La infancia atrapada por la pandemia 


En el difícil contexto de cuarentena que nos toca vivir, hoy vemos a los niños, niñas y adolescentes moverse en un mundo demasiado diferente al que antes conocían, donde ya no se sienten las voces de los amigos en las aulas de clase, el bullicio y los saltos en las fiestas infantiles, ni los gritos de alegría en los juegos de parques y plazas de la ciudad. Situación que sin duda incide en la personalidad y el carácter. ¿Cómo transitarlo?


Ma. Laura González Olalde
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

La pandemia por COVID-19 llegó de improviso y obligó a las comunidades del mundo a tomar medidas de todo tipo para intentar afrontar una ola de infección que aún no cuenta con remedio ni vacuna.Ciudadanos de a pie, profesionales de la salud y de todos los rubros, autoridades políticas, economistas, comerciantes, empresarios y emprendedores, todos, absolutamente todos, se vieron inmersos en medio de una problemática mundial de la cual no se sabe bien cómo salir. Trabajos frenados, escuelas vacías, plazas con juegos inmóviles, todo es extraño en este nuevo tiempo de COVID-19.Es en ese difícil contexto de cuarentena, que hoy vemos a los niños, niñas y adolescentes moverse en un mundo demasiado diferente al que antes conocían, donde ya no se sienten las voces de los amigos en las aulas de clase, el bullicio y los saltos en las fiestas infantiles, ni los gritos de alegría en los juegos de parques y plazas de la ciudad. Situación que sin duda incide en la personalidad y el carácter, en ese momento tan especial de crecimiento.
En tanto, hay padres que también transitan por reacciones dispares: a veces con preocupación, a veces con ternura, a veces con dureza… no hay receta para superar esta pandemia.Realidad que no escapa a los profesionales de la salud –médicos, psicólogos, pediatras, entre otros– que, siempre con la meta de garantizar el bienestar sanitario de la población, intentan de todas las maneras posibles que los controles urgentes de los niños continúen realizándose, que no se corten los calendarios de vacunación ni la lactancia materna; al tiempo que suelen oficiar de guías para aquellos padres que buscan ayuda con algunas “nuevas reacciones” de sus hijos en esta era de pandemia.
Miles son las voces y miradas que buscan dar algo de luz a lo desconocido, aunque se muevan ellas mismas en un terreno sinuoso, poco certero. Bien pueden tomarse como herramientas que nos permitan superar las dificultades diarias.

Herramientas, contención y adaptación
Ante una misma pandemia, las realidades de las familias son disímiles y ello se trasluce en cómo los chicos transitan y procesan esta etapa. “Cuando atiendo a mis pacientes me encuentro con realidades muy diversas, los chicos tienen diferentes herramientas. En ocasiones, son chicos cuyas familias los contienen con todos los medios necesarios para que continúen con la escuela y prácticamente ni lo sufren. Contrario de otros tantos casos que son niños que viven en un contexto más desigual, donde hay familias que de todas maneras logran contenerlos y otras donde la ‘changuita’ que tenían se terminó, lo empiezan a padecer y tienen que valerse de la ayuda comunitaria”, comentó la médica pediatra Jaquelina Cabrera, que se desempeña tanto en la función pública –en el Servicio de Pediatría del Hospital San Felipe– como privada, sin ánimo de dar cátedra sino todo lo contrario, con la intención de ofrecer una mirada más que pueda servir de apoyo a las familias nicoleñas.
Pese a lo interminable que a veces pareciera esta situación signada por el COVID-19, la entrevistada dio un dato alentador: “El niño, a diferencia del adulto, a esto lo vive muy natural. Ellos lo han naturalizado con una magia excepcional. A los grandes nos cuesta más, por lo que pensamos, por lo que imaginamos, por la incertidumbre. El niño no lo vive así: el niño confía en los padres, confía en el docente que los está mirando desde la pantalla y se adapta. Tiene un gran poder de adaptación”.

Tolerancia vs. padecimiento
En cuanto a los adolescentes comentó que, en su mayoría, logran sortear esta situación de anormalidad por la pandemia, están más centrados en las pantallas y la relación entre pares a través de ellas, algo más sedentarios. “Ahora comenzaron a abrirse un poco las limitaciones iniciales, con la habilitación de paseos recreativos y actividades diversas, pero a los adolescentes les está costando relacionarse”, indicó la Dra. Cabrera. Quien diferenció: “Hay una minoría de adolescentes que padecen esta cuarentena. Es una minoría que ya antes tenía algunos problemas, sea por adicciones, o chicos con discapacidad que necesitan los espacios verdes y las terapias que en este tiempo estuvieron muy cortas. Ellos lo padecieron muchísimo más. A nivel público se han visto casos de chicos con más adicciones y chicos que cometen actos delictivos, que antes no era tan común de ver, pero de todas maneras siguen siendo una gran minoría”.

Impacto en el bienestar emocional
El reconocido neurocientífico argentino Facundo Manes, en declaraciones realizadas a Infobae, marcó que esta situación extrema, y en cierto punto desconocida e incierta, impactó de manera notable en el bienestar emocional de toda la sociedad y particularmente en la vida y salud de los más jóvenes. “Para ellos, quienes todavía se encuentran en pleno desarrollo para gestionar sus emociones, el impacto puede ser mayor. Los niños y adolescentes tienen más probabilidades de experimentar altas tasas de depresión y ansiedad durante y después de que termine el aislamiento forzado y en la pospandemia. Muchos son más resilientes, pero otros no. Los datos muestran que el impacto aumenta a medida que continúa el confinamiento. Estamos observando que muchos chicos no quieren salir a la calle por miedo a contagiarse del virus. Se debe ofrecer apoyo preventivo y precoz, intervención cuando sea posible y debemos estar preparados para un aumento de los problemas de salud mental en esta población. Para adaptarse mejor, los más pequeños necesitan soporte emocional de los adultos a cargo, rutinas y un entorno cercano predecible. En esas condiciones responderán mejor. Lo más importante con los niños, niñas y adolescentes es acompañarlos, ser claros y responder sus preguntas concretas sin sobreexponerlos a la información y a las preocupaciones”, indicó.