MENTIME QUE ME GUSTA Y NO QUIERO SABER TANTO

Encontraron a la nena M y el mundo es maravilloso, el FMI nos presta plata porque quiere que nos vaya bien, las vacunas se demoran porque se distribuyen equitativamente en el planeta, Cristina y la Pato se gastan bromas porque en el fondo se respetan, la inflación está controlada, los chicos vuelven a las aulas, la monogamia es sagrada y los Reyes Magos ya están fabricando juguetes.

Germán Rodríguez
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La historia tenía el final feliz que querían todos y a otra cosa, a divertirse con Cristina y Bullrich que se tiran con personajes de Pixar y Disney (se ve que tienen la suscripción) y los lectores de uno y otro lado que gustan de indignarse según las empatías. Pero no hubo final feliz ni vida feliz ni futuro agradable para nadie. En estas historias a las princesas las violan y las matan, a los chicos los golpean y los abusan y los malos salen impunes, siguiendo con sus bajezas. La vida no entiende de guiones ni cuentos y nos pega aunque prefiramos el silencio y las mentiras.
La verdad, esa cosa inasible y manchada de opiniones y puntos de vista deformados, es que la pequeña M, que tuvo al país en vilo durante su supuesto secuestro, cosa que ya no sabemos si fue así, fue finalmente rescatada y llevada en andas por una oficial de policía. La nena esta viva y los ciudadanos recobramos el sueño pensando en otras cosas, necesariamente obligándonos a pensar en otras cosas, dejando que alguien más se ocupe de todo (para eso pagamos impuestos, se dicen comprando tranquilidad). La nena M sí fue abusada, la pequeña de 8 años era continuamente violada por mierdas que pagaban algo a la madre que vivía puesta ignorando, o directamente no importándole lo que pasaba. La nena M no entenderá lo que está bien o que está mal porque su entendimiento nace de un mundo sombrío y de bajezas que, repito, mejor es no ver.
La sociedad necesita una tranquilidad mental, anestesiada por otras noticias que van a velocidades vertiginosas, que nos confunden y nos producen una amnesia sensorial y sentimental, transformándose en las típicas miradas frías de la posmodernidad (¡qué término de mierda!) que nos emocionamos al mismo ritmo en el que nos reímos, puteamos y vivimos angustiados sin saber por qué. Gastamos en terapia porque no queremos ver, porque si vemos, nos horrorizaríamos de nosotros mismos.
A M la violaban por paco como hacen con miles de nenitos de la calle, que si llegan vivos a la edad adulta solo sabrán reproducir dolor y miedo porque es lo único que conocen, porque el saber que forjó sus almas es un entramado de miserias.

Mentirnos
Solo darse una vuelta por Mitre en pleno horario bancario y ver a las mujeres y chicos sentados al lado de la puerta, con la palma de la mano tendida, debería ser una gran pregunta que debería ocuparnos la cabeza y volvernos exigentes con nuestros políticos (ponele, por decir algo demócrata y ciudadano) o principalmente con nosotros mismos. ¿Adónde va ese chico con el billete de mierda de diez pesos que le dimos, si es que se lo dimos porque por ahí da vuelta la máxima de “no le den plata a los pobres porque se la gastan en chupi”? ¿Quién ocupa las largas horas de ocio de aquellos que se cayeron de este sistema, que nos enseña a educarnos como quieren que nos manejemos, dentro de una sociedad ya encasillada y con pocos espacios libres, para después pasar una vida trabajando a la espera de un mísera jubilación y la inevitable muerte (todo muy absurdo eso de la existencia)? ¿Qué hacés, pibito, en esos momentos en los que no vas a la escuela, estudiás, almorzás, cenás, salís con tus padres a pasear, jugas con amigos, vas al club a practicar futbol, o cualquier cosa que sea que consideraríamos normal si no fuera que esa normalización establecida es solo para un cupo limitado de personas? ¿Quiénes abusan de las horas de esos chicos, los destruyen y trasforman, mientras nosotros sentimos que el cielo nos guarda un espacio, solo por unos mugrosos diez pesos y nuestro olvido confundido de gritos de información atontada, que nos vuelan la cabeza desde los celulares?
Puta, pero que tentador es ver fotos y videos de vidas fantásticas, que a la larga, si ahondamos un poquito, se tratan de otra mentira más.
Vivimos mintiendo, pidiendo que nos mientan, comprando falsedades y subsistiendo sin pensar, porque si nos arriesgamos a querer saber, sabremos que en el fondo está todo para la mierda.