Mujeres nicoleñas adelantadas a su tiempo: María Amalia Dolores Úbeda.


Por estos días asistimos a la revolución de las mujeres en la cruzada por sus derechos. Hoy compartimos una semblanza en primera persona escrita por Javier Tisera sobre una de las mujeres nicoleñas adelantadas a su tiempo: Lola Ubeda.


No me acostumbro a escuchar que me llamen doctora María Amalia Dolores Úbeda porque en mi pueblo, me llaman simplemente Lola. Nací en San Nicolás el 10 de julio de 1869. Mis padres Justo Ubeda y Juana Rodríguez Olmos de Aguilera, y mi hermana la docente María Rosa Ubeda.Aprendí a escribir y a leer en la Escuela de Don León Guruciaga y los estudios secundarios en la Escuela Normal Mixta de San Nicolás, de donde egresé como maestra en 1891, perteneciendo a la primera promoción.Le doy gracias a Dios que mi padre siempre fue mi pilar, él me llevaba hasta Buenos Aires cada vez que tenía que rendir. Este es un mundo que sólo estaba preparado para hombres, donde las mujeres y los niños estábamos tutelados por padres y esposos; a pesar de todo decidí estudiar medicina. Me recibí en 1902 y fui la segunda mujer que egresó de la Universidad de Buenos Aires; la primera fue Cecilia Grierson.Mi tesis estuvo dedicada a “La mujer argentina en la época de la pubertad”, apadrinada por el doctor Enrique del Arca, decano de la Facultad de Medicina. No me puedo olvidar de mi fiesta de graduación en San Nicolás. Fue la fiesta de fin de año y estuvo organizado por mis profesores y amigos: Rosa Fernández Simonín, el doctor Manuel García Reynoso, los ingenieros Juan Arámburu y Enrique Dengremont, la señora Rosa P. de Nieva y don Ricardo Cattaneo.
Fui una de las fundadoras de la Sociedad de Ginecología, única miembro fundador mujer de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires, y además integré la Sociedad Médica Argentina y la Sociedad Científica Argentina.Mi primer destino médico fue el Hospital Rivadavia donde llegué a dirigir la Escuela de Enfermeras, y además me desempeñé como médica inspectora de escuelas en la provincia de Buenos Aires, médica de la Asistencia Pública e inspectora del Consejo Nacional de Educación hasta 1929.Una de las experiencias profesionales más gratificantes fue el viaje a Rio de Janeiro para asistir a las conferencias de Madame Curie, una mujer extraordinaria.San Nicolás siempre estuvo en mi alma. Cómo olvidarme de aquella infancia y de ese río, de las tardes de domingos en la Plaza y de las grandes galerías, de las glicinas y los patios atiborrados de plantas. Por eso, me comprometí como vicepresidenta de la Asociación de Residentes Nicoleños en la ciudad de Buenos Aires.
La muerte me llegó en Buenos Aires en 1938 pero pedí que mi cuerpo descansara en el Cementerio de San Nicolás”.La doctora María Amalia Dolores Ubeda fue declarada ciudadana ilustre por la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires. En la calles de su ciudad la siguen recordando como Lola.

Javier Tisera