Claudio Farabello: “Fueron espectaculares esos dos años en Regatas”


El “Lolo” repasó sus dos temporadas en Regatas, que fueron, además, dos de las mejores del Náutico en su larga estadía de doce años en la Liga Nacional. “Todos los partidos jugábamos en cancha llena, con una hinchada que era muy efusiva y muy pasional”, rememoró el alero, que luego sería campeón con Boca y con Estudiantes de Olavarría.



Facundo Mancuso
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Para los hinchas de Regatas posiblemente –en lo que a básquet se refiere– no haya años mejores que los de primera parte de la década del 90; aquellos del ascenso a la Liga Nacional y de las primeras campañas en la “A”, con grandes jugadores, nacionales y foráneos. Uno de esos nombres que quedó grabado en la mente y en el corazón de los simpatizantes regatenses por siempre fue el de Claudio Farabello, un “todo terreno” que ponía todo lo que hay que poner en el rectángulo de juego. Un alero aguerrido, de perfil bajo; de esos que al término del partido no se enfocaba en sus números propios y ponían por delante el beneficio del conjunto. Aun así, cada sábado o cada lunes posterior a las presentaciones de Regatas en las crónicas de EL NORTE o durante la semana en el informe de la revista Solo Basket el “Lolo” sumaba en su planilla personal puntos, rebotes, asistencias y robos. Un poco de cada cosa. Aunque los flashes se quedaran con la capacidad anotadora del “Chuzo” González o del “Lunguito” Rodríguez, o con el show de conversiones de los tremendos extranjeros con los que compartió planteles en el Náutico entre 1993 y 1995, John Deveraux, Edgar León y Vic Alexander.
El mayor de los hermanos Farabello (su hermano Daniel nació dos años más tarde que él, en 1973) llegó a San Nicolás como refuerzo para la Liga 1993/94, la segunda de la entidad de la ribera en la elite. Arribó desde Gimnasia de Comodoro Rivadavia de la mano de Pedro Escarain, quien volvía a Regatas, al que ya había conducido en la “B”. Junto a ellos también llegaron José Fabián Small desde Santa Paula de Gálvez, el “Chuzo” González procedente de Atenas de Córdoba y una dupla de “importados” que haría ruido: Devereaux-León. Regatas apeló a un cambio drástico tomando como referencia el campeonato anterior en el que no le había ido tan mal (se fueron Colter, Romano, Racca, Cocha y Stan Easterling, más el DT, Guillermo Vecchio, a esa altura ya al frente del seleccionado argentino). Pero la apuesta le salió bien. Desde lo individual y desde lo colectivo (lo mismo sucedió para la liga siguiente, cuando solo Rodríguez y Alexander reemplazaron a González y León). Y para que eso sucediera era necesario tener sobre la madera una pieza como Farabello, sinónimo de equilibrio.
“Todos los partidos jugábamos en cancha llena, con una hinchada que era muy efusiva y muy pasional. Regatas era una familia, donde vos te encontrabas con la misma gente siempre, en la playa, en la pileta. Gente muy fanática, a la que nosotros le respondimos muy bien siempre dentro de la cancha. Nuestra localía era muy fuerte y no era fácil ganar de visitantes. El calor de la gente era increíble cuando jugábamos de locales”, recordó Farabello, destacando luego que en Regatas “desde lo deportivo fueron espectaculares esos dos años, porque se alcanzaron objetivos claros”. “Había un buen grupo de jugadores, pero era reducido, en ligas muy competitivas, con equipos muy fuertes”, comentó el entrerriano oriundo de Colón.Al mismo tiempo, resaltó que “los dos años fueron satisfactorios en lo grupal y en lo personal”. “Lo que nos planteamos lo conseguimos y jugando muy bien, porque Pedro (Escarain) nos hizo jugar muy bien. Un año nos elimina Atenas de Córdoba en un quinto partido y al siguiente nos deja afuera también en un quinto Olimpia de Venado Tuerto”, valoró Farabello, quien luego subrayó que “se dio un combo para que fueran grandes campañas” esas de Regatas, que llegó a los cuartos de final –y fue sexto– en las dos ediciones del certamen (los campeones fueron Peñarol de Mar del Plata e Independiente de General Pico).
Al explicar las claves de ese éxito, Farabello apuntó que “en esos tiempos se jugaba mucho con los cinco titulares y no se movía mucho el banco”. “En primer lugar el quinteto estaba muy bien armado –puntualizó–; en eso Pedro fue muy inteligente”. “Las cinco posiciones estaban muy bien cubiertas y los extranjeros eran muy confiables; y fueron tres nomás en dos temporadas, primero John Deveraux y Edgar León y después Devereaux con Vic Alexander. Además eran tipazos que entrenaban a la par nuestra, lo que no es común en los norteamericanos”, argumentó. Y describió que el “Chuzo” González y Julio Ariel Rodríguez “eran los que tenían la misión de anotar especialmente”. “El resto los acompañábamos bien, cumpliendo muy bien cada uno su rol”, señaló Farabello. Y en cuanto a su función, dijo: “Nunca fui un talentoso, pero hacía un poco de todo. Siempre me tocaba bailar con la más fea, tener que defender a los mejores del rival. Eso lo hice durante toda mi carrera; con mucha actitud y muchas ganas”.
En su participación en Regatas Farabello dejó promedios de 12.7 puntos, 3.9 rebotes, 1.6 asistencias, 1.7 robos y casi 34 minutos de juego en 96 encuentros.El recorrido de Farabello tras su paso positivo por Regatas siguió en Boca. “Me hubiese quedado a jugar unos años más en San Nicolás, pero justo en ese momento me salió una posibilidad muy buena en lo económico de ir a Boca y no la pude rechazar. Si no, estoy seguro de que no me hubiese ido, porque ese paso en Regatas me sirvió para dar un salto individualmente”, manifestó. De todas formas, en el Xeneize le fue todavía mejor, teniendo en cuenta que lograría en la 96/97 el primero de sus dos títulos ligueros en quince temporadas de permanencia en la máxima categoría con 650 partidos jugados (el otro fue con Estudiantes de Olavarría, en la 99/2000).Además de haber sido dos veces campeón, Farabello tuvo “la dicha” de haber sido dirigido por “grandes entrenadores”. “Tuve a León Najnudel, Julio Lamas, (Guillermo Edgardo) Vecchio, Sergio Hernández, Daniel Maffei, con quien me llevé bárbaro, y también Pedro, que fue espectacular para mí porque era simple y frontal, sin grandes secretos”, detalló.
Después de su retiro de la práctica activa del básquet cuando ya peinaba canas, como no podía ser de otra forma con los maestros que tuvo, Farabello se volcó a la dirección técnica. Dirigió a San José y a Luis Luciano de Urdinarrain en el Provincial de Clubes de Entre Ríos, en el Federal condujo a Ferro de Concordia y tuvo a su mando a todas las selecciones colonenses. En la actualidad está abocado a la formación de chicos y chicas en su Colón natal, donde había dado sus primeros pasos con la anaranjada a finales de los setenta. Un tiempo antes de llegar a Regatas y dejar su sello.

Una hija nicoleña
No solo por lo deportivo San Nicolás está siempre presente en el recuerdo de Claudio Farabello, sino por lo humano y lo familiar. Él se casó en el medio de las dos temporadas que jugó en Regatas y además aquí nació Belén, su hija. “Tengo el mejor de los recuerdos de Regatas y de San Nicolás, porque mi hija nació en San Nicolás. Justo hace unos días vi por Internet un partido de esa época contra Atenas, sentado al lado de mi hija así que le pude mostrar un poco cómo se vivía el básquet ahí. Y salvo para jugar algunas veces no volví nunca más a la ciudad, y me gustaría hacerlo con mi hija Belén, porque ella tenía 6 meses cuando nos fuimos. Fui muy tranquilo como persona y no tenía mucha vida social. Vivíamos en el mismo edificio con el Mocho Small y con (Rubén) Pikaluk y a veces recuerdo que íbamos a pescar con los chicos del club”, relató “Lolo”.