Editorial: No es momento de que el Estado retire un aporte imprescindible 


Días atrás la titular del BCE y ex FMI, Christine Lagarde, les avisó a los líderes europeos que, mientras siguen las disputas por el fondo de reconstrucción, “lo peor del impacto en los mercados laborales todavía está por llegar”.

Del otro lado del Atlántico también un influyente grupo de expertos alertaron a los líderes estadounidenses sobre el error de querer retirar la ayuda oficial.Basta recordar que en EE. UU. –por ejemplo– ya hay 46 millones de trabajadores que solicitaron el seguro de desempleo, de los cuales la mitad perdió el empleo por la cuarentena y la débil demanda. Y como si esto fuera poco, un informe del Instituto Becker Friedman de la Universidad de Chicago estimó que el 42% de los despidos vinculados a la pandemia serán permanentes.

En la Argentina
En este contexto inquieta que en Argentina se hayan alzado algunas voces oficiales sobre la posibilidad de comenzar a retirar parte de la asistencia al sector privado formal e informal. Si en el mundo parece prematuro retirar ese apoyo estatal, pensemos lo que podría ocurrir en nuestro país si se toma una medida de esa naturaleza.Por estos días se han conocido algunas cifras alarmantes respecto a las consecuencias económicas que está trayendo una cuarentena tan extensa. Sin ir más lejos, según los datos de la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (Fecoba), que releva la actividad en 62 zonas comerciales porteñas, el cierre de comercios se aceleró en los últimos días y ya se acerca al 20% del total, lo que representa unos 24.000 locales solo en CABA.Lo mismo ocurre cuando se van conociendo los índices sobre actividad industrial, desempleo, etc. Todas las cifras son negativas, y lo más preocupante es que no hay visos de que esa caída se detenga.
En este contexto, curiosamente en la Argentina se sigue discutiendo sobre la necesidad o no de que el Estado esté presente en el auxilio a los distintos sectores afectados por la pandemia. Es probable que este debate también esté originado en la famosa grieta. Pero no es este el momento de generar dicha discusión.

Estado presente
La controversia sobre la presencia del Estado en tal o cual rubro o sector de nuestra economía, es válida para tiempos de normalidad. Históricamente siempre han estado los que propusieron un Estado más chico, con casi nula participación estatal, y otros que proponen una injerencia directa en las empresas y en todo tipo de decisiones. En el medio suelen quedar los acusados de tibios, que no se inclinan por ninguno de los dos modelos extremos.Sin embargo, en este momento de la Argentina y del mundo esa dicotomía no es válida. Se trata de una situación de emergencia, que no tiene antecedentes y que ha motivado un accionar del Estado restringiendo deliberadamente –por razones sanitarias de índole superior– las actividades económicas de las empresas y comercios. En consecuencia, es el propio Estado el que tiene que sostener a los distintos actores de la economía para que no bajen sus persianas.

Menor ayuda
En este contexto, es que nos llamó poderosamente la atención la decisión de comenzar a restringir algunas ayudas para el pago de salaries, etc. Aparentemente el tema está en revisión, y esperemos que así sea. Porque se les hará muy difícil a muchas pymes poder subsistir sin ese aporte tan importante.Históricamente desde EL NORTE siempre hemos entendido que es necesaria la presencia del Estado como ordenador y regulador de la economía, pero sin interferencias que bloquean las inversiones y los emprendimientos privados. No vamos a cambiar nuestra postura de fondo al respecto. Pero esta emergencia particular nos lleva a tomar una postura más pro-Estado, para evitar daños mayores a los que ya estamos teniendo.No nos importa la grieta. Tampoco nos importa que nos intenten ubicar en una u otra vereda. Solo somos pragmáticos. Y hoy lo más aconsejable es que el Estado no se retire de nuestras vidas, sino todo lo contrario.