Teodoro Michalópulos, el jugador que se convirtió en himno


“Micha” es uno de los símbolos del básquet del Club de Regatas. Allí jugó desde el Mini hasta la Primera División, participando además del logro máximo de la historia del club: el ascenso a la Liga Nacional en 1992. “Siempre agradezco por haber podido estar en ese equipo”, confesó. En 2016 recibió un merecido homenaje de parte de la institución.



Facundo Mancuso
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De alguna manera si la historia del básquetbol de Regatas –por el que pasaron tantas figuras locales de todos los órdenes– se pudiese resumir en un solo nombre, no habría hincha regatense que no dijese “Michalópulos”. O sencillamente, “Micha”. A quienes peinan canas les será mucho más fácil relacionar una cosa con la otra que a los más jóvenes. Sin embargo, estos, a través de lo que se fue transmitiendo generación tras generación, identifican a Teodoro Miguel Michalópulos; saben quién es. Y también saben lo que hizo. Y lo que despertó en propios y ajenos por su manera de jugar; por ir siempre al frente; como si jugara por algo más que el simple hecho de jugar (defendiendo una historia, un estilo, una marca). De parte de los suyos “Micha” recogió lo mejor. Por eso, cuando el club en diciembre del 2016 –a través de una iniciativa de Eduardo “Perón” Kolberg– le brindó un merecido homenaje, pocos faltaron. Y esa noche, el río Paraná acercó como una brisa para que se colara por entre las tribunas el inolvidable cántico que los hinchas del Náutico hicieron suyo por tantos años, como grito de guerra: “Micha, Micha, Micha, huevo, huevo, huevo”. “La gente lo usaba cuando el juego nos era adverso y muchas veces nos daba fuerzas para dar vuelta el partido. Y a mí particularmente me daba una energía extra escucharlo”, confesó Michalópulos, quien reside en Mar del Plata desde hace casi veinte años.

Cien por ciento regatense
Michalópulos jugó en Regatas desde el Mini hasta la Primera División a comienzos de los 80. Pasó un año por Newell´s Old Boys de Rosario, luego recaló en Atlanta y en su primera vuelta a Regatas fue partícipe en el primer título que la entidad de la ribera conquistó en la Primera local en 1986. Al año siguiente volvió a dejar su San Nicolás natal para emprender en la incipiente Liga Nacional el camino del profesionalismo, el cual lo trajo de regreso a casa en 1989 para ser campeón del torneo doméstico nuevamente. En 1990 disputó los primeros clásicos de la era profesional con Belgrano en la vieja Liga “B” y en 1992 fue uno de los referentes del equipo de Regatas que, de la mano de Guillermo Edgardo Vecchio y en el que fue uno de los grandes hitos del deporte nicoleño en toda su historia, consiguió el ascenso a la “A”. De visitante ante Banco de Córdoba, Regatas ganó por 103 a 94 en el tercer partido de la serie, se impuso por un global de 3 a 0 y subió a la elite. En dicho encuentro, el ganador contó con el aporte sobresaliente de Teddy Colter, quien terminó con 30 puntos, 5 rebotes y 3 asistencias. En medio de una notable actuación colectiva, se lució en ese juego también James Parker (19 puntos), aunque las crónicas le reservaron un lugar de preponderancia a Michalópulos por su temperamento y su carácter para guiar a los suyos en un territorio hostil. “Esta es una noche inolvidable, por este recibimiento, por esta gente. Todo lo que ganamos es para ellos, que están festejando ahora con nosotros. Yo esperaba una buena concurrencia, pero esto superó todos los cálculos”, expresó ese 11 de abril de 1992 un emocionado Michalópulos al llegar desde Córdoba a San Nicolás, en donde una multitud esperaba por los protagonistas (los citados Colter, Parker, Michalópulos, más Alejandro Gallardo, Ricardo Lorio, Waldemar Cardona, Ferrari, Cabral y Martínez).
Michalópulos relató que sus recuerdos de Regatas “son únicos de comienzo a fin”. “Del Mini hasta el profesionalismo jugué, es decir que viví todas las etapas, pero lo que más me quedó grabado fue el ascenso, por todo lo que significó para el club y para el básquet de San Nicolás”, afirmó. Y luego apuntó: “Yo venía de jugar el año antes con Pedro (Escarain) y dudé si (Guillermo Edgardo) Vecchio iba a contar conmigo, pero me sostuvo. Y no lo defraudé porque rendí bien. El equipo era competitivo, pero Vecchio tuvo el mérito de encontrar la química de grupo, que muchas veces es lo más difícil de lograr”, señaló al hablar de esa memorable campaña, sobre la que luego dijo: “Siempre agradezco por haber podido estar en ese equipo. No se me borra más ese recuerdo”.

Homenaje
Veinticuatro años después de esa proeza, Regatas con su reconocimiento le rindió honores a un jugador que representó con el mayor de los compromisos a la institución, desde Mini hasta la Primera División, y luego en la “B” y en la Liga Nacional. Y por ser considerado como “una gran persona”, fueron muchos los excompañeros suyos que quisieron estar presente en su fiesta en esa calurosa noche de diciembre del 2016. Entre los acompañantes más destacados estuvieron Teddy Colter, el “Colorado” Roberto Maya, Gustavo Martín, el “Cabezón” Ferrari, “La Vieja” Oscar Ingrata, Marcelo Mora, el “Loco” Horacio Castro, Ariel Bernardini, Jorge Bluhn; mientras que otros, como Luis Oroño, el “Nene” Daniel Spurio, Jorge Acosta, o el “Bicho” Oscar Ferrieri acompañaron con su asistencia (junto a su madre, su mujer y su hijo). Esa noche, las viejas glorias de Regatas se enfrentaron con veteranos de Peñarol de Mar del Plata, club en el que también guardan los mejores recuerdos del nicoleño. El combinado de los marplatenses estuvo encabezado por su histórico capitán, Sebastián “Tato” Rodríguez. “Micha” disputó los dos primeros segmentos para Regatas y luego jugó unos minutos con la camiseta del “Milrayitas”. Totalizó 14 puntos (10 para Regatas y 4 para Peñarol), la mayoría de ellos anotados a través de su tiro característico de media distancia. El resultado (51-44 para Peñarol) fue anecdótico, aunque por momentos algunos nostálgicos pudieron imaginar que se vivía uno de los grandes duelos “ligueros” de décadas pasadas.
El siempre sabio Omar Cernadas –uno de los entrenadores que lo dirigió en su etapa formativa en Regatas y quien más lo marcó, junto a Dante Giurca– dijo que “Micha era uno de esos jugadores que terminaba el partido vacío, porque había entregado todo; no le quedaba nada más por dar”. Esa noche en la que fue reconocido, como por arte de magia, Michalópulos recuperó todo lo entregado y se fue con el corazón y el alma llenos de cariño y afecto. Y además de plaquetas, abrazos y aplausos, el jugador que se convirtió en himno, se llevó en sus oídos para siempre el “Micha, Micha, Micha, huevo, huevo, huevo” que le regaló la gente una vez más.

Su trayectoria
Además de haber jugado en Regatas en tres etapas distintas y habiéndolo hecho en el nivel local (desde el Mini hasta la Primera), en la Liga “B” (del 90 al 92) y en la Liga Nacional (1994/95), Michalopulos actuó en Lanús, Atlanta, Newell´s Old Boys de Rosario, Cinco Saltos de Neuquén, Estudiantes de Concordia, Siderca de Campana, Ciclista Juninense y Peñarol de Mar del Plata. Oficialmente, en cuanto a sus estadísticas quedaron registrados sus pasos por la máxima categoría (58 partidos jugados con Peñarol, Estudiantes de Concordia y Regatas, con promedios de 3.7 puntos y 1. 7 rebotes) y por el TNA (138 encuentros en su haber y medias de 12.9 tantos y 2.5 recobres actuando para Siderca y Ciclista), aunque no su fructífero recorrido por la vieja “B”. “Jugué en muchos clubes, pero la hinchada de Regatas era única y el estadio muy hostil para los visitantes”, indicó.
“Micha” –quien ya radicado en “La Feliz”, fue campeón del Provincial de Clubes con Atlético Mar del Plata en la temporada 1999/2000– también integró diferentes selecciones nicoleñas, inclusive la que en 1987 fuera subcampeona en el Provincial que se jugó en nuestra ciudad, tras perder 88 a 83 en el choque decisivo con la Bahía Blanca de Marcelo Richotti, Esteban Pérez, Rubén Scolari, el “Lunguito” Rodríguez y Jorge Faggiano, entre otras figuras. Al mismo tiempo es uno de los símbolos de los legendarios “Acercamientos” que, previo a la llegada de la Liga Nacional, hicieron conocer al básquet nicoleño en todo el país. Sobre su carrera, Michalópulos comentó: “No tenía en mente ser profesional, todo se dio de manera natural, mientras iba creciendo físicamente”. “Irme a Atlanta en 1982 de la mano de Horacio Seguí me hizo ver que podía jugar a ese nivel –consideró– y empecé a entrenar de otra forma, a trabajar más en lo físico y en fundamentos”. “No me sobraba calidad, pero entregaba todo mi corazón y creo que es por eso por lo que la gente de Regatas, sobre todo, me reconoce y me recuerda después de tantos años”, manifestó.