Laino y la escenografía como espacio de resistencia


Norberto Laino es escenógrafo argentino. Trabajó en importantes obras teatrales. (La Pesca dirigida por Ricardo Bartís es un claro ejemplo y está disponible en YouTube!) Fue seleccionado en la Exposición Cuadrienal de Escenografía en Praga a la que luego fue invitado en 2011. Además actuó, dicta cursos y talleres.

Por Carmen Padilla.

Se ilumina la pantalla y sobre un fondo rojizo con una luz muy puntual y dura, amanece el rostro de Norberto. Detrás de él se adivina un respaldo muy oscuro arduamente trabajado en madera como debe ser el sillón de un gran maestre masón. Serio con lentes, lo veo. Él no a mí. De repente mi imagen llega y Norberto se muestra como un tipo amable.

Hablamos de presentaciones y precisiones sobre qué es ser la ciudad de la virgen e inicia la entrevista.

C: ¿Cómo es el proceso creativo en tu actividad?
L: Para diseñar una escena, primero el diálogo se lo tiene con el espacio. El espacio te da formas, texturas y colores. Las preguntas que nos tenemos que hacer son ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? Y ¿Para qué? Una vez que vos tenés ese diálogo y que sabes de sus limitaciones, se puede empezar a dibujar, como uno de los métodos.
C: ¿Y cómo es el diálogo con los directores?
L: Lo que más les gusta decir a los directores es yo necesito. Cuando en realidad lo que necesita el director, es darse a entender. Lo que hay que comprender es la acción. Te explico con un ejemplo: la muerte de Polonio en Hamlet. Un director dice; el que está detrás de la cortina, y te nombra el objeto cortina, cuando lo que necesitamos entender, es la acción. Ocultar! (grita) El verbo es el que importa. O sea lo que deberían decir los directores es: “necesito alguien que pueda interpretar mis verbos, para que me dé opciones de objetos, para que yo no me quede solo con la cara.”
Empiezo a notar variaciones en el volumen de su voz, producto de un vaivén que ha iniciado Laino, con su cuerpo mientras habla. Pero no le digo nada porque temo detenerlo en habla y pensamiento. Al desgrabar la entrevista sin auriculares, me encontré hamacándome al compás de su voz, bailando para poder oírlo. Me parece bellísimo y poderoso como una voz aun “enlatada” puede generar este tipo de respuestas.

Laino escribió un libro que aporta al desprovisto mundo de los textos escenográficos: “Hacia un lenguaje escenográfico” se llama y es Editorial Colihue. Le pregunto sobre eso:

L: Ese libro tiene cosas que ya no pienso así, porque evoluciono!
C: Bueno felicitaciones! ¿No te aburguesas?
L: NO! (rotundo)
C: Leí que la escenografía es tu espacio de resistencia. Porqué?

Para mi es una acción política la escenografía. Me hace testigo de la época que me toca vivir. Mis escenografías se parecen a mi opinión. Igual yo creo que no sirve para nada!

C: El que no sirve??
L: El teatro, el arte y esto! Sirve solo para que yo no enloquezca y no salga con un revólver!(Risas)
C: Pensando la actividad teatral actual. En cuarentena se han estado haciendo algunas cosas desde los teatros y…
(Interrumpe)
L: ¡Sí! ¡Unas porquerías! ¡Una reverenda estupidez! Está bien. Porque la gente necesita ir al supermercado, a la farmacia, pero el teatro ¡Es insuperable! Así que no me lo vendas como producto artístico, cuando sólo es subsistencia artística. Y después hay otra cosa, hacer teatro hoy, como se hacía antes, en su propio lenguaje ¡Es una estupidez! Ha cambiado todo, y el teatro como lenguaje no es ajeno. No podes hacer Hamlet, como antes de la pandemia. Han sucedido cosas muy importantes, nuestras vidas han sido cambiadas. Caminas diferente, mirando para todos lados, usas barbijo, te lo sacas. El teatro es vida, se lo vive en concreto. Si tu vida cambio, el teatro también debe cambiar.

Y termina de ganarse mi corazón. Un poco porque me recuerda a mi querido Eduardo Derrosi (ya fallecido actor y querido profesor del teatro local) y otro poco porque habla sabiamente y sin melindre.

C: Laino, ¿Todo lo que haces, son vagones de un mismo tren?
L: Es lo que trato. Estoy en contra del lujo, que creo que achata el alma (…) Solo elijo con quienes trabajar, pero para compartir con los que son cercanos moral o amoralmente a mí! Estoy en contra del exceso de esteticismo, porque me parece que es mostrar algo que no somos. A mí me da tanta felicidad ver un tomate creciendo en mi huerta y por ahí, hacer una escenografía. Me parece reconfortante (el trabajo), pero más valioso es tener una buena relación con la tierra. Yo represento un sector (de la sociedad), vivo y trabajo con una mentalidad trabajadora y así pienso.

Laino me parece el techo de la coherencia. Rechaza el lujo de lo accesorio, respeta la naturaleza de los materiales, valora la vida en todas sus manifestaciones, se identifica con los márgenes y en consonancia es escenógrafo.
A la dureza de su imagen, a la solidez de su discurso, Norberto le suma la generosidad que (lejos de lo material) tienen aquellos a quienes les sobra.