LA CURADURÍA DESDE LOS FEMINISMOS

Un llamado al acartonamiento de los y las artistas a la burguesía disfrazada de institución y las almas sensibles todas: acá está Kekena. Que sea de provecho. 

Por Carmen Padilla

Kekena aparece y de fondo se oye un mantra ventiladorezco, que acompañará la entrevista. Hace calor y las aspas giran para ella y para mí. El mantra, su voz hipnóticamente cálida y lo que dice, es como escuchar música tratando de oír la letra. Imposible distraerse.

C: Kekena, la curaduría suele escapar al común de la gente, ¿qué es?
La curaduría es la administración de relatos (y también la creación de ellos) sobre bienes culturales. Y pone en jerarquía, en espacio y tiempo; bienes culturales. En mi caso, obras de arte.

C: ¿Por qué tus curadurías son distintas?
K: Yo empecé a trabajar centrándome en lo histórico y teórico en artistas mujeres. Pero vi que visibilizar eso no alcanzaba. Era necesario armar otros relatos desde la visibilización de las prácticas. Empiezo a hablar de medios y mediación cultural, en relación con una batalla que hay que dar desde la mediación. Tomé la curaduría como un lugar a democratizar y popularizar. Y al suceder esto, se revela que ¡hay nuevas audiencias! Hay gente que quiere ver lo que tenemos para mostrar, artistas o porque pertenece a identidades otras, relacionadas con cuerpos feminizados (LGBTQI+) que quieren ver esas otras subjetividades problematizadas. Pasamos de pensar la curaduría como feminista, a pensarla desde los feminismos. Haciendo estallar esta cuestión, que no es solo el género. La emancipación no viene de las mujeres. Lo biológico no es destino, no existe. ¡El género es cultura pura!

C: ¿Es un modo de humanizarla? ¿Curaduría “para usar”?
K: Y eso tiene que ver con un concepto que es clave. Pensar las prácticas artísticas museísticas curatoriales como ejercicio de justicia social. Es redistribución de acceso al goce, a lo sensible. Democratizar, distribuir, repartir lo sensible entre todes. ¡Para todes, tode!

C: “Para Todes, tode” ¿pensaste que iba a ser tan grande? (“Políticas del deseo: Para todes, tode” fue una muestra multitudinaria en el marco del 8M. Reunió artistas de todo el país)
K: ¡No! Yo pasé de ser la curadora del Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén, a llegar al Conti (CCMHC). Partimos de una asamblea de trabajadores/as, que empiezan a plantear qué quieren ver en su espacio. No solo la muestra fue colectiva, la curaduría fue colectiva y se iba sumando gente. En el CCK (Centro Cultural Kirchner) la única “provincia” que quedó afuera es Islas Malvinas. No lo logramos. El arte es una geopolítica, es una construcción cartográfica del deseo. Esta red iba armándose rizomáticamente. Porque yo no tengo un criterio de calidad. ¡Yo no soy policía, Carmen! Lo que regula o decide qué es lindo y qué no es la gente.

C: El montaje estuvo comandado ¡por mujeres!, ¿verdad?
K: Es que conmemorando el 8M, que en Argentina tiene el lema de la mujer trabajadora, la mejor manera de plantear que hay una política de Estado presente, y que hay un campo artístico maduro cuestionando el género, era llamar compañeras mujeres y pagarles.

C: ¡Sé quien dijo que metiste al conurbano en el CCK!
K: Esos son los logros en relación con la curaduría. El 80% de los artistas no vive en CABA. Para ser plural, la curaduría es como un ejercicio que inventa una realidad que no está. (…) El decirle al otro lo que hace no está bueno, ¡es violencia, es nazi!

C: ¿La estética vincular fue superada por la estética relacional?
K: La estética relacional es una cuestión más lúdica que tiene que ver con los grandes museos. Se vale de un receptor, que termine la obra. Para que eso pase, este tiene que estar formado, no tiene que darle vergüenza, y tiene que sentirse capaz de comprender lo que el museo le ofrece. Y eso no sucede con las clases populares. Entonces hay otro tipo de planteos, de artistas latinoamericanos especialmente. Que estamos pensando en la prácticas artísticas como una constructora de vínculos comunitarios interpersonales de alianzas. El receptor no es alguien que sabe mucho de arte y viene y juega con mi obra y completa el sentido, sino que es alguien con quien el artista tiene un vínculo y forma parte de esa comunidad. Hay continuidad y no solo es entre el artista y el espectador, es con todo el ambiente. Lo que podría ser la ecología de las prácticas, yo no me relaciono con la naturaleza, ¡yo soy la naturaleza! No es posible una enunciación de la nada. Es con otres.

C: Pandemia y arte, ¿cómo te fue con eso?
No quería perder lo ganado con el “Para Todes, Tode”. Entonces armamos las “Cuarencharlas”. Pegábamos stickers en el cajero o una pequeña perfo (performance) en el almacén, siempre con cuidados. Sostenernos también fue un accionar del “Para Todes, tode”. El conocimiento es un bien social que se construye colectivamente. Yo necesito saber de San Nicolás. Lo que pasa en San Nicolás ¡me pasa a mí! Es una cosa muy de CABA que creer que lo que pasa por fuera de la Gral. Paz no le toca. Y todo lo que consumimos acá se produce afuera. ¡Esto es mío! (ironiza)

C: ¿Sabés que?: ¡NO!
K: ¡Tal cual! ¿Sabés qué?: ¡no! (risas)

C: Hay quienes sostienen que los artistas de Capital son mejores que los del interior. ¿Qué pensás?
K: Son privilegios de clase. CABA no quiere perder los privilegios blancos que se inventó, frente a un país marrón. Bs. As. vive de espaldas al resto del país, para bancar sus privilegios. Porque acá (CABA) hay un estándar de vida de acuerdo con la norma hegemónica de cómo hay que vivir. Yo sé que la administración de relatos hegemónicos no la vamos a tirar por una curaduría, pero sí, abre las ganas.

Kekena cubre las heridas de sociedades enfermas con relatos reparadores y de repente creo que es posible. Me hace sentir que lo que dice, ¡no es cuento! Que ella lo ve y yo quiero creer. Habla de y para todes, y entiendo que es curadora en más de un sentido. Curaduría entendida en relación con la administración de relatos y bienes culturales es solo una de sus facetas. Corvalán cura y sus palabras son una cura que debería ser más difundida.