos ni cerca del final... Será entonces hasta el próximo relato de este viajero.