¿Por qué el universo conspira contra San Nicolás?


¿Qué sucede en la ciudad rodeada de arroyos que el clima decidió ensañarse con nosotros? ¿En qué molestamos a esos entes invisibles y superiores (no estoy hablando del BID ni de la Conmebol) que abrieron el grifo para aguarnos el verano? Aparentemente es por culpa del calentamiento global, los escapes libres de las motos, el abuso de desodorantes y puede que sean esas porquerías contaminadas que tiramos al río.


Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

Seguramente los lectores de nuestro prestigioso medio se habrán querido apretar los dedos contra la puerta cuando en la edición del diario del miércoles leyeron que el Servicio Meteorológico Nacional anunció que debido al calentamiento global y los probables resabios de la guerra fría, San Nicolás será el epicentro de alteraciones climáticas que provocaran crecientes lluvias y andá a saber qué otras porquerías de mandinga. Más de un avezado lector habrá dicho con razón que pasamos del calor al frío y del frío al calor como Gallardo en la final de la copa (este chiste me duele, soy de River, pero bueh, justo se me ocurrió y me daba lástima dejarlo de lado por amor a mis colores, pero ahí ven mi honestidad intelectual y profundo dolor, ahora sigamos con la programación habitual), todo tiene una explicación, aunque esos análisis del Instituto Meteorológico son menos creíbles que las promesas de Mauricio en campaña. No nos inundamos más dijo y ahora nos vamos a tapar de lluvia. Aunque considerando lo de la pobreza cero y el frenar la inflación, sería la menor de la boludeces con las que mintió.

Qué caro el boleto
Desde ya hay nicoleños que sospechan de todo, que ven intervención de la CIA en cualquier movimiento fuera de lo común. Incluso llegaron a decir que el monumento del gordito culón emplazado en la costanera es un homenaje a George Washington y que emite ondas electromagnéticas que te hacen votar a José Luis Espert (porqué llegaron a decir eso no tengo idea). En fin estos amantes de las conspiraciones ven en este calentamiento global una confabulación de la empresa de trasporte que va a la par del aumento de los boletos. Como sabrán los más pobres, el boleto está unos 23 mangos, que para una familia tipo es un dolor de huevos y lo estarían queriendo llevar a casi 40 pesos, que sería una operación de próstata sin anestesia. El común del ciudadano sin un mango, que son los que más abundan en estas épocas de inflación desmesurada y salarios congelados, se ve obligado al uso de la bicicleta puesto que el aumento de los combustibles impide andar en autos y los que querían hacer de su motito un transporte para cinco personas, saben muy bien que si no se la ponen en una esquina, los agarra la municipalidad y les hace una multa que terminan pagando los bisnietos.
Ahora si los dioses del clima dicen que va a llover mucho (olvidate de armar la pelopincho este verano, te las vas a tener que pasar limpiándola y está comprobado científicamente que las dos actividades que más enervan a los hombres son cortar el pasto y limpiar la pileta), entonces para trasladarse el ciudadano deberá usar el colectivo y ante la desesperación pagará lo que sea, es decir, los casi cuarenta mangos que le ven a fajar cuando pase la querida SUBE.

Fue culpa tuya
Ahora es el momento de buscar culpables. Nos cansamos de reírnos cuando nos hablaban del calentamiento global, seguramente habremos hecho chistes y hasta mencionado que era todo un curro de los veganos (ya sé que no tiene nada que ver, pero muy poca gente sabe a ciencia cierta qué comen los veganos). Ahora con la piña en la trompa empezamos a hacer números y nos damos cuenta de que se nos fue la mano. Como ya hemos dicho en innumerables ocasiones, los ruidos de los escapes libres de la moto no son seductores. Hay muchos nicoleños que creen que si su motito de morondanga, que no levanta ni sospechas, le dejan el escape libre, ese atronador ruido lograría seducir a las mujeres que pensarían que solo un hombre de pelos en el pecho puede andar en un rodado así. Bueno no es cierto ni por casualidad, lo único que logran es que la gente desee que se la pongan contra una columna, además de obviamente contaminar y hacer que llueva. Lo de los desodorantes va a costar, hace calor, se chiva mucho y hay olores que matan.
Después mis queridos nicoleños por más cómodo que parezca, el río no es un vertedero de deshechos. Imagino que para algún empresario les será más barato y redituable arrojar los tambores radiactivos al río y engendrar peces mutantes, pero bueno, no sean tan miserables y ayuden a cuidar este planeta. Ponele.