Daniel Spurio: el gigante con cara de malo, una zurda prodigiosa y un corazón de oro


El “Nene” fue uno de los símbolos de los recordados “Acercamientos” que se desarrollaban en San Nicolás décadas atrás. Pero fue además uno de los grandes basquetbolistas que dio la ciudad, actuando en todas las categorías del país y jugando en diferentes selecciones locales, provinciales y nacionales. Y es también una de las personas más queridas en el ambiente.


Facundo Mancuso
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Mis primeras imágenes nítidas en relación con el básquet están ligadas a este entrañable personaje; un gigante con cara de malo, que pisaba fuerte con sus piernas en posición de “V”, dejando huellas en cada paso, casi haciendo ruido al caminar. Su andar intimidaba. Mucho más a un niño de no más de 7 u 8 años. Realmente me impresionaba cuando pasaba por mi lado el “Nene” Spurio (mucho tiempo después recuerdo haberlo visto transitar las calles nicoleñas a bordo de un Fiat 600, el popular “Fitito”, en una escena caricaturesca). Claro que ese temor desaparecía cuando empezaba a tirar al aro. Allí ya comenzaba a divertirme. También lo disfrutaban las multitudes que colmaban la vieja cancha de Regatas durante los recordados “Acercamientos”. Y hasta el propio “Nene” empezaba a disfrutar, encestando la pelota desde el lugar que se lo propusiera con su zurda prodigiosa.
Además de haber sido una de las emblemáticas figuras de esas inolvidables veladas basquetbolísticas décadas atrás, el “Nene” fue uno de los mejores jugadores que dio San Nicolás. Carlos Daniel Spurio nació en nuestra ciudad el 18 de noviembre de 1956. Se inició en Regatas, en 1968. Allí tuvo como entrenadores a Dante Giurca y a Ricardo Gorrasi, con quienes comenzaría a desarrollar sus virtudes –como su tiro certero–; contando con unas cualidades técnicas poco convenciones teniendo en cuenta su contextura física (las cuales al mismo tiempo le permitirían desnivelar en varios sectores del campo rival, posteándose y girando hacia su lado hábil). En 1975 –año en el que llegó a vestir fugazmente la camiseta de Belgrano– pasó al club Boca Juniors de Capital Federal, iniciando un largo periplo fuera de su suelo natal (casi siempre utilizando el número “13” en sus espaldas). Actuó luego en Ameghino de Pergamino, YPF de Capital Federal, Obras Sanitarias, River Plate, Vélez Sarsfield, San Lorenzo de Almagro, Independiente de Neuquén, Unión de Santa Fe, Gimnasia de Pergamino y Club Córdoba de Corrientes.
Jugando para San Lorenzo –ante Argentino de Firmat– el “Nene” participó en el histórico partido inaugural de la Liga Nacional, el cual se jugó en cancha de Obras el 26 de abril de 1985. Ese año promedió 21.1 tantos por juego, en el que fue su mejor performance en el profesionalismo. En la “A”, Spurio en total disputó 64 partidos a lo largo de tres temporadas; las otras dos fueron con Unión de Santa Fe y Gimnasia de Pergamino. En ellas alcanzó en total un promedio de 11.1 puntos.
Un tiempo después, en 1991 regresó a Regatas para jugar la vieja Liga B (lo que luego sería el TNA), entre 1992 y 1994 actuó en SOMISA, consiguiendo el ascenso a la “B”. Tuvo un paso por Náutico de San Pedro y se retiró de la actividad en 1995 en Automóvil Club, al que más tarde dirigiría. Además de haber integrado durante muchos años –habiendo sido compañero o rival de los mejores jugadores de la época– diferentes seleccionados de San Nicolás, Pergamino, Provincia de Buenos Aires (fue campeón en compañía de un tal “Beto” Cabrera, por ejemplo) y Capital Federal, Spurio vistió la camiseta de la selección argentina en reiteradas oportunidades.
En 1975, Spurio fue subcampeón sudamericano juvenil con Argentina, detrás del Brasil de Marcel, Oscar y Gilson, en el torneo realizado en Araraquara. En ese plantel que dirigió Abelardo Dasso el nicoleño tuvo como compañeros, entre otros, al Gato Meire, al Negro Romano, Daniel Ludi y a Mario Scola (padre de Luis). Al año siguiente volvió a jugar para el representativo juvenil argentino, en este caso el Panamericano de San Pablo. Y en 1977 y 1978 actuó para la Selección Mayor en los panamericanos de Chile y Venezuela, respectivamente. Allí tuvo como entrenador nada más y nada menos que a León Najnudel. Luego de su retiro como jugador con casi 40 años se dedicó al automovilismo, compitiendo en las categorías zonales. Y tras haber estado varios años alejado de la actividad deportiva, regresó una vez más al básquet de Regatas; en este caso para trabajar como técnico en las formativas y en el representativo “B” regatense en la Primera local. Allí se mantuvo hasta el 2017, cuando por razones de salud y por recomendaciones médicas debió abandonar la tarea (como si esto fuera poco, en el medio padeció las inundaciones en su casa y en su taller de confección de ropa y mantelería de La Emilia, en donde reside). Al mismo tiempo Spurio tuvo que desprenderse de la organización del Maxibásquet en el ámbito de la ABSN, actividad que desarrollaba con enorme pasión (etapa en la que pudo cosechar lo que había sembrado durante tanto tiempo, recibiendo muchas muestras de afecto por la carrera realizada).
Se lo vio en alguna que otra “escapada” viendo a su Regatas querido en las ediciones pasadas del Provincial de Clubes, aunque luego de haber sufrida una nueva descompensación por sus problemas cardiorrespiratorios se alejó definitivamente de los “parqués”. Desde entonces al “Nene” –con su físico muy dañado producto de varias intervenciones quirúrgicas delicadas– pasa sus días literalmente entre cuatro paredes, acompañado de su esposa Matilde, incondicional compañera, y el cariño de sus hijos y nietos. Y atesorando los recuerdos de los maravillosos años vividos junto a la “anaranjada”; un amor que no se terminará nunca. Y que la historia ya se ocupó de poner en su lugar para que las próximas generaciones sepan quién fue el “Nene” Spurio.

Sus días en cuarentena
A pesar de las peripecias que debió atravesar, el “Nene” conserva su picardía. Aun en tiempos de cuarentena. “Hace más de dos años que estoy haciendo cuarentena, así que esta situación no me afecta para nada”, comentó Daniel en un breve contacto con EL NORTE. Lo que sí reconoció es que se tiene que cuidar “más que nadie” por su estado de salud. En tal sentido, explicó: “Estoy guardando aislamiento porque soy un claro caso de persona de riesgo para contagiarse de coronavirus por mi situación”. Más allá de esto, contó que está “bien” y “de a poco mejorando”. “Me tocaron pasar varias cosas jodidas, todavía no puedo caminar porque estoy muy flaco, pero el corazón me está respondiendo”, detalló.