Viaje íntimo, personal y cósmico al multiverso de las elecciones


Ya pasaron las elecciones y algunos quedaron con un gusto amargo, otros felices y la gran mayoría indiferentes y resignados a que indefectiblemente todo se irá al carajo gane quien gane. Los cuartos oscuros desbordantes de boletas y tijeras son un viaje personal e íntimo para que el votante participe en el proceso democrático y aunque sienta que no sirvió para nada, entienda que en ese ratito pudo pertenecer, y de alguna manera ser.


Germán Rodríguez
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Domingo y de elecciones, sin fútbol y por ahí con asado, piensa el ciudadano X mientras como un zombie se traslada por las calles nicoleñas. El país vota repiten desde todas las ondas informativas y los candidatos desfilan por las cámaras mostrando sonrientes el momento en que colocan el sobre dentro de la famosa caja de cartón, que es más que una caja de cartón porque lleva ilusiones, como dice el spot empalagoso. X ve un cartón tirado en el piso, lo levanta y lo besa arrojándolo en un cesto. “Te quiero cartón” dice a viva voz.
La escuela está atorada en los pasillos de personas que no ven la hora de cumplir con su deber cívico e irse rápidamente a prender el fuego. X teme a la puerta de madera que separa del famoso cuarto oscuro. ¿Por qué ese nombre a un sitio donde la luz debería reinar?” -piensa para sus fueros- íntimos y le desplaza el interrogante a una señora, que lo mira como diciéndole no me rompas las pelotas, y le contesta “vaya a sabe´ m´hijo”. En su momento, tembloroso le da el documento al fiscal que aburrido coteja el número con los otros fiscales que ni lo miran y buscan en las listas dónde se encuentra el susodicho. “Con alegría, obrad con alegría” les dice con ahínco logrando despertarlos. Una joven le amaga una sonrisa pero él no abandona el gesto adusto y conservador que requiere la cuestión. “Para levante está el boliche” susurra por lo bajo pero lo escuchan todos, puesto que evidentemente no tiene muy claro cómo es eso de susurrar.

Tijeretas
Boletas, tantas boletas desperdigadas por las mesas, tantas caras sonrientes, tantos gestos dibujados, tanta simbología, siglas de cientos de años de labor, nombres ficticios que alegan a la Patria, a la Libertad, al Amor, a la Justicia, a la Unidad, al Cambio, a las direcciones. Tantos ruidos y pocas nueces. Muchos pelados en las boletas es lo primero que advierte y busca instintivamente personas con más cabellera. Por suerte los encuentra y queda más tranquilo. “Prefiero el pelo suelto y no la libertad con fijador” repite lo que alguna vez leyó en alguna pared mientras instintivamente pasa su diestra por su pelaje. Acerca una de las tantas boletas en la que lo mira una mujer joven de amplia sonrisa y gestos de ternura. Casi siente lástima por ella “¿Qué haces acá en este mundo tan frío y posesivo?” le dice a la boleta estrujándola entre las manos. El rostro de la candidata es tan puro que X no puede evitar darle primero un beso tímido y luego con pasión besar la totalidad de la lista sabana casi tragándosela, para luego casi ahogado, escupirla. Tosiendo se dio cuenta de que el resto de los candidatos de las otras boletas lo estaban observando.
Hombres y mujeres de rostros ahora serios que reprobaban su acción. X se sintió desnudo, avergonzado, con las mejillas ardiendo, se entendía descubierto en sus pasiones. Amagó una disculpa y tanteó entre sus ropas buscando un cigarrillo. Disfrutar X precavido, más aún en una instancia tan importante como la de emitir sufragio, siempre lleva una petaca con whisky para celebrar, al sacarla se le cayó la tijerita que le habían dado en la esquina aconsejado de que si no le gusta el presi ya sabe que tiene que cortar, y el momento le pareció oportuno. Se sentó sobre una de las mesas corriendo varias de las listas y le dio un largo trago al escocés, que como bien sabe se debe acompañar de un puro. Así que apagando rápidamente la colilla del cigarrito que acababa de encender, cortó la punta de un habano que le había traído un amigo y se prendió un buen Cohíba en una perfecta combinación de whisky, puro y elecciones, como debe ser.
El problema es que X nunca había fumado habano y tuvo la mala idea de tragar el humo y ahogarse de nuevo. Comenzó a toser como si la vida se le fuera, mientras sentía sobre sus espaldas el reproche de todos los candidatos que no podían creer lo que sucedía. De afuera le golpeaban la puerta. “No molesten” alcanzó a gritar ahogado. “este es mi momento, es mi deber, es lo que me hace persona y ciudadano y me merezco disfrutarlo” gritó. Sueños Con los ojos llorosos, el rostro moqueado, en medio de una nube espesa, X siguió observando los rostros que lo llamaban desde las boletas y creyó escuchar que lo desafiaban, que le rogaban, que le recriminaban. “No me merecen les dijo” y tomando el arrugado sobre que en algún momento había metido en su bolsillo, tiró cenizas de su cigarro. X se arrepintió de lo que hizo y recordó todos los que dieron su vida para que él pudiera votar. Después pensó en todos los que dieron su vida para que él no vote, o todos los que dieron su vida por tantas causas que ni siquiera conoce llevándolo a la duda sobre eso de dar la vida, recordando que la gente dice que da la vida por su club, pero tampoco tiene muy claro cómo es eso. A modo de disculpa X amontonó todas las boletas formado un colchón y se acostó sobre ellas. “No puedo elegir a uno sabiendo que todos los otros también me quieren ayudar. Sería injusto con ellos y conmigo mismo. Pero podemos dormir y podemos soñar” dijo y se dejó vencer por Morfeo mientras las listas lo abrazaban. Y así fue como lo encontraron los efectivos de Prefectura a la hora de irrumpir junto a los fiscales dentro el cuarto oscuro, durmiendo entre todas las boletas, con una sonrisa amplia y democrática.