LA INCERTIDUMBRE DEL HAMBRE

La pobreza, esa que ya sabíamos pero no queremos ver porque tenemos memoria selectiva, está ahí, comiéndonos los talones, creciendo a la par de la pandemia eterna. La incertidumbre de no llegar a fin de mes, de no saber cómo pagar las deudas, de no tener certezas de si se puede mantener el trabajo son las características de esta época incierta y para el olvido que no sabemos manejar.

Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

Incertidumbre de no saber qué nos depara la existencia, si es que depara algo y tiene algún sentido, incertidumbre de estos tiempos llamados posmodernos donde sobrevivimos más de lo que vivimos, donde habitamos en un mundo material y otro digital que nos hace olvidar que el mundo real necesita sustento y un poco más de relaciones. Incertidumbre más contemporánea de esa pandemia rara e hija de puta que nos tiene angustiados hace más de un año y que de tanta información nos deja descolocados, en la que no sabemos si vamos a tener vacunas, si se va a terminar algún día esta peste, si el Gobierno no mete otra marcha atrás y volvemos a encerrarnos como si por la calle pasara la octava plaga judeocristiana. La incertidumbre de no saber si nos mienten, de qué va a pasar, de cómo van a acomodar los bolsillos vacíos.
La incertidumbre es angustia y es esa duda que cada vez se hace más carne en los medios, en las redes sociales, es acostarse pensando si llegaremos a fin de mes, si lograremos darle de comer a la familia, si mañana no nos encontraremos sin trabajo porque la incertidumbre también es dueña de la economía. Los economistas, los famosos gurúes de las finanzas, juegan con las incertidumbres del mercado, del que se saben maestros pero solo lo son del engaño. Nadie acierta con los números, solo se miente para jugar a una falsa sabiduría y apostar a pegarla alguna vez para recorrer foros y dar charlas sobre una tormenta en la que solo somos pequeños pececitos boludos.
La incertidumbre mas dolorosa es esa de no saber que pasará cuando morimos, si iremos a algún lado, si reencarnaremos, si dejaremos simplemente de existir, algunos todavía se preocupan si no irán al infierno por algún pecadillo cometido en la adolescencia (no debí comer esa hamburguesa en viernes santo), somos una continua incertidumbre, porque nos faltan respuestas  a tantas preguntas.

Los que saben
“Existir… es como ser una hoja arrojada al viento, te dejáis llevar por las fuerzas de la naturaleza, aquellas fuerzas que no podéis controlar, no te oponéis a ella, simplemente te dejáis llevar… y entonces sucede el milagro: porque comienzas a gozar de lo cotidiano, del momento, de la existencia en sí, de lo incierto, inclusive del dolor de ser. Vivís intensamente cada instante que la vida os regala” dijo Saramago por algún lado y con poesía describió lo que somos en esta existencia, una maderita tirada en el rio que depende de los avatares del azar, de un cósmico juego de ruleta que parece no tener sentido.
Incertidumbre de cómo envejeceremos, de cómo sobrellevaremos las enfermedades, de si estaremos solos, incertidumbre de no saber si esa pareja que elegimos será la indicada, de si no nos cagará a la vuelta de la esquina y por ahí la incertidumbre de no enterarse y seguir felices (¿felicidad no era el camino?)
Todo es incierto y especialmente el bolsillo. Hoy tenemos la incertidumbre peor de todas, que es la inmediata de no tener idea de cómo vamos a vivir. Los números de la pobreza aumentaron ¿alguien lo dudaba? Culpa de este gobierno, del anterior, de los anteriores, ahora no importa, o sí a la hora de votar. Aunque en el cuarto oscuro y ante tantas boletas nos agarra la incertidumbre de saber si ese que elegimos, primero va a ganar y si segundo no será la misma cagada que todos los anteriores, y nos viene esa incertidumbre de sentir que hagamos lo que hagamos no decidimos nada.

Angustiados forever
La incertidumbre nos angustia porque creamos una falsa máscara de seguridad en quienes somos, de que significa la felicidad y de cómo se construye el éxito. Nos creamos tantas metas tan inciertas que intentarlas nos angustia y la realidad, si es que existe algún concepto que pueda identificar la realidad, es que como país somos cada día más pobres y si nuestro logro en esta vida está relacionado con lo material, a menos que hayamos nacido en cuna de oro y no la caguemos en el trayecto (¿se dan cuenta que lo de la meritocracia es una chantada no?) estamos cagados. Aunque eso también es incierto, una incertidumbre existencial.