Aprendizajes en época de pandemia 


“Llegar a todos, que todos aprendan”, es el desafío de este momento, según notó el Prof. Dr. Jorge Noro en diálogo con EL NORTE. El docente de la UTN y de seminarios de doctorado en varias universidades, respondió sobre el contexto de encierro que afecta a chicos y grandes, las desigualdades tecnológicas, la situación de los docentes y el momento de la evaluación, entre otras cuestiones.


El docente de la UTN y de seminarios de doctorado en varias universidades Prof. Dr. Jorge Noro, respondió en diálogo con EL NORTE sobre el contexto de encierro que afecta a chicos y grandes, las desigualdades tecnológicas, la situación de los docentes y el momento de la evaluación, entre otras cuestiones. “Llegar a todos, que todos aprendan”, notó como uno de las desafíos en época de pandemia de COVID-19.“Niños y jóvenes pasaron de las vacaciones y el verano de 2020 a la pandemia, sin ningún pasaje de adaptación y preparación. Algo que – desde lo vivido después – pudimos hacer. No es lo mismo decir “mañana se suspenden las clases”, que decir, “nos tomamos algunos días para pasar de las clases presenciales a las clases virtuales o a distancias o a otros formatos. La sociedad, la familia, los padres y los estudiantes están acostumbrados al artefacto escuela, como el instrumento exclusivo que sirve para la educación formal. Sin escuela nos quedamos sin educación, aunque respondiendo a las indicaciones de docentes y de padres que suponían que se podía pasar, automáticamente, de un formato presencial a un formato a distancia: como en un celular es cuestión de pasar de modo: “modo a distancia”, una de las tantas opciones. La vida y la educación no son digitales, sino analógicas, muchos más diversas y complejas. Los estudiantes, a su vez, debieron acostumbrarse a vivir situación de encierro y de convivencia familiar forzada y absoluta, situaciones a las que no están habituados y debieron adaptarse, con las lógicas consecuencias no deseadas. Mucho de todo eso lo evaluaremos cuando en algún momento todo pase. Cuánta pedagogía hay por escribir”, analizó.

Cambios y accesibilidad
En cuanto a si los docentes y los alumnos tienen los elementos de conectividad y formación para trabajar en este contexto, expresó: “Los docentes dejaron las escuelas (no tan rápidamente como los alumnos) y transformaron sus pizarrones, carpetas, planillas, listas, rituales diarios y semanales, clases presenciales y encuentros cara a cara, por clases a distancia, envíos de materiales, plataformas, tareas, obligaciones, consignas, tratando de llegar a todos los alumnos de alguna manera. El teléfono, la netbook de plan igualdad, la computadora familiar, alguna notebook se convirtieron en los nuevos instrumentos mediadores de la educación y las clases. Se llenaron de tareas, recibían consultan en todo momento, comprometían a los padres (que colaboraban, demostraban su impotencia o se quejaban) y se convirtieron en docentes a tiempo completo. No todos los docentes, estudiantes familias estaban y están preparados tecnológicamente para este tipo de educación; conectividad, créditos en el celular, tipo de tecnología, señal. Muchos no estaban capacitados para estos compromisos, porque su formación nunca pensó en estas alternativas. Así que muchas clases no se dieron, hay materias que no se abordaron y a muchísimos alumnos que han perdido estos dos meses. Después de un buen tiempo, los sistemas provinciales (que son los que tienen alumnos y escuelas) pensaron en cuadernillos y recursos gráficos para repartir especialmente en los sectores más vulnerables, ajenos a todas estas posibilidades, sugiriendo propuestas y seguimiento por parte de los docentes”.

Educación no presencial
Respecto de si las desigualdades se profundizan con la educación a distancia, consideró: “Si la educación ya marcaba las diferencias entre la diversidad de propuestas, desarrollos y exigencias que se exhibe en las distintas geografías y condiciones socioeconómicas en las que funcionan las escuelas públicas y privadas, este juego de presencia/ausencia de recursos las profundiza. Unos cada día siguen ganando y otros, día tras día, perdiendo. Para algunos sectores la educación a distancia es una práctica habitual que se suma al trabajo presencial en el aula, trabajando diversos formatos de “aula invertida”, pero para otros es una imposibilidad absoluta. A ésto se le suma la contradicción en los discursos que confunden a todos: autoridades, especialistas y medios aplauden por momentos la acción de los educadores, pero – por otra parte – se debate `cuándo comienzan las clases`, `cómo se recuperan estos días perdidos`, desnudando una visión crítica de este período. ¿Qué incentivo puede tener un docente para seguir con su tarea, si le anticipan que su trabajo será revalidado realmente cuando den las clases en el aula y se encuentre con los alumnos?”.
“Por supuesto que se pueden dar clases a distancia, se pueden hacer tareas a distancia, se pueden interactuar con cada uno de los alumnos, se puede reunir virtualmente al personal docente y orientarlos, se puede armar evaluaciones de los aprendizajes, que tengan tanto valor como las presenciales. Pero para que todo eso funcione es necesario estar preparados. No hubo cátedras, seminarios o especializaciones en educación en época de pandemia o ser maestro en casa y con toda la familia alrededor, o ser docente inclusivos adaptando contenidos y métodos a los recursos que cada alumno tiene”, marcó.

Evaluación
Sobre cómo pueden hacer las evaluaciones los docentes cuando las autoridades educativas proponen para esta instancia priorizar los vínculos por sobre el contenido sugiriendo que no es momento para desaprobar a nadie, Noro manifestó: “Ojalá todo esto sirva para que el sistema se piense a sí mismo, que imagine una escuela que esté dispuesta a innovar y aprender, a pensarse con otros formatos alternativos, adaptada a situaciones diversas y con mucha creatividad solidaria. Y que el año escolar, el ciclo académico sea pensado desde y con todos los actores, con mucha autonomía institucional para considerar todos los casos y cada uno de los casos, y salvemos no los programas, contenidos, registros y cumplimientos, sino los aprendizajes. Este ha sido un año de muchos, demasiados aprendizajes, tanto que no llegamos a procesarlos aún. Y para eso niños, adolescentes y adultos necesitamos mucho de la educación”.