Patricio Hernández: “Sentía pasión por jugar todo el día a la pelota” 


El ex jugador nicoleño recordó sus orígenes futbolísticos en la ciudad y repasó parte de su carrera en el profesionalismo, la cual se extendió por casi veinte años. El talentoso zurdo confesó que de chico sentía la necesidad de “estar 24 horas con la pelota”. Además se refirió a su trabajo como entrenador, profesión en la que debutó en 1994, pero en la que siente que ya está “afuera”.


Facundo Mancuso
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Patricio Hernández fue –y lo sigue siendo- uno de los grandes embajadores deportivos que tuvo San Nicolás en el país y el mundo, desde que partió siendo muy joven para cumplir su sueño de triunfar en el fútbol grande de la Argentina. Estudiantes de La Plata fue su primera escala y también su casa por ocho años; y su escuela. Allí estuvo durante una década, debutando como profesional en 1974, con 18 años. Sus producciones en el “Pincha” lo catapultaron a la Selección Nacional, con la que disputó el Mundial de España en 1982. Y, a su vez, fue ese notable nivel que exhibió el que le permitió dar el salto a la poderosa Liga italiana, mezclándose entre los mejores de la época. Y a pesar de todo lo que le tocó vivir en esos años (y más tarde cuando se inclinó a la dirección técnica), aun no se olvida de quienes –sin querer- lo empujaron a soñar. Ni de sus orígenes en su raíces.
“Yo tuve una infancia maravillosa, extraordinaria, en San Nicolás, con mi familia numerosa y los muchos amigos que tenía. Me la pasaba yendo a los clubes, como Belgrano, Regatas, Arco Iris o Ateneo. Sin ser socios, los utilizábamos mucho y nos las pasábamos en esos clubes, jugando al fútbol, al básquet y a otros deportes. Estábamos todo el día ahí. El río era una parte nuestra, ir a la isla era hermosísimo. Y había un fútbol muy rico en Paraná, que por estar al lado del Batallón en donde se hacía el Servicio Militar, traía muy buenos jugadores de toda la zona. Veíamos un fútbol que nos hacía crecer a quienes éramos apasionados. Yo entrenaba en Teatro de chico y después en 12 de Octubre o Paraná”, relató en una nota que le concedió al programa radial “Supernoba”. Luego Hernández lamentó que “esa infancia ya no existe en San Nicolás, con una ciudad llena de potreros y de plazas para jugar a la pelota; llena de baby fútbol”. En esos años, el zurdo confesó que “sentía pasión por jugar todo el día a la pelota”. “Yo tenía que jugar todos los dos días por lo menos dos horas a la pelota y lo hacía en la Plaza Sarmiento, porque yo era de esa zona”, repasó.
En relación a sus primeros recuerdos con el fútbol, Patricio rememoró: “En San Nicolás tuve entrenadores que me marcaron, siendo muy chiquito. Con 6 o 7 años recuerdo que tenía como técnico de Baby Fútbol a un empleado del correo que le decían “Gordo Huevo (Leguizamón)”. Con una bicicleta me pasaba a buscar por mi casa, me llevaba a la cancha, después iba buscando uno por uno a todos los jugadores y a lo último pasaba por su casa, cargaba las camisetas, que lavaba su madre”. “Después con el paso del tiempo te olvidás –indicó-, pero esa clase de gestos son los que te alimentan la pasión”. “Después tuve a Cachi Baldarenas, un tipo muy serio para ser técnico en el Baby, porque hasta jugadas preparadas hacíamos y teníamos la posibilidad de entrenar cada jugador con su pelota. Él era de la escuela de Estudiantes y tenía como amigos a (Osvaldo) Zubeldía o (Miguel) Ignomiriello. Carlitos Puyella fue otro técnico con gran visión, sabía y le entraba al jugador, con mucha simpatía. Juan Macaluci fue otro que me marcó, en Paraná. Eran tipos muy futboleros que se la pasaban adentro de una cancha”, recordó con emoción Hernández.

La llegada al fútbol grande
Antes de hablar de su llegada a Estudiantes, Hernández se refirió a lo que fue su intento fallido por sumarse a Boca, muy interesado en contar con su clase (como lo estaban River y Rosario Central, por ejemplo). “A los 15 años vino un tío mío que tenía entre sus clientes a un dirigente de Boca, que me llevó a La Candela en el ´72. Y cuando vi cómo jugaban ahí, jugadores como (Marcelo) Trobbiani que era un año más grande que yo, pensé que me iba a ser imposible poder estar a ese nivel. Me di cuenta que Buenos Aires iba a ser bravísimo”. “Pero yo tenía el sueño de ser futbolista –afirmó- y cuando llegué a Estudiantes, como sabían ahí que me quería Boca, entré como por un tubo. Yo supe que iba a tener menos competencia, porque no había muchos jugadores de mi estilo y por eso me podía llegar a destacar un poco más”. “Ahí empecé a vivir todo más seriamente”, aseguró el ex volante de River, Instituto de Córdoba, Argentinos Juniors, Huracán y Cruz Azul de México, que subrayó que tenía la necesidad de “estar 24 horas con la pelota”. “En San Nicolás para que no estuviera en la calle, me mandaban a inglés o a piano y cuando llegué a Estudiantes fue un sueño cumplido”, contó, comentando al mismo tiempo que en La Plata “vivía en el estadio mismo y podía hacer lo que más quería, jugar al fútbol todo el día”.
Hernández tuvo en su dilatada carrera de casi veinte años el privilegio de haber sido dirigido, entre otros, por César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo. Y de los dos tiene para compartir las mejores semblanzas. Es por este motivo que a lo largo de los últimos 35 años fue uno de los que, ante aquellos extremistas que planteaban diferencias insalvables, se dedicó a acercar posiciones sabiendo que algunas discrepancias de estilo eran fruto de la naturaleza; simplemente por la formación que tuvo uno y otro. A propósito de este tema, explicó que “es lógico que exista una grieta entre el fútbol de Menotti y el de Bilardo, por sus orígenes futbolísticos que los llevaron a ver el fútbol de distinta manera”. “Menotti era un número 10, un flaco elegante, bien de la escuela rosarina, de toque, de tranco largo, de gran remate; un tipo muy futbolero”. Por su parte, de Bilardo dijo que “era más sacrificado como jugador, por su posición tenía que estudiar más al rival, estudió en paralelo la carrera de medicina con todo lo que eso implica”. “Pero la rivalidad fue promovida y alimentada por la prensa –puntualizó Hernández-, para mí los dos fueron grandes entrenadores y resalto las virtudes de dos maestros”. “Siempre digo y lo voy a repetir en cada nota que me hagan que yo no podría haber tenido mejor entrenador que Bilardo en mi etapa formativa y no podía haber tenido mejor entrenador que Menotti cuando ya era un futbolista recibido”, apuntó. Igualmente, desde lo personal Hernández se inclinó por Bilardo. “Él me hizo debutar en Primera, fue mi tutor en Estudiantes, me firmaba el boletín de calificaciones de la escuela, me llevaba a su casa cuando estaba enfermo, me ayudó a sacar las primeras cuotas en el banco”, expresó.
En otro tramo de la nota, charlando sobre el presente de las categorías formativas del fútbol argentino Hernández analizó que “no hay formadores” y evaluó que “si alguien llega a Primera es por milagro”, marcando que “no les enseñan nada a los jugadores”. Comentó que “hay mucha tecnología, mucho preparador físico, mucho psicólogo, mucho dirigente dando vuelta, pero ni siquiera les enseñan a patear una pelota; nadie les dice de manera artesanal cómo hay que tratar a la pelota”. Y en ese sentido describió que “no hay mucha gente que sepa de fútbol, es difícil encontrar maestros como los que había antes”. Se le consultó si frente a este panorama, veía posible volver a trabajar como DT, después de haberse desempeñado en la profesión durante 25 años desde su debut en Lanús en 1994 hasta su última experiencia en Barracas Central en 2019. Ante la pregunta, Hernández fue categórico. “Es imposible que yo vuelva a trabajar en este contexto; estoy afuera”, aseveró quien fuera uno de los fundadores de Fútbol San Nicolás. Y cerró con una frase que lo define en cuerpo y alma. “Prefiero el fracaso por lo que siento y pienso y no el éxito traicionando los principios familiares”, sentenció Hernández, el hombre que habla tal como jugaba; con claridad y simpleza, sin dar vueltas. Y siempre comprometido y apasionado.

SU OPINIÓN SOBRE SÍVORI:
“Fue una figura rutilante en el mundo"

Como otro nicoleño –Enrique Omar Sívori- Patricio Hernández fue un zurdo, elegante, talentoso, y que también jugó en Italia (también en River, con el que ganó todo entre 1985 y 1986). “Me da risa cuando me comparan con “Chiquín”, pero me gusta, porque era mi ídolo de chiquito”, confesó Patricio, quien actuó en Torino y Áscoli entre 1982 y 1985, totalizando 83 partidos y 17 goles en la Serie A. Consultado puntualmente sobre si a su entender el flamante Estadio Único de San Nicolás debería ser denominado “Enrique Omar Sívori”, Hernández consideró: “No sé si el estadio debería llevar su nombre, lo que sí sé es que Sívori se merece que no se lo olvide, que se mantenga su recuerdo vivo en el día a día. Es más, diría que Sívori hasta se merece que el estadio de Juventus lleve su nombre. Él es la máxima figura de un club en donde juega Cristiano Ronaldo y en donde jugaron Platiní, Zidane…”.
Además dijo sobre el ex jugador de la selección italiana en el Mundial de Chile ´62 fallecido en 2005 que “fue un monstruo”, y que “fue una figura rutilante en el mundo, un crack”. “En Italia decían que era mejor que Pelé o que Di Stéfano en esa época. No se imaginan lo que fue Sívori en Europa”, subrayó.