Una artista nicoleña fue tapa de la revista de arte española Art & Hum


Carmen Padilla, destacada artista de San Nicolás, fue tapa de abril en Art & Hum, se trata de una importante revista digital de Artes y Humanidades, que reconoció el trabajo que la joven realizó para la galería de Arte Municipal, el pasado 11 de noviembre. Esta muestra cerró el ciclo 2019 en el espacio del Teatro (Maipú 22). Actualmente trabaja en el proyecto «Ecos de Cuarentena», donde recopila audios de un minuto que cualquier persona aventure a captar, en la intimidad de su casa.


Manuela Fernández Nessi
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Carmen Padilla es profesora de Artes Visuales, se recibió en la Escuela de Arte de San Nicolás, con orientación al grabado. La vida nómada y la experiencia sensorial coronaron una instalación de Arte Sonoro excepcional. El resultado fue una combinación hábil entre un estilo de vida singular y su mejor estado creativo, dando lugar a una obra de arte distinta.

La publicación
La portada impacta con una imagen de la instalación de Arte Sonoro de Carmen, y nombra la Galería Municipal de Arte de San Nicolás como lugar de exhibición. La iniciativa de la publicación estuvo a cargo de Leonardo Mayer, gestor cultural y artista audiovisual, quien fue el encargado de escribir el artículo. “El Arte Contemporáneo alberga una gran cantidad de prácticas que hacen a su desarrollo, dentro de las que se encuentra el arte sonoro. La artista argentina Carmen Padilla ha vivido en diferentes ciudades de Latinoamérica, siempre habitando temporalmente casas amuebladas que convertía en su propio hogar, su morada, su refugio. La artista comenzó a almacenar sus recuerdos a través de la fotografía digital, hasta toparse con el recurso extraordinario del sonido, registrando en cada uno de sus hogares los sonidos cotidianos, grabados a tan alta resolución que ni ella misma podía distinguir la grabación de la fuente. Sonovalija es una representación subjetiva de las maletas cargadas de recuerdos, producto del desarraigo al irse de las ciudades de Santiago de Chile (Chile) y San Isidro del General (Costa Rica). Padilla nos enseña a aferrarnos a lo cotidiano, a lo sencillo, y despojarnos de todo recuerdo material, así como si lo único importante al mudarse fuera una memoria portátil”, escribió Mayer.
Carmen tomó gran cantidad de seminarios, talleres y cursos con docentes y artistas, tanto en Argentina como en el resto de los países donde vivió. La migración repetida de la artista y su familia se vio puesta de manifiesto en sus creaciones, su modo de expresarse y la necesidad de encontrar nuevos medios artísticos, “circunstancias que hicieron sentir en su obra la necesidad de focalizarse en el desarraigo, y la imposibilidad de acarreo de la gran mayoría de los objetos, muebles y personales”. En la publicación, la joven expresó: “La valija alude indefectiblemente al viaje, pero el haberlas llenado de lo que fueron mis casas, invita a preguntarse sobre algo más que el trayecto, ese camino recorrido de una casa hasta llegar a lo que sería mi nuevo hogar. La valija es el objeto nómade por excelencia y en este caso lo que lleva adentro representa la morada, un intento de sedentarismo que aunque provisorio todo migrante atraviesa. Y cuando la relación con ese espacio excede las convenciones de un alquiler de habitación de hotel, cuando uno asume el espacio como hogar y no solo como un lugar donde uno pernocta, es que se inicia este ciclo de obras que alude a mis recuerdos cotidianos”. En tanto, el redactor focalizó: “En todas sus obras persigue colores, formas y elementos específicos en función de cada trabajo, como si fuera perro de caza, sin dejar ningún detalle librado al azar. Y a la vez es muy permeable a lo que los materiales le proponen, considerando que el diálogo formal con la obra es una de las mejores charlas a tener”.
Esta instalación monta la red de relaciones que se establecen entre cinco elementos en una misma sala; tres físicos: una valija de madera, otra de metal y una malla suspendida del cielorraso, y dos sonoros; sumados a la experiencia que vive el público. Cada maleta almacena sonidos que pueden interpretarse como cotidianos de dos espacios diferentes… ¿Cocina? ¿Habitación? ¿Hogares? ¿Patios? ¿Jardines? ¿Ciudades? ¿Eventos? Sonidos a modo de paisaje sonoro que refieren escenas cotidianas quizás en una casa, en un momento determinado, en la historia de una persona cualquiera. “Creo que Carmen es una mujer hoy más hábil. Que tiene un montón de historias para contar, pero que solo a veces lo hace. Que dejó tanto objeto perdido por ahí, que ya no le da gran importancia a las cosas... Pero que despierta todas las mañanas recordando una esquina diferente de la que alguna vez fue su ciudad”, dijo la autora a modo de autodefinición.

Ecos de cuarentena
El paisaje sonoro de una casa está determinado por los fenómenos vibrantes cotidianos, que suceden en ese espacio. La naturaleza de estos fenómenos está condicionada por la presencia de materiales, máquinas, sonidos humanos, sumado a la influencia de factores externos como animales, clima, etc. A partir de este período de aislamiento obligatorio que Argentina (y otros países) transita es que “me pongo a repensar en término de paisajes sonoros. Muchos sonidos han sido suprimidos de escena de un día para otro, dando espacio a la escucha de los sonidos solapados por la urbe. Cuando la ciudad se aquieta, puertas adentro de cada casa hiperhabitada se activan nuevas configuraciones de sonido determinando otras formas de paisaje sonoros de casa”, la propuesta parte del deseo de compartir un momento de reflexión en clave artística. Un momento para hacer consciente aquello que no siempre lo es y pensar la cuarentena en términos de sonidos y silencios de nuestros espacios íntimos.
Cómo participar: grabá un minuto de sonido de tu casa, usando Whatsapp o haciendo un video (cubrí el lente de la cámara así solo captás sonidos). Nombrá al archivo con tu nombre y el número de tu casa (Carmen-177) y envialo a carmenpadillaarte@hotmail.com Los archivos serán publicados para que todos oigamos los ECOS DE LA CUARENTENA.