Luis Oroño: “No hacía nada muy bien, pero hacía un poco de todo” 


El rosarino repasó su larga y destacada carrera como jugador, tanto a nivel clubes como en la Selección argentina. Dio el gran salto en los históricos equipos de La Emilia en la década del 70; se retiró con 43 años actuando en Regatas en la Liga Nacional y en el Náutico luego iniciaría su labor como entrenador.


Facundo Mancuso
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Luis Alberto Oroño nació en Rosario un 12 de noviembre de 1955, paradójicamente el año en el que el básquet argentino comenzaba a ser llevado hacia la destrucción y el olvido por la autodenominada “Revolución Libertadora” (gobierno de facto que, tras el golpe de Estado perpetrado contra Juan Domingo Perón, le aplicó una durísima e inentendible sanción a los campeones mundiales de 1950 y los obligó al retiro, acabando con la primera gran camada de basquetbolistas que diera el país y, al mismo tiempo, asestándole un golpe letal a la promisoria competencia interna).
En el plano deportivo, a la Argentina le costó más de dos décadas recuperarse de ese sacudón. Y fue Oroño uno de los integrantes de la camada que comenzaría a colocar al país nuevamente en un lugar de referencia a nivel continental.Si bien ya venía siendo “observado” en el ambiente como un valor a desarrollar por sus primeras apariciones jugando en un recordado equipo de jóvenes de Libertad, campeón rosarino y subcampeón de Santa Fe, su nombre comenzó a trascender a nivel nacional en La Emilia, a donde llegó a mediados de los setenta. Fue campeón provincial con San Nicolás 1976 en Chivilcoy y al año siguiente en Pergamino, en lo que fueron dos de los grandes hitos del baloncesto nicoleño en toda su historia. Oroño compartió esos equipos que Ricardo “Pacú” Gorrasi dirigió acompañado por el mítido Heriberto Schonwies con Oscar “Bicho” Ferrieri, Héctor “Toti” Zamparo, Ramón Carreras, Armando Cisneros, Juan Domingo “Cocaco” Gandoy y Horacio Seguí, entre otros.“Yo me fui de Rosario siendo el pivot de mi equipo y de las selecciones de Rosario y de Sante Fe y después tuve que empezar a cambiar de posición para seguir creciendo como jugador. Y fue así que en mis mejores años llegué a jugar de ayuda-base, por lo que me tuve que ir amoldando a empezar a ver la cancha de enfrente y no de espaldas, a defender a un jugador en toda la cancha”, comentó Oroño, observando a la distancia el devenir de su carrera.

Al básquet grande
Las producciones de Oroño en La Emilia rápidamente hicieron que uno de los clubes más importantes de Argentina por esos años, Ferrocarril Oeste, se fijara en él. Bajo la tutela de León Najnudel, y con Miguel Cortijo dirigiendo la orquesta dentro de la cancha, con el “Verde” de Caballito Oroño ganó varios campeonatos metropolitanos (en esos años también seis campeonatos argentinos con Buenos Aires y Capital Federal) y los sudamericanos de clubes de 1981 y 1982. “Fuimos unos adelantados en esa época, no solo por haber tenido a León sino por haber tenido como preparador físico a Luis Bonini, que trabajó en el fútbol con (Carlos Timoteo) Griguol, con (Miguel Ángel) Russo y el ‘Loco’ (Marcelo) Bielsa, y nosotros ya hacíamos gimnasio, pretemporada y postemporada, algo que ahora es normal, pero que en esos años era toda una novedad, con un grupo de jugadores jóvenes notables como Cortijo, Diego Maggi, Javier Maretto, Luis González, Sebastián Uranga”, repasó Oroño.Luego de haber sobresalido en Ferro, Oroño pasó a otro grande de esos tiempos, San Andrés, ganando allí la Liga de Transición de 1984 y jugando en 1985 la primera edición de la Liga Nacional.En 1987 recaló en Argentino de Firmat, en el 89 jugó en Independiente de Neuquén y en 1990 lo hizo en Sport Club Cañadense, con el que fue subcampeón y tercero en dos temporadas. Su carrera en la máxima categoría continuó en River, Banco de Córdoba, Gimnasia de Comodoro Rivadavia, Boca y finalmente en Regatas de nuestra ciudad, en donde se retiraría ya con 43 años (antes de llegar al Náutico había actuado en la Liga “B” con Social de Ramallo, en el TNA y ya cuando inclusive había decidido dejar la actividad profesional actuó en la Primera local para La Emilia en 1998).
A la Liga llegó ya maduro, con 30 años, pero aun así llegó a disputar 390 partidos, alcanzando promedios de 10.4 puntos, 2 rebotes y 24 minutos de juego (sus mejores años en cuanto a números fueron los primeros, en San Andrés). “Empecé a los 16 años y terminé con 43 enfrentando a hijos de excompañeros o rivales míos (NdeR: como por ejemplo los Scola, Mario y Luis, y los Díaz Gabriel padre y Gabriel hijo) y pasé por varias etapas del básquet argentino, con diferentes reglamentos inclusive”, rememoró.Oroño fue un alero completo, de muchísimo carácter, buen defensor y con interesante tiro a pie firme, inclusive buen triplero (terminó cerca del 50% de efectividad en tiros de tres puntos). Sin tener tanto despliegue físico, contaba con una gran fortaleza, aspectos que lo convertían en una pieza apetecible para cualquier equipo que quisiera ser protagonista. Él mismo se definió como “un todo terreno”. “No hacía nada muy bien, pero hacía un poco de todo –sostuvo– y mi mayor virtud fue la faz defensiva, esa era la parte en la que me destacaba”. En ese sentido, puntualizó: “El que más me costó defender fue al brasileño Oscar Smith, un jugador tremendo, con 2.04 de altura y un gran tiro”. Pero defendí a otros jugadores terribles como (Michael) Jordan en el Preolímpico de Caracas del 84 cuando él estaba todavía en la Universidad, cuatro o cinco veces enfrente a (Drazen) Pretovic, Epi (Juan Antonio San Epifanio) de España, Tato López de Uruguay y tantos otros”, detalló.
En el bancoRegatas fue el final de su camino como jugador y, a la vez, el inicio de su recorrido como entrenador. De hecho, Oroño condujo a los regatenses en la “A” entre 1999 y 2002. Tras esa primera experiencia en el banco se mudó a Sunchales para hacerse cargo de Libertad y después estuvo en Ben Hur de Rafaela. Totaliza 222 presencias, con 92 triunfos y 130 derrotas. Por otro lado, en el TNA fue DT de Ciudad de Bragado y de Olimpia de Venado Tuerto, pasó por Deportes Valdivia y Puerto Montt de Chile y su último registro fue con las selecciones femeninas y masculinas de Paraguay. También trabajó en la competitiva liga rosarina (allí fue campeón en 2013 con Unión y Progreso) y fue uno de los colaboradores de Rubén Magnano en sus primeros años a cargo del seleccionado argentino en el Sudamericano del 2001, Premundial de ese mismo año y el Mundial de Indianápolis del 2002 en el que Argentina sería subcampeón. Antes de que se declarara la pandemia a causa del coronavirus, tenía previsto dictar un par de clínicas en Ecuador y de allí viajar a México para volver a trabajar como técnico, función en la que desea seguir volcando su pasión por la anaranjada, ya rumbo a los 65 abriles.
“San Nicolás siempreestuvo ligada a mi vida”
Sobre su estrecho vínculo con nuestra ciudad, Oroño expresó: “San Nicolás siempre estuvo ligada a mi vida”. “Yo empecé en La Emilia –indicó–, pero también jugué los recordados Acercamientos, me retiré en Regatas y además hice mis primeras armas como entrenador ahí mismo”. “Además mi familia está en San Nicolás, mi hija menor vive allí (se llama Lucía, mientras que la mayor es emiliana, su nombre es Marianela, y vale recordar, por si hace falta, que es la mujer de Emanuel Ginóbili y la madre de sus tres hijos, los mellizos Nicola y Dante de 10 años, y Luca de 6). Me quedaron grandes amigos allí también y por eso tengo los mejores recuerdos de la ciudad”, agregó.

Su paso porla SelecciónNacional
Luis Oroño desarrolló una prolífera carrera en la Selección argentina, en la que debutó en 1979, para convertirse en un referente con el paso del tiempo. Con la camiseta albiceleste disputó los sudamericanos de 1979, 1981, 1983, 1985 y 1991, los Panamericanos de 1979, 1983 y 1991, el Preolímpico de 1984 y el Mundial de 1986 de España, en el que el equipo dirigido por el puertorriqueño Flor Meléndez finalizó duodécimo (pero consiguiendo una histórica victoria por 76 a 70 frente a Estados Unidos, que contaba en sus filas con David Robinson y Steve Kerr, entre otros jugadores que luego se destacarían en la NBA).Cumplió el rol de capitán y en total sumó 59 partidos y un título. Fue en el Sudamericano que se jugó en Bahía Blanca en el 79. En ese torneo, Argentina venció a Paraguay (135 a 56), a Perú (102 a 61), a Venezuela (91 a 62), a Chile (84 a 52) y a Uruguay (105 a 90), para llegar al cotejo decisivo frente al invicto y poderoso Brasil de Oscar, Marcel, Carioquinha, Ze Geraldo y Marquinhos. En el duelo decisivo los locales triunfaron por 90 a 85. Junto a Oroño integraron ese plantel Eduardo Cadillac, Alberto “Beto” Cabrera, Carlos González, Fernando Prato, Jorge Martín, Gustavo Aguirre, Carlos Rafaelli, Carlos Romano, José Luis “Tatote” Pagella, Adolfo “Gurí” Perazzo y Luis González.
Sobre su llegada al representativo nacional, Oroño contó: “Heriberto Schonwies me conocía de La Emilia y fue él quien en 1977 me convocó por primera vez”. “Participé casi 14 años con la Selección y jugué muchos torneos, pero el triunfo contra Estados Unidos en España fue algo inigualable, porque eso se comparó con el título mundial de 1950 por la magnitud del rival y marcó un camino para lo que vino después en el país”, valoró.Igualmente, el “Ñato” confesó que de su paso por la Selección le quedó el “sabor amargo de no poder jugar los Juegos Olímpicos de Moscú” a los que Argentina –pese a haber ganado su derecho deportivo como para competir– decidió no ir al adherirse al boicot contra la Unión Soviética que había impulsado Estados Unidos” en plena Guerra Fría.