MEL MUÑIZ, UNA MÚSICA DEGENERADA

Por Carmen Padilla

Entrevista por teléfono, tan vintage como su imagen y sonido. A lo largo de la charla me pregunté varias veces si ella es real o una ficción. La envuelve un halo de seducción y misterio que alimenta estudiando astrología. Proyecta una imagen imposible, de diva de la época dorada del cine argentino, pero en 4K. 

CARMEN: ¿Sos una multiprocesadora?
MEL: ¡Sí! No sé si estás muy familiarizada con la astrología, pero empecé la carrera y estoy viendo signo por signo, cada semana. Y me pasa de quedarme pegada. Esta semana estoy viendo géminis y estoy muy géminis. Hago como dieciocho cosas al mismo tiempo.

C: ¡Tu repertorio no elige género, sos una degenerada! ¿Sos multi-instrumentista, multi-generista?
M: Si, más multi-generista que multi-instrumentista; pero sí, toco varios instrumentos (dice humildemente). Y Las Taradas es un proyecto terminado. La Familia de Ukeleles, Las Bourbon (Bourbon Sweethearts; son todas bandas en las que participa) y la Escuela Hermanos del Ukelele (su escuela de música). Y la verdad es que somos muy profesionales. Ensayamos cuando tenemos tocadas. Lo llevo así tratando de que las fechas no se superpongan para poder agitarlas. También armé un ensamble vocal de mujeres que me fascina y, bueno, mi proyecto solista. Estoy haciendo el disco nuevo y me cuesta porque “Aguerrida” (lanzado en octubre del 2020) fue mucho laburo. Durante 2020 compuse un montón. Y necesito ya ponerme las pilas. Hay canciones que me gustan, pero hay otras que ya las siento viejas. Es que a veces hay canciones que una canta y después dejas de sentir eso. Entonces tenés que actualizar lo que sentís.

C: ¿Es verdad que tus canciones después de un tiempo se te vuelven premonitorias?
M: ¡Sí! Es parte del inconsciente. Y me pasó más que nada con Aguerrida. Lo compuse conviviendo con mi ex. Saqué el primer simple “Sin una gota de amor” y el flaco no entendía nada. Bueno, ¡Me quedé sola en pandemia! (risas) Y eso que yo no quería separarme. ¡No las compuse pensando en él! Salió y después pasó.

C: ¿Creés que el artista es canal de algo que está afuera de sí mismo, pero que no puede explicar?
M: ¡Re! “El camino del artista” es un libro de Julia Cameron, de ejercicios de escritura  que se hacen semanalmente. Y dice: vos, universo encárgate de la cantidad, que yo de la calidad. O sea, el orto lo sentás vos, pero lo que te baja no es tuyo. No sé de donde baja. Una oficia un poco de canal ¡Pero no es tuyo! Y en ese libro, cualquiera puede encontrar su conexión con el arte.

De repente ella sale de su casa y se corta la comunicación. Empiezo a pensar en lo improbable que es Mel Muñiz. Triunfa cantando en close harmony, boleros, jazz, blues y guarachas. Viste puntillas, encajes y perlas estando enteramente tatuada. Y empiezo a pensar que no sé a dónde estoy llamándola. Que no estoy viéndola y que ya no creo en la linealidad del tiempo. ¿Nuestras historias personales empiezan el día en que nacemos? ¿Podrán superponerse dimensiones que conecten dos puntos improbables de la historia?
Me llama y se duermen mis preguntas.

C: ¿Cómo inicia tu relación con la música?
M: Mi relación con la música empieza medio mal. Una profesora me dijo que no podía cantar, que me tenía que hacer ver. Y eso me marcó. Pero como el interés con la música estaba, fui y me compré una guitarra. ¡No sabía nada! El chabón me dijo: ¿Qué guitarra querés? Y le dije: ¡La blanca! ¡Ah y un ampli! (Risas) Después más grande, en mi colegio había una banda de chicos y como yo tocaba fui a un ensayo, y terminé cantando. Les gustó tanto que me invitaron a seguir yendo. Y ahí conocí a un profesor que ¡me partió la cabeza! De ahí no paré. Los buenos docentes son fundamentales.

C: ¿Hacés fotografía analógica?
M: Sí, que es algo que me tiene muy contenta, fuera de la música. Me compré una Yashica de doble lente y formato medio. Hice un curso y ya está. Hago fotos. (…) Las subo a @melitalandia y ahí es donde subo cosas más diarias. Es menos formal que @melmunizmusica.

C: En tu carrera de música, ¿te topaste más con mujeres, con varones o es parejo?
M: Cuando yo estudiaba todos mis compañeros eran varones y a donde iba a tocar, todas bandas de varones. Pero después de terminar en la EMBA (Escuela de Música de Buenos Aires) conocí a una saxofonista, que también tocaba el clarinete: Carlita, que fue parte de Las Taradas y es quien me convoca para tocar con todas minas y me di cuenta que es re lindo tocar con minas. Las dos energías son re lindas porque se re balancean. Pero tocar sólo con chicas… hay algo en la sororidad, hay algo que es otra cosa. O sea yo no privilegio a un ser, por ser varón o por ser mujer. Aunque igual la disrupción desbalanceada es necesaria. Por eso la discriminación positiva es necesaria. Igual me preguntan por qué en mi proyecto solista no hay otra chica. Yo tengo a tres tipos cantando “Somos hermanas” y me hacen coros en canciones que están siendo interpretadas en primera persona ¡por una mujer! Me parece que más allá de todo, todos tenemos una parte femenina y una masculina. Es eso.

C: ¿Estudiaste en Estados Unidos?
M: Sí, en Nueva York tomé clases de canto con Christine Correa, que me tiró una data ¡Que todavía sigue sirviéndome!

C: ¿El arte es con otros siempre?
M: ¡Claro! Tengo una amiga que vive en NYC también y me empezó a pasar data de canto. Straw phonation se llama la técnica, es con un sorbete. ¡La re uso en el ensamble vocal! Claro que es con otros. Si no ¡es re egoísta! Yo salí con un guitarrista. No sabés lo que tocaba. ¡Nivel concertista! ¡Y no tocaba en ningún lado! Eso es negligente a la energía del universo. Por eso es re importante que la gente se conecte con sus lugares artísticos. No para vivir de eso, pero sí para conectarse consigo mismo y con todo.

Nos despedimos como si nos conociéramos porque Mel tiene una energía misteriosamente cercana. También es muy graciosa y relajada, aunque mientras charlábamos hizo mil cosas. Paseó por su improbable casa, caminó sus improbables calles, hizo improbables compras y saludó a sus improbables vecinos.
Son altamente recomendable las experiencias improbables en medio de las rutinas aplastantes. Mel es un rosario de improbabilidades bellamente hilvanados en imágenes y sonido.