Tres nicoleños sin destino cierto, en un viaje por el Océano Pacífico 


Estamos a la deriva, en medio del Océano Pacífico, por culpa del coronavirus y de la irracionalidad de los gobiernos de turno. ¿Alguien nos abrirá sus puertas?



Por Pablo González
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

En el medio de la nada. A la deriva en pleno Océano Pacífico Sur. Así estamos, después de casi veinte días de viaje y seis ininterrumpidos en el mar. Esperando que algún país se apiade y nos permita llegar a tierra firme.
La historia comenzó el 28 de febrero en Sidney, Australia. El Crucero Norwegian Jewel prometía recorrer varias islas del Pacífico Sur, con destino final a la soñada Polinesia Francesa. Allí subí junto a mi esposa e hija, en viaje de turismo. El Coronavirus ya estaba presente, pero no había explotado a nivel mundial. Los primeros días fueron tranquilos, pero ya hubo cambios en el itinerario que presagiaban problemas.A medida que pasaban los días veíamos las noticias y nos preguntábamos si esta historia terminaría como se había programado. Llegamos a Fiji, partimos rumbo a Polinesia, y parecía que todo se encaminaba.Pero de repente nos comunican que los puertos de Polinesia acababan de cerrarlos para los cruceros por la pandemia del Coronavirus. Nos dijeron que volvíamos a Fiji, pero cuando estábamos por llegar nos anunciaron otro destino. Ahora íbamos a Auckland, Nueva Zelanda. Faltaban dos días para llegar, y un nuevo anuncio: Nueva Zelanda también cerró sus puertos.

A la deriva
Aquí estamos entonces ahora, a la deriva y sin destino cierto. Con combustible y comida vaya a saber por cuánto tiempo. Uno quiere creer que no nos dejarán abandonados en el medio del mar. A nosotros tres, a los otros 15 argentinos y a los restantes 3.000 pasajeros. Pero la verdad es que nadie comunica ni asegura nada.Sólo me queda escribir. Como alguna vez lo hice desde Estambul cuando me agarró allí el golpe de estado. Hay algún raro designio del destino que siempre me ubica en el lugar donde hay grandes problemas. Y aquí estoy nuevamente casi como corresponsal de guerra...ImpotenciaEs difícil explicar lo que siento. En Turquía caían bombas y mataban gente. Pero aquí en el Crucero es la impotencia de no poder hacer nada...Los países cierran sus puertos y nos tratan como si nosotros fuéramos los portadores de la gran pandemia mundial. Sin embargo, aquí en el crucero estamos todos sanos. Nadie tiene Coronavirus, y ni siquiera se escucha una tos o un estornudo. Me animaría a decir que este crucero es hoy el lugar más seguro del mundo para no contagiarse el Coronavirus porque hace muchos días que estamos navegando, siempre somos los mismos y nadie se ha enfermado. Sin embargo, ninguna nación nos deja pisar tierra.
El coronavirus es real, pero su tratamiento es absurdo. Se hace mucha política y hay poco sentido común. No tiene lógica que no dejen bajar en ningún lado a 3.000 pasajeros en perfectas a condiciones de Salud.En la esperaNo me pregunten cómo terminará esta historia, porque no tengo la menor idea. Ya cambié dos veces los vuelos de regreso siguiendo las instrucciones del crucero, y todo quedó sin efecto porque luego cambiaron la orden.Hoy estamos en medio del Pacífico Sur. Solos y a la deriva. Sin destino cierto y sin que a nadie parezca importarle demasiado. Sólo me queda escribir y contar la historia, como siempre lo hice. Al fin de cuentas soy periodista, y ese es mi destino...Es desolador ver solamente el mar durante tantos días. Y no saber adónde vamos. Pero no es momento de aflojar. Mantendremos la mente fría y el temple bien fuerte. No nos vencerá el Coronavirus, y mucho menos la irracionalidad de algunos gobiernos que sólo piensan en hacer política.Más tarde o más temprano, alguien nos vendrá a rescatar. Y si no, que al menos nos arrimen una caña de pescar para ir acumulando pescados y algún otro animalito de mar hasta que pase el Coronavirus...


FOTO: Desde hace seis días, el crucero Norwegian Jewel, con 18 argentinos a bordo, es rechazado en distintos puertos el Pacífico Sur.