En un camino recto a la desesperación


En medio de una campaña electoral feroz, donde el Presidente dice que ahora nos escucha y que se dio cuenta de que había apretado demasiado el cogote de la población, pero que no lo iba a hacer más, mientras del lado del que ya se siente ganador solo se relamen con las sobras, los números siniestros dicen que la Argentina es mucho más pobre y que la mitad de los chicos viven en ese estado. Ya no hay futuro para este país, al que las hienas le mastican los huesos.


Germán Rodríguez
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El Gobierno, en una semana donde se mostraron exultantes y con autogratificaciones por la que consideran una excelente gestión del Indec, anunciaron lo que ya todos sabíamos acerca de que la pobreza se había incrementado en la Argentina a niveles harto dolorosos, pero destacando que ahora el organismo nacional había dicho la verdad. Sinceramente uno sospecha de que si el Indec dijo eso, es que la cosa debe ser peor todavía, como las famosas malas noticias endulzadas. Según los simpáticos números que manejan estos profesionales, prácticamente la mitad de los chicos de este país son pobres, entrando en un 35,9 % de pobreza total en la región que nos atañe. Estos números globales son casi el total de la población de Chile, tres veces Uruguay y dos veces Paraguay, los países a los que nosotros, creídos la Europa de Sudamérica, discriminamos, ninguneamos y usamos apelativos xenófobos.
Los chicos pobres son futuro pobre, son una generación con escasa educación, puesto que serán educados por docentes con escasos recursos en escuelas derruidas, sin materiales, mal alimentados, sin sustento. Somos un país pobre y endeudado que, considerando que no hay ningún proyecto a largo o corto plazo de progreso, trabajo y crecimiento, está lejos de mejorar. Tanta pobreza es un fracaso de país, somos un desastre en conjunto, donde tenemos los dirigentes que merecemos. El futuro dice que se vienen argentinos faltos de muchas cosas, que no sabrán de la magia de poder disfrutar el arte como un concepto abstracto en el que la imaginación es el disparador de mundos increíbles porque la realidad exige inmediatez que no permite volar. No sabrán regodearse de una obra de teatro, del placer de una cena familiar afuera, de vacaciones pagas, de conocer lugares exóticos, de viajar y comprase artículos que solo signifiquen placer, de formarse como personas que saben lo que quieren y, como gustan decir los famosos escritores de autoayuda, de realizarse como seres pensantes. Pasa que cuando sos pobre y tenés hambre toda la filosofía, la cultura y la metafísica te la metes en el culo.

Luzbelito
La verdad es que cuesta escribir sobre esto, es repetirme en las historias de esos pibes de la calle que aprenden las mañas con profesores abusivos y golpeadores que son su espejo de futuro. Que sueñan con bolsitas de pegamento, que matan por un porro, por vino o cualquier otra mierda que los aleje de esa realidad asquerosa donde ellos piden y la otra parte de la niñez juegan a ser niños. Ellos se educan imitando a los mayores que copian a los narcos y mueren de un puntazo drogados en una cuneta, sin que le importe a nadie. Cada vez van a ser más los que revuelven la basura buscando qué comer, los que hacen colas en comedores para llevarse algo a la panza, los que resignados ven la vida desde afuera del sistema y se preguntan por qué otros sí y ellos no. La desigualdad es el mayor de los pecados, es la peor de las inmoralidades, tipos ricos paseando con autos de alta gama cerca de villas miserias ante la mirada absorta de pibitos mal alimentados y que apenas aprenden a escribir, y cuya única falta fue haber nacido en el lugar y el tiempo equivocados. Saben más la poesía ricotera que se dibuja en paredes que la de Borges que desfallece en las bibliotecas. La miseria se abraza siempre a la violencia, porque las frustraciones esta cargadas de un recelo que solo se puede expresar en furia y ahí no hay límites. Fracasamos impúdicamente, cagamos la Argentina que nació como tierra de trabajo y se plantaba como “el granero del mundo”. Pero como siempre, las vaquitas son ajenas y nos quedan las penas para relamernos.


FOTO. Le cuentan las costillas, con un palo a carcajadas.