JUDY, LA PERRITA PRISIONERA DE GUERRA

Ya se ha resaltado la participación de animales en la guerra, con algunos caballos famosos, el uso de cerdos en llamas contra elefantes, la conquista de una ciudad usando gatos. El caso que vamos a ver hoy es un poco diferente, porque su protagonista no se destacó tanto por su participación en combate como por el hecho de haber pasado a la historia siendo la única perra registrada en calidad de prisionero de guerra.

La perrita Judy era una pointer pura raza de color blanco con manchas pardas nacida en febrero de 1936 en una perrera de Shanghai para animales de amos británicos, es decir, de cierta alcurnia y fue adquirida por la tripulación del HMS Gnat, un cañonero que patrullaba por el río Yangtsé. Judy sufrió su primer percance al caerse al río por la borda; este incidente no tendría mayor trascendencia –fue rescatada enseguida– de no ser por que en el cuaderno de bitácora se anotó como «hombre al agua» en vez de «perro al agua» y se consideró una especie de bautismo que convertía al can en un miembro de pleno derecho de la dotación. De hecho, a partir de ahí los hombres del HMS Gnat descubrieron que Judy no era tan inútil como creían: no cazaba pero sí detectaba a otros barcos con tiempo suficiente para cerrar las escotillas y ponerse en situación de prevención. Un buen ejemplo fue cuando desató la alarma en plena noche permitiendo que se repeliera el ataque de un barco pirata que se había abarloado silenciosamente. Es más, también era capaz de oir aviones enemigos antes de que fueran siquiera avistados, cosa que demostró cuando ladró enfurecida ante el vuelo rasante de un aparato japonés que pasó inadvertido a los radares.

Marinera
En junio de 1939, parte de los tripulantes fueron trasladados al recién llegado HMS Grasshopper y Judy fue con ellos, al cuidado del suboficial George White. En septiembre, con la declaración de guerra a Alemania, se destinó al barco a Singapur, donde la vida fue bastante tranquila hasta que en febrero de 1942 la colonia fue atacada por Japón y el HMS Grasshopper tuvo que colaborar primero en la protección antiaérea y luego en la evacuación, antes de retirarse hacia Batavia, en las Indias Orientales Holandesas.
Durante el trayecto, pasando junto al archipiélago indonesio de Lingga, Judy advirtió de la aproximación de aviones enemigos que, pese al fuego realizado para rechazarlos, consiguieron incendiar al HMS Grasshopper y hundir a su acompañante gemelo, el HMS Dragonfly. La tripulación abandonó la nave y logró llegar en bote a la costa de una de las islas y entonces fue cuando se echó en falta a la perra, a la que dieron por muerta. Como aquel pedazo de tierra carecía de recursos, White regresó en busca de víveres al barco, que había quedado embarrancado, encontrando a Judy atrapada bajo un armario en la cubierta inferior pero viva.
Los sobrevivientes alcanzaron Padang el 18 de marzo… para encontrarse la ciudad en poder de los japoneses. Fueron hechos prisioneros y trasladados al campo de concentración de Medan, en el norte de Sumatra, arreglándoselas para llevar consigo a la perra escondida entre unos sacos de arroz vacíos.
Así dio comienzo una dura etapa, como las que tuvieron que sufrir todos los cautivos británicos en Oriente: malos tratos, abusos, hambre… La ración de comida por persona y día era mísera, una taza de arroz, que el cabo de la RAF Frank Williams, compartía con Judy, aunque se puede decir que ésta era una privilegiada porque también podía comer los trozos de cuero sobrantes que un soldado guarnicionero llamado Cousens reunía de los correajes que confeccionaba para los guardias; Cousens falleció luego de malaria.
Williams, inseparable de ella, también estuvo a punto de morir cuando una vez se interpuso ante los fusiles de los guardias, que querían matar a la perra por lo agresiva que se ponía cuando golpeaban a algún británico. Sin embargo, al final se arregló la cosa porque intervino el comandante del campo, a quien el animal le resultaba simpático. Lo demostró inscribiéndolo oficialmente como prisionero de guerra con el nombre de Gloergoer Medan 81a. A cambio, se quedaría con uno de los cachorros que tuviera, si llegaba el caso. Y llegó. De la camada sobrevivieron cinco: uno se lo llevó él, como estaba previsto; a otro lo mató un guardia borracho, un tercero se envió a la sección de mujeres y el cuarto a la Cruz Roja; el quinto permaneció con su madre.

Prisionera
Ésta siguió ayudando a sus camaradas de armas, avisándoles cuando se acercaban los guardias o defendiéndoles de las abundantes serpientes y escorpiones; a veces colaboraba en facilitarles comida cazando alguna rata o pequeños animales, con lo que al final resultó que sí se podía aprovechar en ese cometido. Ésa fue la tónica hasta junio de 1944, en que la marcha de la guerra obligó a trasladar a los prisioneros a Singapur. Hicieron el viaje a bordo del SS Van Warwuck, rebautizado Harukiku Maru, y la perra de nuevo tuvo que ir oculta en un saco porque el capitán no quería animales a bordo. Las condiciones eran lamentables, hacinados en cubierta bajo el implacable sol asiático, pero ella no movió un músculo y pudo pasar desapercibida.
El barco no llegó a su destino porque el 26 de junio fue torpedeado por el submarino británico HMS Truculent. El can sobrevivió, pues, al hundimiento y de nuevo acompañó a los suyos a un campo de concentración. El destino quiso que cuando un capitán nipón se disponía a pegarle un tiro estuviera presente aquel comandante que se había quedado con su cachorro, quien intervino en su favor. Gracias a él, Judy retomó su condición de prisionera de guerra y se reencontró con Williams en un emotivo abrazo. Permanecieron juntos un mes y después los mandaron a la selva para construir una vía férrea, la conocida con el siniestro nombre de Pekanbaru Death Railway. Una vez más les tocó compartir su exigua ración de tapioca agusanada.
No necesitó estar allí más de tres días porque la proximidad de los Aliados obligó a los japoneses a retirarse rápidamente y dos paracaidistas descendieron sobre el campo anunciando a los presos que eran libres. Williams se embarcó hacia Inglaterra llevándose a Judy escondida una vez más. Desembarcaron en Liverpool pero la perra tuvo que pasar una cuarentena de seis meses en Hackbridge (Surrey) que su amigo tenía que sufragar; pudo hacerlo gracias a las donaciones recibidas tras poner un anuncio, ya que la rocambolesca historia del animal se había hecho muy popular y la prensa la apodaba Gunboat Judy (Cañonera Judy).