Ramallo: reinventarse en tiempos de cuarentena


Gonzalo Serra y su esposa Victoria Giani tenían un emprendimiento de alquiler de castillos inflables, además los fines de semana era la cita obligada de mucho niños de Villa Ramallo, que los visitaban en la Plazoleta del Libertador. La aparición de la pandemia puso un freno a la actividad, y por ende al ingreso económico de la familia por unos cuantos meses.


“Esta temporada no pudimos arrancar en la Plazoleta de la estación, nos pasó esto de la cuarentena y debimos abandonar todo el proyecto que teníamos. Tuvimos que buscarle la vuelta por otro lado, al no poder festejarse nada no pudimos alquilar los inflables, que era nuestro principal ingreso familiar. Tuvimos que reinventarnos y probar cosas nuevas. Gracias a Dios la aceptación de la gente fue muy buena”, relato Gonzalo.Entonces pusieron en marcha el ingenio y crearon un “delivery de pochoclos”, que les permite ganarse el sustento de cada día y la idea tuvo una gran aceptación. “A la gente le gustó la idea, y nos acompañó”, contó a EL NORTE.También contó que aprovechan los días conmemorativos del calendario para llevar regalos sorpresas. “En el calendario suele encontrarse días conmemorativos, como el día del nieto o del ahijado, que no son muy promocionados. En cada ocasión la propuesta es poder celebrar dicho día, con un regalo sorpresa, que es el envió de pochoclos a domicilio. Por suerte prendió en la gente y estamos muy contentos”, aseguró.
Según dicen, son los más ricos de la zona. “La receta tiene un secretito, un toque que los hace diferente. Pero es un secreto familiar, está guardado bajo llave. Viste que está la formula de la Coca Cola, nosotros tenemos la del pochoclo y no la puede saber nadie”, responde Gonzalo, entre risas al negarse a develar su receta. Es así, como cada fin de semana, toda la familia se aboca a la producción de pochoclos. La demanda llega en varias cantidades, que luego Gonzalo se encarga de salir a repartir. En las redes sociales se multiplican las fotos de decenas de niños que disfrutan de los pochoclos de Gonzalo, y las recomendaciones terminan por hacerse una cadena interminable.


FOTO: Gonzalo y su carrito pochoclero.