Quién te ha visto y quién te ve Manu... 


Como un humilde obsequio a Emanuel Ginóbili –quien hoy está cumpliendo 43 años-, EL NORTE recuerda en este artículo sus enfrentamientos ante Regatas y Belgrano, actuando para Andino de La Rioja y Estudiantes de Bahía Blanca. Fue entre 1995 y 1998 que el mejor basquetbolista argentino de todos los tiempos jugó en la Liga Nacional, antes de partir a Italia y de triunfar en la NBA.


Facundo Mancuso
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Un 29 de septiembre de 1995, Emanuel David Ginóbili debutó en el básquetbol profesional, con apenas 17 años. Fue en la derrota por 104 a 85 de su equipo, Andino de La Rioja, frente a Peñarol en el Polideportivo Municipal “Islas Malvinas” de Mar del Plata. En su estreno, un jovencísimo Manu anotó 9 puntos, compartiendo el plantel con su coterráneo Hernán Jasen, Gabriel Díaz, Gustavo Oroná, Carl Amos y Daniel Farabello, entre otros. “Estaba desesperado. Entré y ya quería hacer algo. Me acuerdo de que la primera que agarré, la sacudí desde la punta y fue adentro. Me relajó un poco ese tiro”, confesó mucho tiempo después Ginóbili, quien en ese partido debió lidiar con el Pichi Campana, nada más y nada menos. A los pocos días, ese “juvenil desinhibido” -como lo calificaron los medios gráficos marplatenses- pasó a formar parte de la rotación y, unos cuantos meses antes de ser elegido como la revelación de la Liga Nacional 95/96, enfrentó con los riojanos a Regatas, que transitaba por su cuarta temporada en la máxima categoría. Ese duelo tuvo lugar en La Rioja y, por la tercera fecha, se impuso el local por 87 a 76, consiguiendo su primera victoria en el torneo, con otros 9 puntos de Ginóbili y 24 de Sam Ivy. Ariel Bernardini fue el goleador de los Náuticos y de la noche con 24. En la vuelta, Ginóbili no ingresó al rectángulo de juego en el choque que en las instalaciones regatenses se llevó Regatas por 91 a 87 (Julio Ariel Rodríguez 30 y Bernardini 21).
En ese torneo, ambos clasificaron a la A-1, por lo que se volvieron a cruzar. Y se ganaron como visitantes. Regatas lo hizo por 109 a 106 (30 de Rodríguez, 26 de Vic Alexander, 21 de José Fabián Small y 19 de Bernardini para el ganador y 11 de Ginóbili para el perdedor). Sin unidades de Ginóbili -que fue suplente ese día- Andino ganó por 118 a 105 en el viejo estadio La Ribera (una de las canchas en donde más presión sintió, junto a la del Galatasaray de Turquía, según él mismo contó alguna vez en una entrevista con Alejandro Fantino). En ese campeonato, bajo la dirección técnica del “Huevo” Sánchez, Andino (29-22) alcanzaría un histórico tercer puesto, dejando en el camino en cuartos de final a Quilmes y siendo eliminado en semifinales por Atenas, verdugo en la anterior ronda de Regatas, que, bajo la conducción de Pedro Escarain, terminó en la séptima posición (24-26). Además de los citados jugadores, actuaron para el cuadro nicoleño Harry Hart Jr., Walter Storani, Víctor Baldo, Luciano Giuzzio y Matías García. Fue campeón el Olimpia de Venado Tuerto de Horacio Seguí, que tuvo a nombres como los de Jorge Racca, Alejandro Montecchia, Sebastián Uranga y los muy chicos Leo Gutiérrez y Lucas Victoriano.
En cuanto a los hermanos de Emanuel, en esa edición Sebastián jugó en Quilmes y Leandro jugó en Deportivo Roca, en donde coincidieron en la temporada siguiente, con Sergio Hernández a cargo de la dirección técnica. En tanto, para la 96/97, el menor regresó a Bahía Blanca para jugar en Estudiantes, junto a Daniel Arenas, Pablo Gil, Hernán Trentini, Mauricio Hedman y los foráneos Nollie Glass y Stacey Williams. Cuando el “Albo” visitó nuestra ciudad perdió por 98 a 76, con 11 puntos de Ginóbili. El “Lunguito” Rodríguez (20) y Fabián Sacchi (19) fueron los líderes en ofensiva de Regatas, que también sería el vencedor en el marco de la vigésimo sexta fecha, cuando hizo su presentación como DT Daniel Rodríguez, reemplazante de Carlos Boismené. Los dirigidos por Escarain ganaron en el “Osvaldo Casanova” 96 a 85, con 31 de Bufford, 21 de Sacchi y 20 de Rodríguez. Un cada vez más importante Ginóbili (21) y Williams (16) fueron los más productivos de Estudiantes, que terminó duodécimo en la Fase Regular y participó de la A-2. Por el contrario, Regatas hizo su mejor campaña hasta ese momento y entró por quinta vez consecutiva en la A-1 como séptimo clasificado, con un record de 17 triunfos y 13 caídas, con un plantel que tuvo entre sus filas a los locales Roberto Gabini, Víctor Baldo, Juan Pablo Rubiolo, además de Rodríguez. Igualmente, los dos dijeron presente en los play-offs. En la Reclasificación Regatas eliminó a Quilmes y Estudiantes al defensor del título, Olimpia. Luego fueron eliminados en cuartos por el Boca de Julio Lamas (a la postre campeón) y Atenas, respectivamente.

Contra los dos nicoleños
Para el campeonato siguiente Estudiantes tuvo a dos Gínobili (se incorporó Sebastián) y San Nicolás a dos representantes en la elite del baloncesto argentino, después de que se produjera el ascenso de Belgrano. En la preparación de ambos para esta Liga, Regatas recibió a Estudiantes en un amistoso el 9 de septiembre de 1997. Ganó 107 a 97 el local, que por entonces ya era conducido por Sergio Hernández y había armado un equipo más que respetable, repitiendo a Rodríguez, Gabini y Baldo, recuperando a Bernardini -que venía de ser campeón con Boca- y apostando al veterano Dennis Still y Elbert Rogers como su dupla extranjera. Esa noche, un Manu definitivamente afianzado en su carrera, se despachó con 29 puntos y el público que asistió al cotejo aplaudió de pie un alley-oop que ensayó con su hermano. Misma cantidad le convirtió una vez iniciada la competencia, por la cuarta fecha. El que sonrió fue el Estudiantes del “Zeta” Rodríguez (95-94), que le ganaría a Regatas los restantes tres compromisos de esa temporada: 94 a 80 y 96 a 88 en nuestra ciudad y 101 a 96 en Bahía (Ginóbili promedió 25.6 puntos en esos tres enfrentamientos).
A Belgrano le fue un poco mejor en los duelos directos con Estudiantes. Al menos pudo derrotarlo en Villa Ramallo por 96 a 92, merced a los 27 puntos de Ken Conley, los 24 de Mario Milanesio y los 19 de Emeka Okenwa (24 de Ginóbili para la visita). En el encuentro previo, Estudiantes había ganado 118 a 91, con 21 del escolta, ya toda una estrella a esa altura. En los belgranenses de Daniel Maffei sobresalieron el “Pampa” Marcelo López (17) y un joven Pablo Prigioni (13), junto a Guillermo Gallo y Danilo Del Set, los sobrevivientes del título en el TNA (otros jugadores de Belgrano fueron Jorge Rifatti y los juveniles Lucas Bertucelli, Iván Zuelgaray e Ignacio Canevaro). Ese año, a los Rojos les costó mantener su lugar entre los mejores: en los play-offs por la Permanencia perdieron con Peñarol y Ferro, y mandaron al descenso a Quilmes, para definir su futuro en un Repechaje con Siderca de Campana, segundo del TNA. Belgrano ganó 3 a 0 y se quedó en la “A”. El torneo se lo adjudicó el Atenas de Rubén Magnano, Marcelo Milanesio, Pichi Campana, Fabricio Oberto, Diego Osella, Bruno Lábaque, Gabriel Riofrío y Leandro Palladino, Regatas, por su parte, fue eliminado por Boca. Aunque previamente se había dado el gusto de barrer a Belgrano por 3 a 0 en la serie de Reclasificación. Finalizó séptimo. Bajo la batuta de Manu, Estudiantes fue cuarto, cayendo en semifinales ante los cordobeses. En total, Ginóbili disputó 126 partidos en la Liga Nacional, sumando 2189 puntos, para llegar a una media de 17.4 por presentación.


El matrimonio Ginóbili-Oroño sopló las velitas
Hoy no solo festejó su cumpleaños Emanuel Ginóbili, sino que además lo hizo su esposa y madre de sus tres hijos, Marianela Oroño, nicoleña ella y criada en La Emilia. Muy pocos conocen los inicios de la pareja, cuyo origen está vinculado estrechamente con San Nicolás. La historia está repleta de puntos en común entre uno y otro personaje, aunque también contiene muchas casualidades.Emanuel Ginóbili nació en Bahía Blanca un 28 de julio de 1977. Marianela Oroño nació en Capital Federal, un 28 de julio de 1981. El apellido Ginóbili está emparentado con la palabra básquet. Jorge, padre de Emanuel fue jugador, técnico y dirigente de Bahiense del Norte. Los hermanos mayores de Manu, Leandro y Sebastián, fueron destacados basquetbolistas, con larga participación en el profesionalismo. Al apellido Oroño también se lo puede relacionar con el baloncesto, puesto que Luis, padre de Marianela, fue un virtuoso jugador, de extensa trayectoria en la Liga Nacional y con presencias en diferentes selecciones nacionales (y actualmente es entrenador).
Con estos datos, pocas cosas más que el básquet podían unir sus caminos. Y gracias al básquet se conocieron.Se conocieron en nuestra ciudad, una tarde de jueves, en 1997. Un joven Emanuel Ginóbili llegó a San Nicolás para disputar un partido de la Liga Nacional de ese año con Estudiantes de Bahía Blanca, club en el que militaba por entonces y que al final de la temporada le serviría de trampolín hacia el baloncesto europeo, después de haber sido elegido en ese último campeonato suyo en Argentina como la Revelación por la prensa especializada. Aprovechando la tarde libre -teniendo en cuenta que el encuentro se jugaba al día siguiente- Manu abandonó el hotel en el que se alojaba la delegación bahiense y salió a caminar, con un destino fijo: la casa de Sergio Hernández. El Oveja -también nacido en Bahía Blanca- era el director técnico de Regatas, rival de Estudiantes en esa fecha. Y además un amigo de la familia Ginóbili. El actual DT de la Selección Nacional vivía en una edificio ubicado en Guardia Nacional y la bajada Belgrano. Manu cruzó la Plaza Mitre sin saber que en su visita a Hernández iba a conocer a la mujer de su vida. Esa tarde, en ese departamento se encontraba Marianela, tomando mates con Elizabeth -esposa de Hernández- y Mara –quien era la señora de Ariel Amarillo, asistente del DT en su paso por Regatas-. Marianela había conocido a los Hérnandez en Cañada de Gómez, cuando su papá, Luis, jugaba allí y Sergio era ayudante de campo de Julio Lamas. Y cuando Hernández vino a dirigir a San Nicolás ese vínculo se volvió más cercano, al punto tal que Marianela -quien vivía en La Emilia- ayudaba a su mujer en el cuidado de los pequeños mellizos del matrimonio, Lautaro e Imanol.
Emanuel y Marianela charlaron un largo rato esa tarde y “pegaron buena onda”. Intercambiaron teléfonos, con la idea de seguir en contacto. Y lo hicieron. De hecho, a partir de ese momento, ya no se separaron. En una ocasión, estando Marianela en casa de los Amarillo, Manu pasó a buscarla. Lo curioso es que lo hizo en un Fiat 147. “Era de color blanco (el auto) y él entraba con lo justo, porque si bien era flaquito tenía una buena altura ya. Yo estaba justo sacando la basura a la vereda cuando él llegó y me preguntó si Marianela estaba en casa”, recordó Ariel Amarillo, testigo privilegiado de los inicios de la relación.Claro que un desafío importante esperaba por Ginóbili en su carrera profesional, que luego de su exitosa campaña con Estudiantes, siguió en Italia. Él le pidió a ella que lo acompañara. Y ella, que, por el trabajo de su padre, desde su niñez sabía lo que era armar una valija y emprender un nuevo viaje, con 18 años, y sin todavía haber terminado la Secundaria, aceptó el convite, poniéndole todas las fichas a ese amor.Y la apuesta salió bien: ya llevan catorce años casados y tres hijos, los mellizos, Dante y Nicola, de ocho años, y Luca, el menor, que tiene cuatro.Después de los cuatro títulos conseguidos en la NBA con San Antonio -a los que se suman los conseguidos con Kinder Bologna y la Selección argentina- Ginóbili anunció su retiro del profesionalismo el 27 de agosto de 2018. Y a quien consultó para llegar a esa determinación fue a Many, con quien comparte el presente y proyecta el futuro. Algo que soñaron en el pasado; en esa tarde de 1997, cuando se miraron por primera vez a los ojos en San Nicolás.


PIE DE FOTO: GINÓBILIGinóbili jugó dos temporadas en Estudiantes de Bahía Blanca: la 96/97 y 97/98.